El diésel se dispara y amenaza con romper el récord histórico

Energía y Petróleo

Julio A. López, editor jefe.- El precio promedio del diésel en Estados Unidos alcanzó los 5,58 dólares por galón la semana pasada, situándose muy cerca de su máximo histórico, según reportó el American Petroleum Institute (API). El combustible, conocido como el “caballo de batalla” de la economía global por mover camiones, trenes, barcos, maquinaria agrícola y equipos de construcción, atraviesa una de las tensiones de suministro más severas de los últimos años, con analistas que advierten que podría superar el récord absoluto de 5,82 dólares alcanzado en 2022.

A diferencia de la gasolina, cuyo precio suele seguir de cerca al del petróleo crudo, el diésel se ha desacoplado notablemente de esa referencia en 2026: mientras el crudo acumula un alza del 48% desde enero, los futuros del diésel han escalado más del 100% en el mismo periodo, de acuerdo con datos de Bloomberg citados por la API. La razón no está en la escasez de petróleo, sino en la capacidad para transformarlo en combustible utilizable: el mundo ha perdido cerca del 10% de su capacidad de refinación, lo que equivale a unos 5 millones de barriles diarios menos que hace un año.

Tres frentes explican este colapso en la producción de derivados. En Oriente Medio, ataques con drones han dañado refinerías y el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz permanece prácticamente paralizado, con apenas un puñado de buques cruzando diariamente frente a los cerca de 100 que transitaban antes del conflicto. Firmas como S&P Global calculan que el volumen de crudo procesado en la región cayó a unos 8 millones de barriles diarios este año, 1,6 millones menos que en 2025.

En paralelo, Rusia —uno de los mayores exportadores de diésel del planeta— suspendió sus envíos tras ataques ucranianos que inutilizaron buena parte de sus plantas: Bank of America estima que sus refinerías procesan hoy apenas 3,9 millones de barriles diarios, frente a 5,3 millones un año atrás, con hasta un 40% de su capacidad afectada por los bombardeos. A esto se suma China, gran abastecedor de combustible para el resto de Asia, que restringió fuertemente sus exportaciones a comienzos de año para proteger su mercado interno y solo recientemente comenzó a flexibilizar esas barreras.

Las refinerías estadounidenses, mientras tanto, operan prácticamente al límite de su capacidad. En julio produjeron más diésel que en cualquier otro mes de julio registrado, con una tasa de utilización del 97%, según cifras de la Administración de Información Energética (EIA) recogidas por API. Ese nivel de operación, sin embargo, deja poco margen para aumentar aún más la oferta interna: no existen plantas ociosas a la espera de entrar en funcionamiento, y desde 1977 no se ha construido una nueva refinería de gran escala en el país.

El problema, además, no se autorregula fácilmente ante la demanda. A diferencia de otros productos en los que el encarecimiento reduce el consumo, el diésel mantiene una demanda prácticamente inelástica: los camiones deben seguir entregando mercancía, los agricultores necesitan cosechar y las obras de construcción no pueden detener su maquinaria, sin importar cuánto suba el precio en el surtidor. Eso significa que la presión sobre la oferta se traduce casi directamente en mayores costos para consumidores y empresas, con un efecto dominó en los precios de transporte de bienes a lo largo de toda la cadena económica, incluso para quienes nunca cargan combustible por sí mismos.

Según medios especializados como Transport Topics, el precio promedio de la gasolina también alcanzó máximos estacionales en agosto, ubicándose en torno a los 4 dólares por galón, mientras que las reservas estadounidenses cayeron a sus niveles más bajos en varios años. El panorama de fondo, coinciden los analistas, no es una crisis de producción de petróleo crudo, sino un cuello de botella estructural en la capacidad mundial para convertir ese crudo en combustibles que mueven la economía real —una limitación que, mientras persistan las disrupciones en Oriente Medio, Rusia y Asia, seguirá empujando los precios al alza pese a que la producción interna estadounidense se mantenga sólida.

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