Viviendas y locales comerciales de la calle Aranda, al igual que los establecimientos públicos y privados ubicados en la avenida La Facultad, sufrieron anegaciones el 15 y el 22 de agosto. Atribuyen el colapso a la ampliación de la autopista y solicitan a las autoridades tomar medidas
Vanessa Davies
¿Fue el desbordamiento del río Valle la crónica de una muerte anunciada? Si se le hace la pregunta a Sergio Pérez, dirá que sí. Si se le deja esta interrogante a Rafael Csernath López, responderá que por supuesto. Ambos son habitantes de la calle Aranda de Los Chaguaramos, que durante dos sábados consecutivos -15 y 22 de agosto- ha sufrido anegaciones.
No es la primera vez que Pérez advierte que la zona está en riesgo. Pero, como él mismo lo cuenta, cada vez que se quejaba ante distintas instancias lo tildaban de “ladilla” y “viejito fastidioso”. Después del primer desbordamiento, el del sábado 15 de agosto, el dirigente comunitario envió cartas a los ministerios de Transporte y de Obras Públicas, y también, al Ministerio de Salud. A los primeros, a fin de plantear que las obras realizadas en el cauce del río para la ampliación de la autopista pusieron en riesgo a la comunidad. Al segundo, para exponer que las aguas servidas y la basura que arrastra el río pueden ser un problema de salud pública.
Un cauce intervenido
La remoción de basura, escombros y desechos sólidos acumulados en los pilotes dentro del río, el dragado y el mantenimiento preventivo y correctivo son las tres solicitudes que hizo Pérez, el pasado 20 de agosto, a los ministerios de Transporte y de Obras Públicas. Las aguas sucias están «generando focos de infección de alto riesgo para la salud pública», alertó al despacho de Salud.
Pocos días después, la historia se repitió, y mucho peor. Anabel Pérez perdió la comunicación con su papá, Sergio, el sábado 22 de agosto. Al llegar a su casa, se encontró con el desastre. Las paredes guardan las marcas de lo sucedido. Los muebles flotaron. Los recuerdos de la familia se marcharon con las aguas. «Lo que podía evitarse con mantenimiento, con los llamados de alarma, no se hizo; no nos hicieron caso. Somos afectados por segunda vez, y más personas».
En la avenida La Facultad el barro también tomó posesión de los establecimientos públicos y privados, e intentaron desalojarlo con palas y mangueras.
En la calle Aranda las familias van limpiando las viviendas mientras una cuadrilla de la Alcaldía de Caracas trata de retirar todo el material. «En 78 años que tenemos aquí el agua a veces se salía, pero nunca a los niveles actuales», sostiene Csernath. Le preocupa mucho que no es un río limpio: “Es cloaca” lo que se les metió por las ventanas.
Anabel Pérez y su familia se han dedicado a asear el hogar con la ayuda de amigos. Aunque no han cuantificado las pérdidas, saben que volver a empezar no será tarea sencilla. En todo caso, esperan que no haya una tercera vez.
