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«La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley…»
— Artículo 5 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
Keiber Bauza.- Abran los ojos. Lo que estamos presenciando en este preciso instante no es diplomacia energética ni reactivación económica; es el esperpento más descarado del siglo XXI: el carnaval de las licencias.
Yo, Keiber Bauza, como ciudadano venezolano, les exijo una respuesta directa y sin evasivas a los tres principales actores de esta farsa que hoy despedaza los recursos soberanos y energéticos de nuestra nación —la OFAC/Departamento de Estado, la Administración Trump y la Administración Encargada de Venezuela—. ¿Cómo es posible que un gobierno extranjero (EE. UU.) autorice a la empresa estatal de otro gobierno extranjero (una potencia nuclear como la India) a explotar los recursos soberanos de Venezuela?
El grito de guerra no pudo ser más cínico ni humillante. Anupam Agarwal, CFO de la petrolera estatal india ONGC, salió a decir sin tapujos: «Ahora tenemos total libertad para trabajar en el proyecto de Venezuela».
¿Dónde quedaron el compliance y el doble rasero de la OFAC?
Me pregunto públicamente: ¿Dónde está el compliance? ¿Dónde está el due diligence?
Mientras nuestra entidad ha estado trabajando de la mano con la OFAC durante más de cinco años bajo un estricto modelo de negocio Oil Bill & Commodities (bajo el riguroso expediente CASE ID: VENEZUELA 2026 – 1482940 – 1), cumpliendo cada métrica de blindaje normativo, nos encontramos con que a una empresa del gobierno de la India (Bharat) —que ya operaba en Venezuela bajo el marco legal venezolano, con sus debilidades y zonas grises, pero bajo la soberanía de nuestra patria— ahora viene un gobierno extranjero a decirle: «Anda, tienes mi permiso para saquear recursos en Venezuela».
Me van a perdonar los lectores y la audiencia de este espacio, pero ¿qué carajo es esto? Los piratas del Caribe tenían infinitamente más elegancia que la que vemos hoy en pleno siglo XXI.
El silencio cómplice de los gremios y la «farándula» académica
Lo más asombroso, indignante y repugnante de este tinglado es el silencio sepulcral, el mutismo absoluto de tantos gremios petroleros venezolanos. La inmensa mayoría de sus voceros llevan décadas viviendo fuera del país, pero basta con que enciendan una cámara o un micrófono para saltar como el Chapulín Colorado («¡no contaban con mi astucia!») a pontificar sobre lo que se debe hacer en materia de política petrolera.
Ni hablar de los economistas de maletín y los opinadores de oficio que ocupan espacios fijos en la radio, la prensa y la televisión, combinándolos cómodamente con cátedras en las universidades más importantes del país. Esto ya no se trata de los bemoles del tutelaje político; esto traspasa cualquier línea roja. Es una amenaza directa contra la vida, la seguridad y la estabilidad de los venezolanos. Esto abre una peligrosa Caja de Pandora en la que el fantasma del 3 de enero puede repetirse cuantas veces las potencias militares y nucleares decidan repartirse el tablero sobre nuestra tierra.
Del Cártel de los Soles al Cártel del Oil
La respuesta ante este atropello tiene que ser profundamente ética y moral: De las agencias federales. Del Gobierno Interino. De la academia. Y, sobre todo, de los venezolanos de bien. De lo contrario, habremos dejado atrás el tristemente célebre Cártel de los Soles para inaugurar formalmente, y sin caretas, el Cártel del Oil.
Desde aquí extiendo un llamado muy especial y frontal a la OFAC: no caigan en ese terreno tan lodoso. Esta jugada es una trampa mortal de la que, más temprano que tarde, se van a arrepentir por el impacto desestabilizador que provocará en los sistemas financieros globales.
Volvamos a la norma, al compliance, al due diligence, muy por encima de los mezquinos intereses político-partidistas. Cuando las instituciones del Estado pierden su esencia y se arrodillan ante la ideología, los efectos colaterales son catastróficos… y de eso, lamentablemente, los venezolanos ya tenemos un doctorado completo.
