El pacto fáustico de Gianni Infantino que hace tambalear su trono en la FIFA

Deporte Especiales Global

Luis Vilchez

La historia de Gianni Infantino parece de fábula. Hijo de inmigrantes italianos en Suiza, de orígenes humildes, llegó a ser el hombre más poderoso del fútbol. Su ascenso fue meteórico. Entre 2009 y 2016 fue secretario general de la UEFA, pero ese año, en una asamblea extraordinaria, llegó a ser presidente de la FIFA tras la salida de Joseph Blatter por el FIFA Gate.

De ser prácticamente un desconocido, pasó a moverse como pez en el agua entre el Kremlin y el Despacho Oval. Incluso fue parte del cortejo fúnebre del jeque Hamad bin Khalifa Al Thani. Tras sendos éxitos en el Mundial de Clubes y la Copa del Mundo ampliada a 48 selecciones, parecía que su reelección no estaba en duda. Todo le salía tan bien que se pudiese creer que tenía un pacto con Mefistófeles. Sin embargo, su intento de generar más ingresos mediante FIFA Forward Enterprises (FFE) fue revelado por la prensa y lo ha hecho tambalear.

Pero, ¿cuál fue el conflicto en sí? A pesar de recibir 15 000 millones de dólares en ingresos provenientes de la pasada Copa del Mundo, la ambición no tuvo freno. Su propuesta era vender un 21 % de FFE a inversores privados, con el objetivo de recaudar 4200 millones de dólares; sin embargo, la FIFA seguirá siendo el ente rector del fútbol mundial. El gran asesor de esta idea era el banco JP Morgan y la inversión sería por parte de Thrive Eternal, creada por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, quien es yerno de Donald Trump. Se suponía que estos ingresos iban a representar 20 millones de dólares para cada asociación miembro en lugar de los 8 millones actuales que la FIFA les deposita. En un organismo donde el voto de Cabo Verde vale igual que el de España, iba a dar mucho rédito político. Aparte, de las 211 naciones miembro, tres cuartas partes de ellas viven de esas subvenciones.

Sin embargo, se reveló que la intención de Infantino sería tener un cargo de comisionado en FFE, el cual asumiría luego de culminar su cuarto y último mandato en 2031, con un salario similar al del mandamás de la NFL. Esa fascinación por el deporte americano también se reflejó en su idea de una Copa del Mundo Sub-15, que desea ejecutar al mejor estilo de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas de béisbol, con las 211 naciones registradas. Aquí la conversación fue con ESPN y tuvo la intención de que se efectuara en el complejo deportivo ESPN Wide World of Sports, ubicado cerca de los parques de Disney World en Orlando, Florida. El plan es que las selecciones de Israel y Palestina levantaran el telón, tras el intento fallido de Infantino, en el pasado congreso de la FIFA en Vancouver en abril, de lograr una foto donde se dieran la mano los representantes palestinos e israelíes.

Ni la entrega de un Premio de la Paz de la FIFA a Trump, ni el caso de la roja a Folarin Balogun, ni los precios astronómicos de las entradas en el Mundial pusieron en duda su continuidad. Pero su pacto fáustico, donde el beneficio desmedido y el interés propio lo llevaron a negociar a espaldas de todos, le puede salir muy caro. La UEFA prometió un boicot si se llevaba adelante este plan. La CONCACAF y la AFC no llegaron a una medida tan extremista, pero sí mostraron su desacuerdo. Otro revés en la era de Infantino, como el que vivió en 2018 cuando quiso hacer una Liga de Naciones Global en Japón, con respaldo en SoftBank; o su apoyo solapado a la Superliga Europea que propuso Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, también con el apoyo de JP Morgan. Pero este parece tener réplicas más fuertes.

La insurrección de Europa

“Tras escuchar atentamente todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha creado divisiones de tal naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no redundan en beneficio del objetivo planteado en primer lugar. Nuestro propósito siempre ha sido —y siempre será— unirnos y mejorar. Por lo tanto, esta propuesta no seguirá adelante”, fue el comunicado con el que Infantino claudicó. En el camino dimitió Carlos Cordeiro, su asesor, al decir: «Es un mal acuerdo para las federaciones miembro de la FIFA, un mal acuerdo para el fútbol y un mal acuerdo para el futuro a largo plazo de este deporte». También el director de operaciones de la FIFA, Kevin Lamour, soltó para AP: “Este proyecto no solo no debe seguir adelante, sino que ha llegado el momento de que los líderes políticos del fútbol se hagan las preguntas correctas y tomen las decisiones adecuadas”.

Parte de la molestia era la presión por tener una decisión antes del 19 de septiembre. “La Copa del Mundo no debería estar a la venta. No es un activo de capital privado del presidente de la FIFA. Su valor se crea día tras día gracias a las ligas, los clubes, los jugadores y los aficionados, a quienes se les está dejando sin voz ni voto en este asunto”, reclamaron desde Europa. En otro de sus comunicados indicaron: “Esto traspasa una línea que las instituciones rectoras del fútbol nunca deberían cruzar (…) Hay momentos en que las instituciones no son juzgadas por lo que están dispuestas a aceptar, sino por lo que se niegan a ceder. Este es uno de esos momentos”.

En esta vorágine capitalista con la rentabilidad comercial y la necesidad de maximizar ingresos como prioridades, lo que quedaba de lado era el juego. La presión de los inversores iba a dictar la pauta sobre los calendarios y formatos de las competiciones, todo amoldado a conveniencia de los accionistas. Sin embargo, tras todo el revuelo, Infantino nunca pensó en la renuncia, por más que desde la UEFA se la exijan. Camina con más cautela, pero firme.

Las próximas elecciones de la FIFA son en marzo de 2027, pero los contrincantes de Infantino se tienen que presentar antes del 18 de noviembre. Uno de los que sonó con más fuerza es Nasser Al-Khelaifi, presidente del Paris Saint-Germain y miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA, pero pronto su portavoz declaró que no tenía interés en el cargo. Todos los cañones apuntan a nombres como Victor Montagliani, presidente de la Concacaf, y el jeque Salman bin Ebrahim Al Khalifa, presidente de la Confederación Asiática de Fútbol. No se descarta a Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol.

La avaricia rompió el saco, pero aún lo puede coser Infantino, quien ha demostrado clavar sus garras en el trono de la FIFA. La decencia indicaría que es el momento de ceder y dar un paso al costado. Sin embargo, por los antecedentes, esperará a que bajen los decibeles y luego atacará con otra propuesta inspirada en el dinero y no en el balón. ¿Mundial de 64 naciones? ¿Final en Marruecos? Solo el tiempo dirá.

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