Óscar Reyes Matute
El 17 de junio de 2026, en el Palacio de Versalles, junto a Emmanuel Macron y con la mediación de Pakistán, Donald Trump firmó el Memorándum de Entendimiento (MOU) con Irán para un cese al fuego y el inicio de las negociaciones de paz. Desde Teherán firmaba el presidente Masoud Pezeshkian. En la foto todos sonreían porque había triunfado la vía diplomática; menos Marco Rubio, que no se creía nada de aquello.
Benjamín Netanyahu señaló que ese acuerdo no era vinculante para Israel y que devolverían con ferocidad cualquier ataque por parte de Irán. Irán le creyó a Netanyahu: desde ese momento dejaron de lanzar cohetes contra Israel y los israelíes detuvieron sus acciones directas contra Irán. Esa es la única parte del cese al fuego que ha funcionado.
El MOU iniciaba un marco de 60 días que venció formalmente el 17 de agosto de 2026. Supuestamente establecía la apertura y libre tránsito por el estrecho de Ormuz y el inicio de negociaciones para el desarme nuclear iraní a cambio del alivio de sanciones y el descongelamiento de activos.
60 días después: ¿Quién bloquea a quién?
La tregua ha sido un fracaso. Ninguno de los acuerdos sustanciales de fondo se concretó. Persiste un doble bloqueo en el estrecho de Ormuz: el de Irán al tráfico marítimo comercial y el de EE. UU. impidiendo la salida del petróleo iraní y la entrada de cualquier producto a territorio de Irán por vía marítima. Un bloqueo petrolero, mutatis mutandis, similar al que padeció Venezuela antes de la intervención estadounidense que terminó con la extracción de Nicolás Maduro el 3 de enero.
La guerra ha bajado de intensidad y ha pasado al campo del desgaste económico. El bloqueo estadounidense genera pérdidas estimadas para Teherán de entre 150 y 500 millones de dólares diarios, acentuando una hiperinflación interna que supera el 300 %. Sin esos ingresos, Irán difícilmente va a poder reconstruir la infraestructura destruida por la guerra, pagar el sueldo de los soldados o resolver problemas cruciales como el agua, la comida y la calefacción ante el próximo invierno. Además, enfrenta el peligro de una sublevación interna que puede derribar al régimen.
¿Qué ha cambiado en Teherán?
Ha habido un cambio de régimen en Teherán. Ya no gobiernan ni el presidente ni el ayatolá. La diplomacia civil de Pezeshkian quedó desplazada. El control total del Estado iraní pasó formalmente a la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), liderada en la sombra política por figuras de la línea dura como Ahmad Vahidi.
Los reportes de Reuters y The Wall Street Journal confirman un cambio de postura estratégica de defensiva a ofensiva total, usando la tregua de 60 días para rearmar y reconstruir el arsenal de misiles y drones.
Aunque medios árabes como Al Arabiya especularon sobre una extensión automática de otros 60 días, fuentes oficiales diplomáticas e informes de Reuters precisan que Teherán dio un ultimátum de «pocas semanas» para levantar el bloqueo naviero antes de reiniciar una escalada militar masiva en el Golfo Pérsico. Teherán advirtió el paso inmediato a una «ofensiva total» con represalias militares directas contra posiciones de EE. UU. y la infraestructura crítica energética e hídrica de los países vecinos que colaboren con las fuerzas estadounidenses.
El comandante del ejército iraní, Amir Hatami, anunció recompensas de 30 000 dólares a cualquier ciudadano o militar que capture o mate a un soldado estadounidense. Parlamentarios de la línea dura como Ebrahim Azizi propusieron una recompensa de 50 millones de dólares por la cabeza de Trump. Eso ha llevado a redoblar la seguridad del presidente de EE. UU. Mientras estaba en Turquía, no fue la CIA sino el Mossad quien le advirtió que había agentes iraníes en suelo turco preparando un ataque con misiles contra el Air Force One. El resultado fue de película, como le gusta a Trump: subió al avión presidencial y, en absoluto secreto, escapó a bordo del contenedor de alimentos para viajar en otra aeronave.
El analista e historiador Ariel Kanievsky sostiene que la amenaza es real y que la recompensa ha sido ofrecida, pero no ve cómo —con la debacle económica— Irán podría pagarla.
¿Quién aguanta más?
La guerra es un asunto de recursos: sin dinero no hay cañones ni soldados. Pareciera que EE. UU. puede aguantar meses con el estrecho bloqueado. Su economía no depende de Ormuz; la de Irán, sí.
Por eso, Kanievsky señala dos posibles tableros:
1.- El régimen puede implosionar debido al colapso económico.
2.- Ante ese inminente colapso, los sectores radicales que ahora gobiernan pueden realmente iniciar ataques masivos contra sus vecinos y contra las bases de EE. UU.
¿Contra Israel? Es poco probable. Israel iría directo por la cabeza de Ahmad Vahidi y de Amir Hatami, sin ofrecer recompensa.
