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Julio A. López, editor jefe.– El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, dejó claro este fin de semana que la protección naval de los buques petroleros en el estrecho de Ormuz continuará mientras Teherán no modifique su postura, en el marco de un conflicto que desde febrero mantiene en vilo al principal corredor energético del planeta.
Wright sostuvo que la Marina estadounidense sigue siendo indispensable para garantizar el tránsito de petroleros por vía marítima, que antes de la guerra concentraba aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de crudo y gas. «Estamos logrando que pasen muchos buques, pero eso requiere que las fuerzas de EE.UU. lo hagan posible», afirmó en el State of the Union. Consultado sobre si esta presencia militar se convertirá en una constante en la región, el funcionario respondió sin rodeos: «Bueno, hoy lo es». Y añadió que la situación se mantendrá «hasta que Irán cambie de postura o de gobierno».
El conflicto estalló el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra territorio iraní que terminaron con la vida del líder supremo Alí Jameneí. Desde entonces, la Guardia Revolucionaria Islámica ha respondido con misiles, drones, abordajes a buques mercantes y minado de aguas en el estrecho, generando una escalada que persiste pese a treguas parciales. El sábado pasado, fuerzas estadounidenses atacaron tres petroleros iraníes luego de que la Guardia lanzara misiles balísticos contra dos buques de guerra de EE.UU., en un nuevo episodio que confirma que los enfrentamientos en la vía marítima no han cesado.
Pese a la persistencia de los choques, Wright insistió en que el saldo favorece a Washington. «Los iraníes siguen causando problemas, pero la Armada de Estados Unidos está ganando esa batalla», señaló, y agregó que las fuerzas propias «están aprendiendo y mejorando cada vez más» en su capacidad defensiva frente a los ataques, mientras erosionan la capacidad ofensiva iraní: «esto es un juego que Irán está perdiendo».
El tráfico se recupera, pero no del todo
Según el funcionario, el flujo de crudo por Ormuz promedia actualmente más de 9 millones de barriles diarios, cifra que se eleva a cerca de 17 millones si se suman los envíos desviados por oleoductos y rutas alternativas, lo que equivaldría a «dos tercios o más» de los volúmenes previos al estallido de la guerra. Antes del conflicto, la CIA y distintas agencias energéticas estimaban que por el estrecho transitaba cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado comercializados a nivel global.
La inestabilidad ha golpeado directamente el bolsillo de los estadounidenses. El precio promedio de la gasolina llegó a 4,15 dólares por galón el viernes, un récord para septiembre y muy por encima de los 3,80 dólares registrados el 4 de julio, según la AAA. El diésel, por su parte, alcanzó un máximo histórico de 5,88 dólares por galón. Wright planteó que los precios de la gasolina podrían ceder una vez que concluya la temporada alta de manejo veraniego y con ajustes en la política federal de mezcla de biocombustibles, un reclamo que las refinerías vienen haciendo al considerar que esas exigencias encarecen el combustible en el surtidor.
El encarecimiento de los precios energéticos se ha convertido en un asunto políticamente sensible para el presidente Donald Trump, que enfrenta el desgaste que la guerra ha generado en la economía global justo antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Pocos aliados se suman a la escolta naval
Mientras la mayoría de los países han evitado involucrarse militarmente en la protección del estrecho, medios surcoreanos reportaron que su gobierno evalúa una eventual participación para reforzar el flujo comercial. Reino Unido y Francia ya habían planteado una misión multinacional orientada a despejar minas y resguardar la navegación civil en la zona, aunque sin concretarse. Wright no precisó qué países podrían sumarse en el futuro y remarcó que, por ahora, la carga recae principalmente sobre la Marina estadounidense.
