Yoyiana Ahumada: Venezuela necesita una ley de mecenazgo para recuperar su cultura

Cultura

Valeria Olivares

En los debates actuales sobre las reformas económicas y las comisiones de transformación requeridas para Venezuela, el sector cultural suele quedar relegado. Esta omisión ocurre en un país donde se han perdido más de 400 instituciones teatrales —entre salas de representación y agrupaciones independientes— desde la llegada del oficialismo al poder, un declive acentuado por la crisis económica, la falta de financiación estatal y la persistente migración de talento.

Frente a este panorama, la periodista, investigadora e integrante de la Junta Directiva de la Asociación Venezolana de Crítica Teatral (Avencrit), Yoyiana Ahumada, cuestiona la escasa prioridad otorgada a las artes en la agenda nacional. Ahumada advierte que la cultura no es un aspecto secundario o prescindible, sino la representación real de las posibilidades de desarrollo de una sociedad.

Para la directiva de Avencrit, las artes escénicas desempeñan una función terapéutica y comunitaria imprescindible en contextos de emergencia o catástrofe social. «Cualquier expresión artística te devuelve la posibilidad de que ese estado de alerta, de emergencia. El teatro es esa pausa, esa posibilidad de estar frente a otro ser humano sin intermediación tecnológica que te va a referir su experiencia (…); se convierte en un acto de reparación del alma colectiva», señala.

Ahumada rescata el valor histórico de la dramaturgia en momentos de crisis social, recordando cómo otras naciones han acudido a las manifestaciones artísticas para reconstruir la confianza, el diálogo y el sentido de comunidad en períodos de severa adversidad.

El freno económico: inflación, doble equivalencia y falta de mecenazgo

Llevar adelante una puesta en escena en el país implica lidiar con presupuestos volátiles que incluyen escenografía, alquiler de salas y honorarios del elenco. La acentuada distorsión económica —donde los costos proyectados al inicio de los ensayos pierden vigencia al momento del estreno— condiciona severamente la viabilidad de los proyectos.

A la inestabilidad monetaria se añade la falta de un marco jurídico incentivador para el sector privado. «En Venezuela no hay ley de mecenazgo, que se ha procurado a lo largo de los años siempre (…) es realmente cuesta arriba», explica Ahumada.

Esta carencia frena el desarrollo de la economía naranja, un modelo que ya genera dinámicas productivas en otros países de la región.

Para la investigadora, el viraje hacia un panorama sostenible exige condiciones estructurales claras: «A mayor democracia, a mayor expresión y mayor posibilidad de la diversidad cultural, entonces para que la cultura tenga ese espacio tan importante que amerita en una sociedad moderna, pues indudablemente tiene que haber diversidad, tiene que haber libertades económicas y tiene que haber una ley de mecenazgo«.

Alianzas estratégicas y el fenómeno del teatro musical

A pesar de los obstáculos financieros y el impacto del éxodo de profesionales, la escena teatral venezolana encuentra vías de desarrollo mediante iniciativas independientes y alianzas institucionales. Ahumada destaca el resurgimiento del teatro musical —impulsado por liderazgos como el de la productora Claudia Salazar.

Para sostener esta oferta y convocar al público, la directiva plantea explorar nuevos formatos sin alterar la propuesta estética central. Entre las alternativas destacan la creación de experiencias multidisciplinarias que integren lenguajes gastronómicos o cinematográficos dentro del espacio teatral, así como la vinculación de patrocinios orgánicos con productos locales de forma coherente con la puesta en escena.

A estas estrategias se suma la urgente necesidad de fidelizar audiencias mediante el mantenimiento de producciones de alta factura que motiven la asistencia constante. «Hay que insistir, educar al público en el mejor de los sentidos, en el sentido de invitarlo a que no abandone la sala, a que siga acompañando el espectáculo», concluye Ahumada, reafirmando el papel central de la cultura en cualquier proyecto de reconstrucción nacional.

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