Xinhua.- América Latina y el Caribe representa el 17 por ciento de las exportaciones mundiales de alimentos, pero 32 millones de sus habitantes todavía padecen hambre, una paradoja que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), refleja no solo la insuficiencia de recursos, sino también su distribución inadecuada y fragmentada dentro de los sistemas agroalimentarios.
América Latina y el Caribe «es una paradoja: producimos y exportamos en tan grandes volúmenes alimentos importantes al mundo, pero todavía tenemos 32 millones de personas en situación de hambre», dijo a Xinhua el subdirector general y representante regional de la FAO, René Orellana Halkyer.
Orellana concedió la entrevista a esta agencia durante el encuentro «Invirtiendo en los Sistemas Agroalimentarios de América Latina y el Caribe», realizado recientemente en Santiago, la capital chilena, donde representantes de gobiernos, organismos de desarrollo, instituciones financieras y el sector privado analizaron mecanismos para ampliar y orientar mejor el financiamiento hacia el sector agroalimentario.
El funcionario señaló que el problema no radica únicamente en la falta de recursos, sino también en cómo se distribuyen los capitales disponibles. Según explicó, las instituciones financieras de la región disponen de entre 700.000 y 900.000 millones de dólares que podrían destinarse a este rubro.
«Tenemos falta de recursos, tenemos recursos mal asignados, recursos asignados no de una manera focalizada en áreas que pueden impactar no solo en desarrollar la agricultura familiar y potenciar las cadenas de valor, sino también en generar empleo», afirmó.
Orellana destacó que cerca del 23 por ciento del empleo de la región está vinculado a la producción de alimentos y sus cadenas de valor, por lo que orientar inversiones hacia este sector puede tener un impacto considerable en la reducción de la pobreza.
«La inversión focalizada en las cadenas de valor alimentarias, desde la producción en finca hasta la comercialización y el consumo, puede tener un impacto si invertimos en este sector más que invertir en otros sectores de la economía en términos de reducción de la pobreza», señaló.
A su juicio, la contradicción entre la elevada producción de alimentos y las dificultades para acceder a ellos también está relacionada con los costos acumulados a lo largo de la cadena que conecta al productor con el consumidor. Transporte, logística, comercialización, cadena de frío, transformación del producto agropecuario concentran una parte significativa del valor final.
«Ahí está casi el 75 por ciento del precio de un alimento», explicó Orellana, quien llamó a diseñar políticas que permitan reducir esos costos y hacer más eficientes las cadenas, con el doble objetivo de facilitar el acceso de los consumidores a alimentos nutritivos y mejorar los ingresos de los productores, especialmente de la agricultura familiar.
En 2025, América Latina y el Caribe registró una prevalencia de subalimentación cercana al 4,8 por ciento, equivalente a unos 32 millones de personas, mientras que el costo de una dieta alimentaria es superior al de otras regiones del mundo, con un promedio de aproximadamente 4,9 dólares por persona al día.
Ante esta situación, la FAO plantea una estrategia que abarque toda la cadena agroalimentaria y permita mejorar simultáneamente la producción, los ingresos rurales y el acceso de los consumidores a alimentos nutritivos.
«Hay que pensar en una inversión integral», afirmó Orellana, quien planteó, entre otras alternativas, la creación de «ecosistemas financieros territoriales inclusivos» capaces de conectar las necesidades de los productores con distintas fuentes de financiamiento. Uno de los principales obstáculos es el acceso al crédito de los pequeños agricultores.
Muchos productores familiares carecen de títulos de propiedad que puedan utilizar como garantía, lo que limita sus posibilidades de recurrir a la banca tradicional.
«Hay que crear mecanismos alternativos para que los pequeños productores accedan a créditos», afirmó Orellana, quien mencionó opciones como fondos de fideicomiso, sistemas financieros públicos, microfinancieras, cooperativas y mayor participación del sector privado.
El fortalecimiento de los sistemas agroalimentarios también enfrenta el desafío de la adaptación al cambio climático, especialmente en una región altamente vulnerable a fenómenos meteorológicos extremos por sus condiciones geográficas, económicas y sociales.
En este escenario, la FAO plantea priorizar inversiones en manejo de cuencas, gestión de agroecosistemas, fuentes de agua y recuperación de suelos afectados por sequías, erosión y degradación.
Otro ámbito con potencial para transformar la agricultura rural destacado por Orellana es la digitalización en el campo. Gracias a proyectos piloto de cooperación Sur-Sur entre China y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), productores de 12 países han podido acceder a sensores, drones y otras tecnologías para el manejo y monitoreo de las producciones.
Para la FAO, mejorar la seguridad alimentaria requiere finalmente intervenir en toda la cadena, acercando a productores y consumidores y reduciendo los costos de intermediación.
El objetivo es «que el productor pueda tener un mejor beneficio en la comercialización de los alimentos, así como el consumidor pueda adquirir alimentos más baratos, más nutritivos», resumió el representante regional.
