José Gregorio Yépez.- Comienza un nuevo diálogo entre factores de oposición y el gobierno. ¿Qué se puede esperar?
Pareciera que el nuevo diálogo comenzó con una llamada telefónica, si nos atenemos a lo dicho por Dinorah Figuera el fin de semana; sin embargo, al leer el comunicado de Jorge Rodríguez del 1 de agosto, quedó taxativamente expresado que el diálogo comenzaba esta semana.
Lo cierto es que los representantes de la Asamblea Nacional 2015 llegaron este 5 de agosto por oriente y se espera que hoy 6 de agosto se reúnan para comenzar este nuevo acercamiento que tiene como director de debate y parte de los protagonistas a los Estados Unidos.
El diagnóstico general indica que los que estarán sentados allí son, pero todavía falta gente.
¿Sirve o no sirve?
Este inicio de diálogo está marcado por las dudas de algunos, el optimismo moderado de otros y el desencanto por adelantado de quienes no creen que sea viable este nuevo ensayo.
Henrique Capriles señaló en su momento que una negociación sin la presencia del sector de María Corina Machado «y lo que ella representa estará condenada a fracasar».
Para algunos sectores del chavismo de base, y también de la cúpula partidista, esta contradicción está resuelta con la presencia de los Estados Unidos.
A pesar del pesimismo de Capriles, otro de los dirigentes de su propio partido Unión y Cambio, el politólogo Ángel Medina, saluda la iniciativa y sostiene que cualquier viento que sople hacia la negociación hay que aprovecharlo.
No deja de señalar los inconvenientes que significan una agenda limitada y que no tome en cuenta los problemas fundamentales de la gente en su cotidianidad.
Acota que el foco no debe concentrarse en qué le falta al diálogo, sino en los resultados que arroje.
Por su parte, Diosdado Cabello, desde su programa Con el mazo dando, destacó que «han llegado a Venezuela algunos de los representantes de la oposición en el diálogo (…). Bienvenidos, siempre que vengan a sumar en el marco de la Constitución».
La consigna que usó fue «diálogo por la patria y por la paz», metiendo la línea discursiva de quien es percibido como uno de los hombres fuertes del oficialismo en la órbita de la negociación.
La agenda
La agenda ha sido declarada por ambas partes como un menú escueto: atención a las víctimas del doble terremoto, fortalecimiento de la democracia y termina con derechos y garantías políticas.
Frente a este escenario, además de que falta gente, faltan temas.
El momento es complicado por la situación que genera la tragedia que se generó después de los dos terremotos de San Juan, y esto es un elemento que pesa sobre el ambiente político, lo que es aprovechado con astucia por quienes detentan el poder.
A decir del dirigente de Un Nuevo Tiempo, Stalin González, el momento político trasciende a esta iniciativa promovida por los Estados Unidos. Asegura que existe «una negociación más grande que no está en esa mesa».
Al mirar el temario, señala que se queda corto porque, según su opinión, «hay que construir una agenda sólida que incluya a la gente. No nos podemos quedar solo en la política».
Por su parte, el periodista y analista político Vladimir Villegas advirtió que no se puede esperar que de este encuentro salgan decisiones que apunten hacia problemas de la cotidianidad como el salario y las prestaciones sociales.
Al final, lo que parece estar claro es que las expectativas no deben ser muy altas para evitar desengaños, sobre todo desde la parte opositora y de quienes quieren un cambio político fast track.
Las señales que se ven en el cielo de la política en este instante parecieran indicar que —el director y dueño de las reglas de juego de este diálogo— los Estados Unidos no están apurados.
Los gestos esbozados lo colocan dentro de la lógica de Jack «el Destripador»: «Vamos por partes».
El escenario comienza a servirse y no tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo andamos con pies planos pisando tierra y atentos a la realidad política, económica y social del país.
El juego sigue.
