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Julio A. López, editor jefe.- El cierre del Estrecho de Ormuz no solo disparó el precio del petróleo, sino que también dejó a las refinerías de la Costa del Golfo de Estados Unidos sin un insumo específico y difícil de sustituir. El crudo venezolano llenó ese vacío, según un análisis de la firma de datos energéticos Kpler, y todo indica que seguirá siendo estratégico incluso después de que el estrecho reabra.
Por qué el tipo de crudo importa tanto como el volumen
Las grandes refinerías del Golfo de EE. UU. están construidas alrededor de unidades especializadas llamadas «cokers», que procesan el material residual pesado que queda tras la destilación inicial del crudo y lo convierten en combustibles de mayor valor, como diésel y combustible de aviación. Para operar con eficiencia, esas unidades necesitan fueloil pesado importado o crudos que produzcan naturalmente grandes cantidades de ese residual. Antes del cierre de Ormuz, los exportadores de Oriente Medio abastecían buena parte de ese fueloil pesado; ese suministro prácticamente desapareció después de abril, según Kpler.
El crudo venezolano resuelve el problema de otra manera: grados densos y de alto contenido de azufre, como el Merey, la principal exportación petrolera del país, generan naturalmente más de ese residual pesado que los crudos más livianos, lo que reduce la dependencia del fueloil importado. Además, el Merey cotiza con un descuento de unos US$4 por barril frente a crudos canadienses comparables, mientras que ofrece rendimientos de diésel similares o superiores para las refinerías equipadas para procesarlo.
Cifras que confirman el giro
Según datos de la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA), las importaciones estadounidenses de crudo venezolano treparon a su nivel más alto desde 2017, con Venezuela superando a Arabia Saudita y México en mayo para convertirse en el segundo mayor proveedor de crudo de Estados Unidos, solo detrás de Canadá. Venezuela pasó de representar apenas 2% de las importaciones totales de crudo hace un año a 10% actualmente, mientras que el volumen canadiense creció del 59% al 65% en el mismo período.
Datos más recientes, basados en el rastreo de buques cisterna, ubican el flujo venezolano hacia EE. UU. en unos 786.000 barriles diarios en julio, el nivel más alto desde comienzos de 2019. De ese total, las operaciones conjuntas de Chevron con la estatal PDVSA aportan entre 250.000 y 280.000 barriles diarios, lo que confirma a la petrolera estadounidense como el actor central de ese flujo. Aun así, especialistas advierten que, pese a ese salto, Canadá mantiene ampliamente el primer puesto como proveedor de crudo para Estados Unidos.
Un fenómeno que no se revertirá rápido
Los expertos sostienen que la reapertura del Estrecho de Ormuz no resolverá de inmediato el panorama de abastecimiento. Los exportadores de Oriente Medio enfrentan inventarios regionales bajos, tiempos de recuperación de su capacidad de producción y una alta demanda energética doméstica durante el verano en el Golfo Pérsico, factores que limitarán sus exportaciones durante todo el tercer trimestre de 2026. Los mercados de destilados medios, como el diésel, tardarán meses en normalizarse.
Con los inventarios estadounidenses de diésel y combustible de aviación ya en niveles bajos, la demanda estacional de gasolina en aumento y las tasas de utilización de refinerías por encima del 95% desde junio —de acuerdo con datos de la EIA—, se proyecta que el crudo venezolano seguirá sosteniendo las operaciones de las refinerías de la Costa del Golfo y ayudando a estabilizar el suministro de combustibles que Estados Unidos necesita tanto para consumo interno como para exportación.
El trasfondo político-sanitario
El repunte de las exportaciones venezolanas también se explica por el reacomodo político tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, ordenada por fuerzas estadounidenses. Aunque el grueso de las sanciones sobre el sector petrolero venezolano formalmente sigue vigente, Washington ha ido otorgando licencias específicas: Chevron recibió en julio del año pasado una licencia que le permite reanudar operaciones, aunque sin realizar pagos en efectivo al gobierno venezolano, y la administración Trump ha impulsado un esquema en el que Estados Unidos comercializa el petróleo venezolano y deposita lo recaudado en cuentas bajo control estadounidense.
