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Julio A. López, editor jefe. – El mar Rojo, la vía que Arabia Saudita convirtió en su salida de emergencia ante el bloqueo de Ormuz, se está encareciendo hasta casi igualar a la ruta que pretendía reemplazar. Asegurar contra el riesgo bélico un petrolero con vínculos saudíes que atraque en Yanbu ya cuesta alrededor del 3% del valor del casco, cuando a comienzos de julio no llegaba al 1%. En terminales más próximas a Yemen, como Jizan, la cotización puede escalar hasta 7%, casi lo mismo que al atravesar Ormuz, donde oscila entre 6% y 9%.
En dinero contante, un buque valorado en US$100 millones debe desembolsar unos US$3 millones en un solo período de cobertura, sin contar flete, combustible ni tripulación. Antes de la guerra, esa misma póliza rondaba los US$100.000. A ello se suman fletes que superan los medio millón de dólares diarios.
La escalada arrancó cuando el mercado asegurador de Londres declaró zona de alto riesgo ese tramo del Mar Rojo, tras que los hutíes, aliados de Irán, atacaran barcos cerca de Bab el-Mandeb. El 20 de julio, el grupo yemení proclamó un bloqueo naval contra Arabia Saudita y, días después, reivindicó ataques contra dos petroleros saudíes. La discriminación es evidente: un tanquero sin conexión con Riad paga apenas entre 0,2% y 0,3%.
El director ejecutivo de Heidmar, Pankaj Khanna, resumió la paradoja: hoy resulta más sencillo operar en Ormuz, donde Washington ofrece cierta protección, que en un mar Rojo sin escolta. Su empresa esquiva los puertos saudíes, aunque sigue activa en ambas rutas.
La presión militar no cede. Este jueves, la coalición liderada por Riad derribó seis misiles balísticos hutíes lanzados contra Taif y la zona de Yanbu, y un sistema Patriot operado por militares griegos neutralizó otro misil y un dron en esa zona. No hay confirmación de daños. El ataque llegó justo cuando el oleoducto Este-Oeste, paralizado el 11 de septiembre por drones atribuidos a milicias iraquíes, volvía a bombear crudo, aunque los embarques desde Yanbu aún no se han reanudado. El Brent reaccionó con un salto del 4,6% hasta US$107,83 y el WTI subió a US$96,42.
Ecos de la flota fantasma venezolana
Para sortear el peligro, la industria recurre a maniobras que recuerdan a las que sostuvieron las exportaciones de Venezuela bajo Nicolás Maduro, hasta su captura en enero. Analistas marítimos detectaron tanqueros que cargaron en Yanbu tras declarar como destino Egipto o el canal de Suez, apagaron su transpondedor AIS y reaparecieron ya cargados. Otros han cruzado Bab el-Mandeb sin emitir señal alguna. Además, los operadores trasladan buques a Port Said para transbordos de barco a barco, una técnica que Yanbu también incorporó como servicio.
Ese repertorio (señales apagadas o falseadas, destinos ambiguos y transferencias en alta mar) fue el sostén del chavismo. Una flota de unos 71 superpetroleros transportó cerca de 400.000 barriles diarios de crudo venezolano a China. El caso del Skipper lo ilustra: su señal lo situaba frente a Guyana, mientras que en realidad cargaba crudo sancionado en el terminal de José.
La diferencia es de fondo. Caracas ocultaba sus barcos de las sanciones de Washington; los saudíes los esconden de los misiles, y su petróleo es plenamente legal. Pero el resultado económico es el mismo: en ambos casos, la opacidad tiene un costo. Venezuela lo pagaba con descuentos profundos y buques viejos con seguros precarios; Riad lo paga con primas que devoran la ventaja de evitar Ormuz. Por eso el reino negocia con corredores londinenses un esquema de seguro de guerra respaldado por el Estado.
La conclusión para el mercado es clara: la gran alternativa saudí ya no es sinónimo de una ruta barata ni segura, y cada misil sobre Yanbu se traduce directamente en un aumento del precio del barril.
