Dr. Juan Barreto, director de The Daily Journal para Venezuela y América Latina
Este fin de semana hubo en Caracas una reunión de trabajadores de todo el país, pero, curiosamente, ni influencers ni periodistas pagados por los opositores en pugna se hicieron eco. Miran para otra parte y carraspean de manera incómoda.
Asistieron representantes de las principales líneas de empresas de la economía venezolana; de las 25 áreas o sectores organizados sindicalmente, asistieron 20 grupos de federaciones, dirigentes emergentes y líderes naturales de la clase trabajadora. Más de 100 dirigentes reales que representan a miles de trabajadores se pusieron de acuerdo.
¿A qué vinieron a Caracas representantes de todo el país? ¿A qué vinieron representantes de los petroleros, de los sindicatos de Guayana, de las empresas básicas, del sector eléctrico, de la educación, de la salud, de la construcción, del transporte, del cemento? ¿Por qué decidieron encontrarse?
Resulta que los trabajadores han decidido consultar al pueblo directamente, en un gran diálogo nacional que llaman «Desde el corazón del pueblo».
¿Para qué esta consulta? Los trabajadores dicen que están cansados de esperar por respuestas de las élites políticas. Plantean que, más allá del gobierno y la oposición, hay un pueblo que sufre, que sueña, que ríe, que trabaja, que resiste. Afirman que el diálogo es con la gente y desde la gente.
No se trata, entonces, de una propuesta que vaya contra nadie, según dicen los trabajadores. No es contra el Gobierno ni contra los opositores. Si mañana, por ejemplo, Delcy Rodríguez, encargada de la Presidencia, decide activar el fondo de pensiones y reconocer la deuda social con los trabajadores, por supuesto que estarán de acuerdo. Aquí no se trata de volverse fanático de nadie, pero tampoco de servirle de trampolín a políticos de siempre y sus ambiciones.
No se trata de ir contra todo y contra todos; se trata de apoyar lo que debe ser apoyado, porque beneficia a los trabajadores y al pueblo. No van a darle un cheque en blanco a ningún líder, por carismático y autoconvencido que esté. Dicen que el liderazgo es colectivo y no de individuos o cúpulas providenciales. No se van a prestar para ser aplaudidores y personal de reparto de la película de otros. Se asumen como los protagonistas. No van a aprobar nada levantando la mano de manera eufórica ante cualquier cosa que plantee algún líder.
Se trata de visibilizar a un sector de la sociedad, por cierto, el mayoritario, el que produce las riquezas, aquel que lleva la peor parte a la hora de los sacrificios y es apartado en las negociaciones de las élites. Los trabajadores son el sujeto social invisible que no se encuentra representado en ninguna élite ni en ninguna cúpula.
Los trabajadores de Venezuela parece que se cansaron del teatro y la guachafita. Parecieran recoger aquella consigna española: «No nos representan», o aquella consigna que Chávez popularizó y Milei hizo suya: «Váyanse al carajo, burócratas; váyanse al carajo, élites; váyanse al carajo, aquellos que solo se representan a sí mismos».
En el documento que ya está circulando, los líderes obreros hablan de construir una organización política para representarse a ellos mismos. Afirman que, así como no le darán un cheque en blanco a nadie, harán asambleas en todo el país escuchando a la gente; y, si hay unas elecciones, presentarán sus fórmulas y sus candidatos, electos por asamblea, de abajo hacia arriba, para todos los cargos de elección pública.
Pareciera que una propuesta como esta pone a temblar al mundo político. Por eso es mejor ocultarla y que nadie se entere. La censura y el silencio tratan de tapar el sol con un dedo. Los trabajadores también critican a aquellos políticos de cúpula que solo aparecen en el escenario en ruedas de prensa y en entrevistas arregladas en los grandes medios, pero que, de manera secreta, se reúnen, toman decisiones, hacen acuerdos y se entienden entre ellos, sin tomar en cuenta los intereses de las grandes mayorías.
Este fenómeno no es apolítico ni antipolítico. Es otra política. Los influencers y los comunicadores al servicio de las distintas tendencias se han hecho de la vista gorda y han mirado para otro lado. Pareciera que este evento no ocurrió, porque negarlo es más conveniente para aquellos que están al servicio de liderazgos, ambiciones y aspiraciones. Pero lo que revela este encuentro es más que un síntoma: es evidencia de que las élites van por su lado y la gente se cansó, se está organizando y se puso en marcha.
