Diletante | El club de los inmortales y la vigencia de una distopía

Especiales Opinión

Ricardo Romero Romero

The Daily Journal – Hace casi 13 años se publicó un libro que consideré en su momento alarmante, especulativo (el mismo autor reivindica su derecho a especular argumentativamente) y un tanto rimbombante. Y como suele suceder, el tiempo transcurrido se convierte en un juez que te da la razón o te condena de manera implacable. Estoy hablando de El club de los inmortales de Daniel Estulin.

Actualmente, las noticias y artículos especializados en ciencia y tecnología en torno a la inteligencia artificial, nos asombran y escandalizan. Sobre todo porque tenemos acceso a información que no necesariamente obedece a los avances más recientes, sino a lo que las corporaciones filtran para los “mortales” que son los últimos en enterarse.

Estulin, conocido por desentrañar los secretos del poder (Club Bliderberg), nos expresa en esta obra un futuro inquietante que ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en un plano arquitectónico de nuestra posible realidad. El texto, como señala un lector, es “bastante catastrófico y no presenta soluciones”, pero su valor radica en la advertencia que encierra. La vigencia de su entramado es abrumadora, pues los tópicos que aborda hace más de una década —posthumanismo, singularidad y el control a través de la inteligencia artificial— son hoy el centro del debate tecnológico y ético global.

El poder de la tecnología como arma de control

El club de los inmortales sostiene que la tecnología no se desarrolla para el bien común, sino como una herramienta de dominación de unos pocos. Esta afirmación, que pudo sonar a teoría conspirativa, se reaviva con fuerza en estos instantes. En los inicios del libro, hay una sentencia: “La tecnología nos da fuerza, la fuerza permite la dominación, y la dominación conduce al abuso”.

Esta idea se teje a lo largo de todas las páginas donde las amenazas ya están en gestación y dice que “estas tecnologías no están desarrollándose para beneficiar a la humanidad. Están desarrollándose para beneficiar a la élite”. La inteligencia artificial, la vigilancia masiva y la biotecnología se presentan no como promesas de progreso, sino como los nuevos mecanismos de un poder global que busca, por encima de todo, el control total.

El futuro del posthumanismo y la vigilancia

Sobre el concepto de un futuro posthumano, donde la humanidad se transforma o se vuelve obsoleta, plantea una disputa por la supervivencia. Estulin describe un proyecto, el “Rusia 2045”, que busca la inmortalidad mediante la transferencia de la conciencia a avatares, una idea que hoy exploran empresas tecnológicas.

Estulin vincula esto con la eugenesia (que algunos “conspiranoicos” como el autor del libro en cuestión, sostienen que la covid-19 fue parte de un experimento para la reducción de la población)  y el control mental, afirmando que el objetivo es crear una “mente de colmena” donde la individualidad se disuelva en una inteligencia colectiva controlada.

Esta visión distópica se complementa con la denuncia de un sistema de vigilancia omnipresente, donde el escritor señala, por ejemplo, que “todos los tuits que hemos hecho se conservan para siempre en la Biblioteca del Congreso”, una realidad que hoy entendemos como la huella digital imborrable que nos acompaña y que forma parte de la Big Data.

En El club de los inmortales, Estulin no solo describe un futuro, sino que alerta sobre la dirección que ya hemos tomado. La obra, en su tono profético y oscuro, nos obliga a preguntarnos si el avance tecnológico nos lleva hacia la liberación o hacia una nueva forma de servidumbre y nos invita a leer bajo ejercicio de análisis profundo, nuestro presente, y este libro, sin duda, proporciona una lente para observar con desconfianza el “progreso” que se nos mitifica.

Promover hoy, más que nunca, el pensamiento crítico es una imperante necesidad, donde la opción no sea adaptarse o morir, sino una resiliencia de resistencia.