Ana María Alves
Nos encontramos en el centro de la discusión sobre la dolarización de la economía venezolana. La dolarización consiste en reemplazar la moneda local por el dólar estadounidense. Cualquier alternativa distinta no es dolarización, sino una propuesta de fijación del tipo de cambio y, por lo tanto, queda fuera del tema de discusión
La dolarización se implementa con tres acciones:
- Conversión total (currency boards): Se fija una tasa de cambio legal para canjear todos los billetes, monedas y depósitos bancarios locales a dólares en un plazo determinado.
- Retiro del circulante: Recolectar y destruir todo el papel moneda de la vieja moneda en circulación.
- Reforma institucional: Quitarle la facultad de emitir dinero al Banco Central de Venezuela (BCV).
Para dolarizar necesitamos condiciones económicas específicas, entre ellas:
- Reservas internacionales suficientes: Contar con los dólares necesarios para rescatar y reemplazar toda la base monetaria local (billetes y depósitos) en circulación.
- Fondo de emergencia: Requiere un remanente adicional para respaldar al sistema financiero local ante posibles crisis de liquidez o retiros masivos.
- Flexibilidad de precios y salarios: El Producto Interno Bruto (PIB) debe tener la capacidad de ajustarse mediante variaciones en los costos y salarios internos, ya que el país pierde la devaluación como mecanismo automático para abaratar la economía frente a crisis externas.
- PIB: La economía debe generar más que suficientes divisas a través de bienes y servicios exportables con un flujo constante y sostenible de dólares ingresando al país.
Estas son las condiciones para la dolarización, no solo en Venezuela, sino en cualquier país. No es una receta mágica que pueda ajustarse a los discursos políticos; es una medida de shock que se aplica para reducir la inflación por la vía de la política monetaria, eliminando la emisión de moneda nacional.
La dolarización busca estabilizar la economía y mejorar las expectativas racionales de los ciudadanos y los inversores. La dolarización es atractiva para la inversión extranjera, la cual no enfrentaría ninguna dificultad para repatriar a sus países de origen sus ganancias y beneficios.
Esta medida obliga a reducir el gasto público mediante una estricta disciplina fiscal. Como consecuencia, cualquier disminución de los ingresos en dólares de la economía —por ejemplo, debido a una caída de los precios internacionales de nuestros principales productos de exportación, como el petróleo, el hierro o el acero— tendría un impacto inmediato, que podría traducirse en despidos en el sector público y en una reducción del gasto en áreas sensibles como salud, educación y servicios públicos.
En Venezuela, con más de una década de altas tasas de inflación, no es de extrañar este tipo de propuestas como solución. Sin embargo, la aplicación de este tipo de medidas debe manejarse con rigor técnico y no con la emoción política.
Para adoptar la dolarización oficial, Venezuela necesita reservas internacionales líquidas suficientes para canjear la base monetaria; un PIB respaldado por disciplina fiscal y productos exportables o flujos constantes de divisas que garanticen la entrada continua de dólares para sostener la economía.
Existen experiencias como la de Argentina (1991-2001), que aplicó la convertibilidad del peso argentino a una tasa de 1 a 1 con el dólar estadounidense. Con esta medida se logró frenar la hiperinflación, pero el esquema colapsó tras una severa crisis económica y política a finales de 2001, en un contexto que incluyó el denominado «corralito financiero».
Panamá adoptó oficialmente el dólar estadounidense como moneda de curso legal en 1904, convirtiéndose en uno de los primeros países de América Latina en adoptar este sistema. Sin embargo, esta decisión implicó la pérdida de capacidad para aplicar una política monetaria y cambiaria autónoma, así como para ajustar las tasas de interés de acuerdo con las necesidades de su economía. El país depende, en buena medida, de la entrada de capitales y de la liquidez de los mercados internacionales.
La adopción del dólar en Panamá fue posible, entre otros factores, gracias a la presencia del Canal de Panamá, que históricamente garantizó un flujo constante de divisas asociado al tránsito marítimo internacional entre los océanos Pacífico y Atlántico.
El camino a la dolarización no es una solución mágica a la inflación y a la pérdida del Bolívar como reserva de valor, es una propuesta que debe ser estudiada con la rigurosidad técnica necesaria. Sin duda, no es posible aplicarla mientras no se superen los desequilibrios macroeconómicos.
