El hombre que Maduro llamaba “abuelo”
Julio A. López, editor jefe .- Harry Sargeant III construyó su fortuna en el negocio petrolero, primero con la empresa Ocean Bay Marketing y luego con International Oil Trading Company, mientras cultivaba una relación cercana con el Partido Republicano, siendo uno de sus donantes más constantes en Florida. Su vínculo con Venezuela no es reciente: desde la década de 1980 opera negocios de asfalto y crudo pesado en el país, y en noviembre de 2017 viajó a Caracas para negociar acuerdos petroleros, logrando una reunión inusual con el propio Nicolás Maduro.
Con los años, Sargeant se convirtió en un puente informal entre Washington y el chavismo, manteniendo contacto directo con altos funcionarios de PDVSA, con Maduro y con la actual vicepresidenta Delcy Rodríguez.
Esa red de contactos resultó decisiva en febrero de 2025, cuando Sargeant ayudó a organizar una reunión entre el enviado especial de Trump, Richard Grenell, y Maduro en el Palacio de Miraflores, en la que se discutieron la deportación de migrantes, la liberación de rehenes estadounidenses y la prórroga de la licencia de Chevron para operar en Venezuela.
Según una investigación basada en cientos de mensajes privados y registros bancarios, Sargeant lideró, además, un esfuerzo durante 2025 para imponer a Grenell por encima del secretario de Estado, Marco Rubio, con el objetivo de frenar la política de sanciones contra Caracas y normalizar las relaciones con el régimen.
El Tesoro le corta el paso
La relación entre Sargeant y la Casa Blanca no siguió una trayectoria lineal. Ya en marzo de 2025, el Departamento del Tesoro había revocado la licencia de su empresa, Global Oil Terminals, y ordenado el cese de sus operaciones en Venezuela, como parte de la campaña de “máxima presión” contra Maduro.
El golpe más reciente llegó el viernes 8 de agosto de 2026, cuando la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) congeló los activos de Bluewave, la firma offshore con sede en las Islas Vírgenes Británicas mediante la cual Sargeant participa en North American Blue Energy Partners (NABEP), considerada el segundo mayor productor privado de petróleo en Venezuela después de Chevron.
NABEP se encuentra actualmente en manos de un polémico joven empresario venezolano, quien permanece en su residencia en Londres con el pasaporte retenido por las autoridades británicas mientras enfrenta una investigación.
Según Bloomberg, la medida obedece a presuntas violaciones de una orden ejecutiva de 2018 que bloquea bienes vinculados al apoyo del gobierno venezolano, aunque Bluewave no figuraba previamente en la lista de sancionados. Junto al congelamiento, el Tesoro emitió una licencia para que Sargeant liquide ordenadamente sus intereses, en lo que fuentes describen como una presión directa para forzar su desinversión total.
El impacto es doble: golpea el flujo de caja de una de las pocas operaciones petroleras privadas activas en el país y envía la señal de que ni la cercanía personal ni el historial diplomático informal garantizan inmunidad regulatoria.
¿Capricho presidencial o ajuste de cuentas de Rubio?
Dos hipótesis compiten para explicar esta caída en desgracia. La primera apunta a un simple deterioro de la relación personal con Trump: en febrero de 2026, el propio presidente declaró públicamente que Sargeant “no tiene autoridad, de ninguna forma, para actuar en nombre de Estados Unidos”, distanciándose de él tras una investigación del Wall Street Journal sobre su influencia informal en Venezuela. Ese repudio público sugiere que Sargeant se convirtió en una fuente de incomodidad política más que en un activo.
La segunda hipótesis, más punzante, sostiene que se trata de una revancha de Marco Rubio. El propio secretario de Estado fue el objetivo directo de la maniobra que Sargeant orquestó en 2025 para imponer a Grenell en el manejo de la política venezolana y diluir la línea dura que Rubio representa frente al chavismo. Con Maduro ya bajo custodia estadounidense desde enero de 2026 y Rubio consolidado como arquitecto de la presión sobre Caracas, resulta plausible que el canciller haya usado su influencia sobre el aparato de sanciones para neutralizar a quien intentó socavarlo.
Las dos explicaciones no son mutuamente excluyentes: es posible que la pérdida de favor presidencial y el ajuste de cuentas de Rubio hayan convergido en un mismo desenlace.
