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Julio A. López, editor jefe.– Todo inversionista necesita información precisa y detallada antes de comprometer sus recursos, y en una industria tan intensiva en capital como la de los hidrocarburos, disponer de datos confiables resulta aún más determinante. La enorme expectativa que han despertado en el mercado energético las 916 oportunidades de negocio anunciadas por Venezuela nos llevó a publicar, en tres entregas consecutivas a partir de este editorial, información hasta ahora confidencial, con el propósito de democratizar el acceso a datos relevantes y ofrecer a los potenciales inversionistas más elementos para evaluar estas oportunidades.

La base de reservas de crudo liviano y gas
Venezuela cuenta con una base de reservas de crudo liviano (≥27° API) que supera los 15.900 millones de barriles en categoría probada remanente, a la que se suman más de 4.100 millones de barriles probables y otros 4.000 millones posibles, distribuidos en cuatro grandes cuencas: Maracaibo-Falcón, Oriental, Barinas-Apure y Costa Afuera. La cuenca Oriental concentra la mayor proporción de estas reservas, seguida de cerca por Maracaibo-Falcón, mientras que Costa Afuera representa el frente de menor desarrollo relativo, pero de creciente interés exploratorio.
Lo que revela un potencial productivo inmediato; sin embargo, no es solo el volumen total, sino también su estado de desarrollo: de los más de 15.900 millones de barriles probados, apenas 2.700 millones están efectivamente desarrollados. El resto —más de 13.200 millones de barriles, prácticamente el 83% de las reservas probadas— permanece sin desarrollar. Se trata de un yacimiento de oportunidades ya confirmado geológicamente, que solo requiere inversión y la ejecución de planes de explotación para convertirse en producción.
Esta brecha entre reservas probadas y reservas desarrolladas se concentra en segregaciones críticas bien identificadas —como Mesa 30, Anaco Wax, Santa Bárbara, Lagocinco, Lagotreco y Guafita—, donde entre el 60% y el 93% de las reservas no desarrolladas se ubican en yacimientos de gran volumetría (superiores a 10 millones de barriles), muchos de ellos con planes de explotación integral ya definidos. Es, en otras palabras, un potencial de bajo riesgo geológico a la espera de capital.
El potencial que ya conocemos
Durante décadas, la discusión sobre el futuro petrolero de Venezuela ha girado en torno a una cifra gigantesca: sus reservas de hidrocarburos. Sin embargo, concentrarse únicamente en el tamaño de las reservas probadas puede ocultar una realidad quizá más importante para entender las posibilidades de recuperación de la industria: el país posee una enorme cantidad de petróleo y gas identificada, evaluada o prospectada que todavía no se ha convertido en producción.

El documento técnico que sirve de base para este editorial permite observar esa realidad desde una perspectiva distinta. No se concentra en los inmensos volúmenes de crudos extrapesados que han convertido a Venezuela en uno de los países con mayores reservas petroleras del planeta, sino en un recurso particularmente estratégico: los crudos de 27° API o superiores y el gas.
Allí aparece uno de los grandes desafíos —y, simultáneamente, una de las grandes oportunidades— de la industria venezolana: una proporción considerable de las reservas identificadas permanece sin desarrollar.

No estamos hablando solo de buscar nuevos yacimientos. Existe petróleo que ya forma parte de la base de reservas y cuyo desarrollo requiere inversión, perforación, infraestructura, tecnología y capacidad operativa.
Los datos revelan, además, que buena parte de esas reservas no desarrolladas se concentra en yacimientos de dimensiones lo suficientemente importantes como para justificar su evaluación económica. En algunas de las segregaciones analizadas, más del 90% de las reservas no desarrolladas se encuentra en yacimientos superiores a 10 millones de barriles.
Esto cambia sustancialmente la manera de mirar el problema petrolero venezolano. La recuperación de la producción no depende exclusivamente de descubrir petróleo nuevo. Una parte importante del desafío consiste en convertir reservas conocidas pero no desarrolladas en barriles producidos y comercializados.
Y allí comienza la verdadera discusión: cuánto capital, tecnología, infraestructura y capacidad de ejecución necesita Venezuela para convertir esa riqueza geológica en producción.

Mañana continuaremos con la segunda entrega de esta serie, en la que revelaremos nueva información confidencial de especial interés para quienes evalúan invertir o participar en la industria de hidrocarburos de Venezuela. Aún quedan datos relevantes por conocer y oportunidades por descubrir.
