Editorial| ¿Cuándo llegará el Boom petrolero a las calles de Venezuela?

Opinión

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Julio A. López, editor jefe.— Ayer se cumplieron cinco meses desde la salida de Nicolás Maduro del poder. Muchos venezolanos pensamos que aquel día marcaría el final de nuestros problemas y el inicio inmediato de una recuperación económica sin precedentes. Después de años de crisis, era comprensible imaginar que Venezuela se levantaría de sus cenizas como el ave fénix y que la prosperidad regresaría casi automáticamente.

La realidad, sin embargo, ha sido muy distinta.

Para millones de venezolanos, la vida cotidiana sigue siendo difícil. El costo de la vida continúa aumentando, el dólar mantiene una tendencia alcista, los servicios públicos siguen mostrando enormes deficiencias y el ciudadano común todavía no percibe mejoras significativas en su calidad de vida. La paciencia comienza a agotarse y la pregunta se escucha cada vez con más frecuencia en las calles, en los comercios y en las redes sociales: ¿Dónde está el tan anunciado boom económico?

La respuesta puede resultar frustrante, pero es importante entenderla. La recuperación de un país no ocurre al mismo ritmo que la de una empresa. Mucho menos cuando se trata de una nación que sufrió más de dos décadas de destrucción institucional, pérdida de capital humano, deterioro de la infraestructura y colapso productivo.

Recordemos bien cómo funcionaban los ciclos de inversión en el pasado. Entre el momento en que una empresa aprobaba un proyecto y el momento en que el ciudadano comenzaba a sentir sus efectos podían transcurrir meses o incluso años. Primero llegaban los estudios, luego las contrataciones, después la movilización de equipos, la perforación, la construcción de infraestructura y, finalmente, la generación masiva de empleos y de actividad económica.

Hoy estamos viviendo una situación similar, pero a una escala mucho mayor.

Las señales de recuperación existen. Las exportaciones petroleras venezolanas alcanzaron 1,25 millones de barriles diarios en mayo, el nivel más alto de los últimos años. Muchas empresas anuncian inversiones en la industria petrolera venezolana.

Sin embargo, una inversión no se traduce de inmediato en prosperidad para el ciudadano común. El dinero comienza a moverse primero en los sectores técnicos, industriales, logísticos y financieros. Solo después se expande al comercio, la construcción, los servicios y, finalmente, al resto de la economía.

Además, existe otro factor que muchos pasan por alto: los inversionistas internacionales todavía observan a Venezuela con cautela. Aunque el país ha iniciado importantes reformas económicas y legales, persisten preocupaciones sobre la seguridad jurídica, la infraestructura, la estabilidad institucional y las reglas de juego a largo plazo.

Por eso, quienes esperan resultados inmediatos probablemente se sentirán decepcionados. La recuperación económica tiene sus propios tiempos. Los mercados financieros piensan en años. Las inversiones petroleras se planifican a décadas. Las familias, en cambio, necesitan soluciones hoy.

Pero una cosa no contradice a la otra.

La desesperación suele hacer que los períodos de espera parezcan eternos. Cinco meses pueden parecer una eternidad para quien busca empleo, para quien lucha por pagar sus gastos o para quien espera una mejora tangible en su calidad de vida.

La verdadera pregunta no es si las grandes petroleras llegarán a Venezuela. Ya están llegando. La verdadera pregunta es cuánto tiempo tardará esa inversión en convertirse en empleos, salarios, oportunidades y bienestar para la mayoría de los venezolanos.

Si las reformas continúan, se mantiene la apertura a la inversión privada y el país logra consolidar instituciones confiables, Venezuela podría entrar en uno de los ciclos de crecimiento económico más importantes de su historia. No ocurrirá de la noche a la mañana. Tampoco será perfecto. Pero las bases comienzan a construirse.

Mientras tanto, la paciencia seguirá siendo uno de los recursos más escasos y necesarios del país.

Porque la recuperación ya comenzó. Lo que todavía no ha llegado es el momento en que el venezolano común pueda sentirla plenamente en su bolsillo.

¿Cuándo llegará el boom a las calles? No mañana. No en un mes. Pero en un año, el desempleo será historia. No porque lo diga un optimista iluso, sino porque la producción petrolera será el gran motor de la recuperación.

Tal vez nuestro exceso de optimismo fue producto de años de espera acumulados. Pero lo que viene para Venezuela es inmenso. Y aunque ha tardado y todavía tardará más, no dudemos de que está por llegar.

Venezuela no será un ave fénix que resurja de la noche a la mañana. Será una máquina petrolera que vuelve a rugir, lenta pero inexorablemente, arrastrando consigo toda una economía.

Y nosotros, los que sobrevivimos al infierno, seremos testigos.

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