Cine Qua Non | Spiderman en Maracay: La nostalgia que financia nuestro cine

Cultura

Óscar Reyes Matute

Hay fenómenos de la cultura popular que no piden permiso para quedarse grabados en la memoria. De chamo, uno esperaba con ansias el Carnaval no solo para jugar con agua, sino para disfrazarse del Hombre Araña. Eran los tiempos en que las comiquitas nos llegaban directo desde México gracias a la legendaria Editorial Novaro. Costaban real y medio.

Cuando uno las terminaba de leer y rejonear hasta dejarles las puntas dobladas, el ritual no moría allí: nos íbamos a las puertas de los cines en San Juan de Los Morros, donde los muchachos llegaban con pacas de suplementos sobre la cabeza gritando el pregón sagrado del trueque popular: “¡Compro, vendo, cambio!”.

Esa nostalgia, que arrancó con cuadernillos de papel periódico intercambiados en la calle, es hoy el motor de una industria planetaria. Y el ejemplo vivo lo estamos presenciando en la cartelera con el estreno global de Spider-Man: Un Nuevo Día (Brand New Day).

El fenómeno taquillero de esta entrega ha roto cualquier molde previo. La película se convirtió en la segunda más rápida de la historia del cine en alcanzar los 1.000 millones de dólares de recaudación global, lográndolo en apenas seis días (solo por detrás del hito histórico de Avengers: Endgame).

En su fin de semana de estreno global rozó los 932 millones de dólares, apoyada por una debut aplastante en Norteamérica de 360 millones. La respuesta del público y la crítica ha sido unánime: en la plataforma Rotten Tomatoes ostenta un contundente 91% de aprobación por parte de la crítica especializada y un impresionante 98% en el Verified Audience Score de los espectadores, situándola entre las entregas mejor valoradas de toda la franquicia.

Detrás de semejante monstruo comercial hay anécdotas de rodaje que revelan la escala humana del proyecto. Se comenta entre bambalinas que Tom Holland, junto a Zendaya y Jacob Batalon, plantaron firmeza creativa ante los ejecutivos del estudio tras ver un primer corte del montaje diseñado para complacer análisis de mercadeo.

El trío de actores presionó para defender una versión más visceral y enfocada en el desarrollo dramático del personaje, demostrando que hasta en el cine de superhéroes la convicción artística de los intérpretes puede salvar una superproducción.

¿Y cómo conecta este torbellino global con nosotros? En las salas de cine venezolanas la receptividad ha sido masiva, reabriendo la dinámica del cine como espacio de encuentro familiar. Y esto no es un dato menor ni puramente mercantil: cada boleto vendido para ver al arácnido en Caracas, Maracay, Valencia o Barquisimeto alimenta directamente al Fondo de Fomento Cinematográfico (FONPROCINE).

Por mandato de ley, el 5% de la taquilla neta recaudada en las salas del país se destina a esta caja de financiamiento gestionada por el CNAC para producir, desarrollar y exhibir el cine venezolano.

Que las salas estén llenas viendo a Peter Parker no es un triunfo ajeno; es la garantía presupuestaria para que nuestros realizadores, técnicos y guionistas puedan filmar las historias locales del mañana. Aquella fascinación infantil que empezó cambiando comics por real y medio en San Juan de Los Morros hoy cierra su ciclo convertida en industria, cultura y patrimonio. ¡Que no nos maten al Hombre Araña, que de su red también se sostiene nuestro cine!