De la geometría variable del partido atrapalotodo, la subsunción de los ciudadanos y otras pérdidas de la soberanía westfaliana

_ Destacado Opinión

José Luis Díaz Torrealba

«Los partidos contemporáneos ya no echan raíces en la sociedad civil; prefieren flotar en el aparato estatal y en la arquitectura de los medios de comunicación. Se han convertido en corporaciones de gestión de la imagen donde la militancia es sustituida por audiencias de redes sociales, el debate interno por el marketing del líder, y la representación política por una simple escenografía de contención.»

Peter Mair, politólogo e investigador del concepto de partido cártel – (Ruling the Void: The Hollowing-Out of Western Democracy, 2013).

OBERTURA

Sube el telón al ritmo de oboes y concertinos mientras vemos las calles de La Guaira destruida.

En regímenes de capitalismo rentista en crisis terminal, las élites políticas formales; tanto las que detentan el ejercicio administrativo del Estado como las que lideran la oposición oficial, operan integradas en un sistema de gobernanza de baja intensidad o cártel de élites, donde el conflicto público es una escenografía de contención para canalizar el descontento social, mientras que los acuerdos de preservación de privilegios mutuos y el sometimiento a tutelas externas se pactan en la trastienda.

PRELUDIO

A las 3:42 de la madrugada en un apartamento de Los Palos Grandes donde el agua no sube desde el martes, el indicador de batería marca 12 %. En la pantalla fluorescente del teléfono, un tuit promete la liberación inminente de la patria con la solemnidad de un edicto virreinal; en la cocina, una vela gastada ilumina la última lata de sardinas. Es el microscopio perfecto para observar la alquimia de VENTE VENEZUELA, esa criatura política nacida en 2012 bajo el presagio de que los dogmas eran estorbos para la cosecha electoral y las estructuras de base, un gasto innecesario de papelería.

Vente Venezuela ha navegado más de una década en una nebulosa institucional donde nadie sabe a ciencia cierta si se trata de un partido político, un club privado de accionistas con derecho a pataleo, una franquicia mediática o un espejismo digital que se desvanece en cuanto se apaga la pantalla del teléfono.

INTERMEZZO

Se abre el telon de fondo.
Y ante los ojos de los espectadores cambia el escenario.

En el empeño de su lideresa por abarcarlo todo, la organización se consagró como la encarnación tropical del partido atrapalotodo (catch-all party), concepto acuñado por el politólogo Otto Kirchheimer para definir a esas maquinarias que evaporan su carga ideológica con tal de pescar en cualquier estanque.

En este artefacto de geometría variable, los principios teóricos se vuelven sospechosamente elásticos: la eficacia electoral y el culto a la personalidad desplazan al programa. Así, en la misma carpa conviven el ultraliberalismo de salón, el conservadurismo devoto y la indignación flotante del transeúnte, unidos no por una doctrina, sino por la fe ciega en una figura tutelar.

Sin embargo, la mutación no se detiene en las riberas de Kirchheimer.

Como en un relato de realismo mágico donde las criaturas terminan alimentándose del propio aire que las rodea, la estructura busca evolucionar hacia la categoría del «partido cártel» , teorizada por Peter Mair y Richard Katz.

Bajo este prisma, las organizaciones políticas abandonan paulatinamente su misión original de representar a la sociedad frente al poder, para terminar integrándose, de forma parasitaria, en las propias estructuras del Estado y sus redes auxiliares.

Cae el telon.

ACTO RECITATIVO

Redoble del gong, los mazos hacen estallar la percusión qué es liberada por un estridente y llamativo redoble de los platos.

Sube el Telón al compás de cuerdas y vientos.

En esta paradoja perfecta, el partido deja de ser la voz de la calle para convertirse en una corporación institucionalizada que vive de y para la estructura de poder, garantizando la supervivencia de su élite dirigente mediante un pacto implícito de autoperpetuación.

Para que una organización presuma de madurez democrática y representatividad real, el canon político básico exige órganos vitales y procesos transparentes:

  • Dirección y Secretariado Nacional:
    Un motor ejecutivo responsable de la organización interna, la estrategia y la formación de militantes.
  • Secretarías regionales activas:
    Estructuras operativas con pulso propio en cada estado del país.
  • Militancia verificable:
    Un padrón transparente de cuadros reales y comprometidos.
  • Democracia interna:
    Elección directa de al menos el 66 % de sus autoridades mediante convenciones de base, municipales y nacionales.
  • Consulta y formación:
    Mecanismos de toma de decisiones consultados con las bases y una academia sistemática de formación política.
  • Despliegue territorial:
    Presencia constante y sostenida en municipios, parroquias y comunidades.

Al contrastar el pergamino teórico con la vida cotidiana de Vente Venezuela, la estructura revela una fragilidad casi poética:


Hipercentrismo solar:
Todo orbita en torno al aura de María Corina Machado. La toma de decisiones no ocurre en asambleas, sino en la penumbra de un vértice donde la voz de la lideresa es principio, trámite y sentencia.

  • Liderazgos invisibles: Los dirigentes regionales parecen aquejados por la levedad del ser; figuran en el organigrama, pero se desvanecen en cuanto se apagan las luces de la capital.
  • Estructuras de vapor:
    Territorios enteros donde el Comité de Base, equivale a un grupo de WhatsApp administrado por un laboratorio de comunicación.
  • El dogma del último tuit:
    La estrategia no surge del debate interno, sino del ciclo noticioso, de la tendencia de la tarde o del último pódcast diseñado para alimentar el eco de las redes sociales.

ARIA

El momento cumbre del solista. La acción se detiene y el personaje expresa sus sentimientos profundos con gran lucimiento vocal.

Este acto monumental entre la sofisticación retórica de un partido serio y la precariedad de una estructura centrada en un solo apellido plantea una inquietud inevitable. Al momento de otorgar su respaldo, la ciudadanía debe ponderar si apuesta por una organización política sólida y sustentable o por una entidad volátil cuya única propuesta ideológica es la devoción a su propia conductora.

Esta parcialización del liderazgo mesiánico de «la lideresa» María Corina Machado, alabada incansablemente por sus laboratorios mediáticos, ha generado en la población un fenómeno de colapso y transformación profunda. Se trata de una mutación ontológica que rebasa con creces las categorías morales o políticas tradicionales como la traición, la cobardía o la entrega.

VOZ EN OFF – INTERMEZZO

En esta escenografía hostil, los actores políticos locales van disolviendo su identidad original en una nueva entidad híbrida para no extinguirse, adaptándose a ciegas a un entorno implacable.

ENSAMBLE

A la par, el PSUV, partido hegemónico en el ejercicio del poder, secuestró y vació de significado los símbolos e identidades colectivas para sostener una narrativa que hoy se cae a pedazos. Al haber destruido de forma sistemática la sociedad civil, los sindicatos y los partidos tradicionales, el tejido social quedó irremediablemente fragmentado y silenciado, rompiendo la base común sobre la cual construir cualquier voluntad política o identidad compartida.
Por tanto, el ciudadano común abandona la esfera pública para refugiarse en la supervivencia individual y en su burbuja de confort, dejando el escenario vacío.

Ante este panorama, la estructura de Vente Venezuela, regida de manera monárquica al estilo del antiguo mantuanaje venezolano —aquel mandato elitista que ejercía el poder como una prerrogativa de cuna y alcurnia—, no depende ni busca el favor del pueblo.

Su verdadero norte es obtener el reconocimiento del factor dominante del hegemónico PSUV y del ocupante exterior, Estados Unidos, desde el tutelaje para serle útil.

COROS

Desde el fondo del escenario y de los laterales del pláto, observamos intervenciones de grandes grupos que representan al pueblo, soldados, brujas y la voz de la sociedad.

Todo esto no debe confundirse con mero pragmatismo o servilismo moral; es un auténtico proceso de subsunción real o integración absoluta en la estructura de dos poderes: uno que hegemónicamente, desde una dirección totalitarista, dirige la Revolución del siglo XXI, y el otro, menos etéreo y de reciente data, el tutelaje de Estados Unidos que menoscaba nuestra soberanía.

CODA
VOZ EN OFF

El escenario de esta arquitectura de control es la soledad absoluta del individuo. Ante la constatación fáctica de que los grandes liderazgos y las estructuras partidistas han transado o capitulado frente al poder dominante y sus tutores externos, la población experimenta una profunda indefensión aprendida.

El conflicto político tradicional ha caducado.

Los actores que nominalmente se presentaron durante décadas como la alternativa frontal al sistema, incluyendo las diversas facciones del liderazgo formal, desde el extinto interinato hasta la actual estructura comandada por «La Mantuana» María Corina Machado, no operan ya desde el exterior del circuito de poder, sino que se han hibridado con sus mecanismos de supervivencia, convirtiéndose en piezas funcionales dentro del mismo teatro.

BALLET WESTFALEN

De esta manera han dado paso e incitado a la pérdida irreversible de la soberanía reconocida desde la paz westfaliana como principio fundamental del derecho internacional y de la ciencia política moderna, aquella norma universal que establece que cada Estado-nación tiene soberanía exclusiva sobre su territorio y sus asuntos domésticos, estando libre de cualquier interferencia externa por parte de otros Estados, bajo el estricto principio de igualdad jurídica entre las naciones.

En este nuevo escenario de ironía trágica, con la utopía privatizada y recluida en el ámbito personal, la soberanía se diluye entre la hegemonía interna y la tutela externa, mientras una sociedad anestesiada asiste en silencio a la clausura definitiva de la vida pública.

Desde los antecedentes previos al ascenso de Hugo Chávez hasta las distintas fases de cooptación institucional (incluyendo la Asamblea Nacional de 2015 en el exilio, las figuras de Henrique Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado y las mesas de diálogo representadas por actores como Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera), el liderazgo opositor ha evitado sistemáticamente cualquier ruptura real que desmantele los cimientos del sistema.

Al omitir la denuncia formal internacional por la pérdida de la soberanía y la ocupación territorial, validan un orden tutelado que garantiza la supervivencia jurídica y patrimonial de toda la clase política dirigente.

Todo desde la comodidad de un celular, el cual envía el tuit y el pódcast de turno a la fanaticada disociada que repite robóticamente las órdenes de la estructura mediática de Vente Venezuela, regida con el don del mantuanaje por su excelentísima majestad doña María Corina Machado.

CONCERTANTE SUBSUNCIÓN

Abre entonces nuevamente el telon, Vente Venezuela y su lideresa, cantan un aria donde evocan la demostración de la subsunción real.

No es un engaño psicológico; es una realidad material y biológica.

La actual sociedad venezolana y sus actores políticos no están confundidos; han mutado.

Han aceptado la hibridación y el entrelazamiento con el dominador porque la naturaleza de su entorno cambió tanto que la vieja identidad simplemente resultaba inviable para seguir respirando…

POSTLUDIO

Breve sección instrumental al final del acto que remata y concluye la obra de forma enérgica o solemne.

En la política del espectáculo es infinitamente más fácil fundar una franquicia divina que organizar un comité parroquial, porque para adorar a un santo basta con ponerse de rodillas, pero para construir una república no queda más remedio que levantarse a trabajar….