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Julio A. López, editor jefe.- El nuevo jefe de seguridad de Irán, el general Mohsen Rezaei, advirtió el viernes a los países vecinos que Teherán podría atacar sus rutas de transporte de petróleo si estos participan en las nuevas medidas económicas que Washington impulsa contra el régimen iraní. La amenaza coincide con el anuncio estadounidense de un nuevo paquete de sanciones contra Irán, en una escalada que eleva aún más la tensión en torno a los corredores energéticos de Medio Oriente.
Rezaei, un general de división de la Guardia Revolucionaria y asesor cercano al líder supremo, fue designado a inicios de agosto como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, el máximo órgano de decisión en materia de política exterior y seguridad del país. Desde entonces se ha consolidado como la voz más dura del régimen frente a Estados Unidos: ya había advertido que Irán «nunca permitirá la apertura de un segundo corredor» en el estrecho de Ormuz y que, si el bloqueo continúa, «las fuerzas estadounidenses sufrirán bajas».
Según Rezaei, el control iraní sobre Ormuz cumple un doble objetivo: salvaguardar la seguridad nacional del país y preservar la estabilidad económica mundial, evitando lo que describe como un intento de Washington de dominar el principal punto de estrangulamiento energético del planeta.
Tránsito selectivo, no reapertura
En paralelo, en el propio estrecho de Ormuz surgió una señal de apertura parcial: Irán confirmó oficialmente que concedió permisos especiales a varios petroleros iraquíes para atravesar la vía, tras gestiones diplomáticas puntuales entre Bagdad y Teherán. El gesto, sin embargo, está lejos de representar una reapertura general del paso: se trata de un régimen de tránsito selectivo, autorizado caso por caso, que convive con un tráfico comercial que continúa muy deprimido.
Por Ormuz circula normalmente cerca de una quinta parte del petróleo crudo que se consume en el mundo, un volumen que se ha reducido drásticamente desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
La postura de Teherán se mantiene, además, condicionada a exigencias concretas: el presidente del Parlamento iraní ha reclamado el levantamiento de las sanciones petroleras, la liberación de los activos congelados, el fin del bloqueo de los puertos del país y el cese de las operaciones militares en la región como condiciones previas para cualquier reapertura del estrecho. Teherán sostiene, además, que aprovechó la reciente tregua con Washington para reforzar su capacidad militar.
Un mar rojo igualmente convulsionado
La amenaza de Rezaei se produce en un contexto en el que los principales corredores petroleros del mundo ya enfrentan presiones simultáneas. En el mar Rojo, Arabia Saudita ha consolidado una ruta alternativa para evitar el estrecho de Bab el-Mandeb: sus petroleros transportan crudo hacia el norte desde el terminal de Yanbu hasta Egipto, desde donde continúa por oleoducto hacia el Mediterráneo.
Esa maniobra responde directamente a los ataques y amenazas de los rebeldes hutíes de Yemen contra las exportaciones saudíes, que han obligado a varios petroleros operados por el reino a desviarse, rodeando por completo el continente africano, con el consiguiente aumento del tiempo, del combustible y de las primas de seguro.
El resultado es un escenario en el que los tres principales corredores energéticos de la región —Ormuz, Bab el-Mandeb y sus rutas alternativas— operan bajo lógicas de riesgo, permisos selectivos y desvíos forzados, en lugar de un flujo comercial normal. Mientras no se confirme si Irán ha comenzado efectivamente a ejecutar su nueva amenaza contra petroleros de terceros países, ni si los permisos concedidos a Irak anticipan una apertura más amplia del estrecho, el mercado energético global permanece expuesto a una volatilidad que ya se refleja en los precios del crudo y en el creciente costo de mover petróleo de forma segura por Medio Oriente.
