Óscar Reyes Matute
Aunque tuvimos un seminario especial sobre el sistema electoral norteamericano durante mi pasantía como Fulbright por NYU, debo confesar que no entendí un carajo.
Luego, mis alumnos en la cátedra de Filosofía Política en la Escuela de Ciencias Sociales de la UCAB me pidieron que se los explicara, e hice lo mejor que se me ocurrió. A través de la Fundación Fulbrigth, trajimos a un profesor experto en el tema.
Sasha Yánez Hoogland, una de mis alumnas más avezadas, le preguntó:
─Profe, el sistema electoral de ustedes es un caos hiperdescentralizado donde se vota absolutamente por todo, hasta por el alguacil de la esquina o el presupuesto de la biblioteca local. No podemos entenderlo.
─Nosotros tampoco, tranquila, Sasha.
─Pero y entonces: ¿por qué no lo cambian para que la gente lo pueda entender?
─Si ha funcionado 235 años con una guerra civil, dos guerras mundiales y cuatro magnicidios, ¿para qué lo vamos a cambiar?
¿Qué son las Midterms y por qué importan?
Vamos a intentar un seriado sobre el sistema electoral norteamericano para principiantes (for dummies). A ver si yo mismo termino finalmente de entender algo.
Las Elecciones del Término Medio (Midterms) que tanta alharaca están generando en el mundo, van a ocurrir el lunes 3 de noviembre, exactamente a la mitad del mandato presidencial de cuatro años.
La Presidencia de Trump no está en juego, pero se vota el 100% de la Cámara de Representantes (435 escaños) y un tercio del Senado, incluyendo algunas gobernaciones.
Por ejemplo, la curul del recientemente fallecido senador Lindsey Graham tiene que elegirse porque en EE.UU. no existe la figura del senador suplente.
¿Para qué se inventaron? Bueno, es parte del sistema llamado check and balances, para que un poder controle al otro. Estas elecciones son las mejores encuestas y la mejor evaluación sobre la gestión: determinan si el Presidente va a gobernar con un Congreso a favor o en contra durante sus últimos dos años. Digamos, para que no se vuelva loco. O si es loco, para que no acabe con el país.
Un país, 50 sistemas electorales
Una de las razones por las que es tan complicado entender el sistema electoral de EE.UU. es por la estructura federal de la nación y por la descentralización.
En EE.UU. no existe un Consejo Nacional Electoral centralizado. Cada uno de los 50 estados (e incluso cada condado) administra sus propias elecciones. Desde siempre, así se diseño la Nación.
Por esta razón, las reglas varían drásticamente según la frontera estatal: métodos de votación, plazos de recepción de votos por correo, máquinas y formatos de papeleta o baloons (boletas electorales), resultados en la votación presidencial (cuando toque), etc.
«La papeleta de un metro»: ¿Por qué votan por tanto cargo?
A diferencia del centralismo o parlamentarismo latinoamericano/europeo, el federalismo estadounidense lleva la soberanía local al extremo. La boleta electoral (el tarjetón), puede llegar a medir un metro de largo.
Un ciudadano en un solo día vota por:
Nivel Federal: Congresistas y Senadores.
Nivel Estatal: Gobernador, fiscal general, legisladores estatales.
Recuerden que cada estado tiene su propia constitución, su propio senado y su propia cámara de representantes, que serían como los Consejos Legislativos Regionales en Venezuela.
Recuerden también que en Venezuela, donde en principio copiamos (mal) el sistema federal norteamericano, terminamos teniendo constituciones estadales que no tenían ninguna función, aunque las Asambleas Legislativas Regionales eran las que sancionaban los presupuestos que presentaba y ejecutaba el gobernador(a), de manera que el mandatario regional tenía que negociar con las diversas fracciones de la Asamblea Legislativa; AD, COPEI, el MAS, la Causa R, el Partido Comunista, y ser evaluado anualmente. Y teníamos un Senado, donde los estados estaban representados paritariamente: dos senadores por estado, para lograr el equilibrio federal. Eso ya no existe, por supuesto.
Seguimos:
Nivel Local: Sheriff, jueces locales, junta escolar, tesorero del condado.
Referendos/Iniciativas: Leyes locales sobre impuestos, zonificación o normativas comunitarias.
¿Y qué efecto tiene todo esto? Que las elecciones, como método por excelencia de la toma de decisiones vinculantes, permean toda la sociedad, de arriba a abajo: digamos, aquí todo el mundo se cuenta, hasta el sheriff del pueblo. Y si lo hace mal, ¡Fuera! Interesante, ¿no?
En la próxima entrega, vamos a tratar de explicar cómo funcionan las primarias y el fenómeno del Gerrymandering (el rediseño de los mapas electorales), que tanta polémica está causando en estados como California.
Algo voy entendiendo: ¿y tú, lector?
