Editorial | Aquiles, la tortuga y tres millones de vistas

_ Opinión Twitter

Escuche el Editorial aquí: https://clyp.it/kw1u3c3d

Julio A. López, editor jefe. – Prometimos no publicar el típico editorial para celebrar tres millones de vistas en LinkedIn, pero aquí estamos, rompiendo nuestra propia regla. La cifra resulta demasiado grande, extraña y fascinante como para ignorarla.

No concebimos a nuestros lectores como espectadores pasivos, sino como cómplices de una conversación colectiva. A los cómplices silenciosos y a los ruidosos también, gracias por participar en esta conspiración de compartir información, debatir ideas y contribuir a construir un futuro mejor. Porque el contenido de The Daily Journal ya no nos pertenece exclusivamente, pertenece a la dinámica que, entre todos, hemos creado.

Zenón de Elea planteó hace más de dos mil años la paradoja de Aquiles y la tortuga. Aquiles, el corredor más veloz, nunca logra alcanzarla porque cada vez que llega al punto donde ella estaba, la tortuga ya ha avanzado un poco más. La distancia disminuye hasta el infinito, pero la meta siempre parece alejarse.

Durante los últimos meses, nuestra tortuga particular fue de tres millones de vistas. Cada vez que nos acercábamos, la cifra volvía a avanzar. Sin embargo, a diferencia de Aquiles, nunca sentimos que participábamos en una carrera. No perseguíamos desesperadamente una meta ni competíamos con otros medios. Estábamos —y seguimos— disfrutando el recorrido.


También tratábamos de entender qué significaba realmente aquel número. Miles o millones de lectores reunidos en un mismo lugar formarían una multitud difícil de imaginar. Algunos escucharían atentamente; otros mirarían el teléfono; muchos discutirían entre sí y unos cuantos seguramente preguntarían dónde está la salida. Habría inversionistas, trabajadores petroleros, empresarios, economistas, ingenieros, curiosos, críticos y, por supuesto, algunos que solo se detuvieron para expresar su desacuerdo.

En un mundo saturado de información, lograr que alguien dedique unos segundos a leer una noticia ya es una pequeña victoria. Lograr que opine, comparta, critique o regrese al día siguiente resulta aún más extraordinario.

Detrás de esos tres millones tampoco hay una operación perfecta ni una maquinaria corporativa sofisticada. Hay jornadas largas, poco sueño, textos corregidos a última hora, llamadas, investigaciones, muchos errores y dudas, y la presión diaria de encontrar algo nuevo que decir sin repetir lo mismo. Incluso ahora enfrentamos la incómoda tarea de celebrar el logro sin parecer excesivamente solemnes ni de publicar otro discurso corporativo lleno de agradecimientos aburridos y previsibles.

Pero estas vistas no nos pertenecen exclusivamente. Son el resultado de la ya mencionada conspiración colectiva entre quienes escriben, investigan, leen, comentan, recomiendan e incluso cuestionan nuestro contenido. También participan quienes permanecen en silencio y quienes, sin saberlo, ayudan al algoritmo con una crítica feroz. Todos han contribuido a construir esta comunidad.

Lo verdaderamente importante, sin embargo, no es el número. The Daily Journal ha utilizado esta plataforma para promover la inversión en Venezuela, informar sobre la recuperación de su industria petrolera y destacar oportunidades capaces de generar empleos, mejores salarios y crecimiento económico.

No estamos corriendo contra nadie. Tampoco queremos convertir las métricas en una obsesión que nos haga olvidar el propósito. Preferimos disfrutar de cada tramo del camino y aprovechar esta capacidad de comunicación para ayudar a conectar proyectos, capital, empresas y talento venezolano.

Si nuestros artículos contribuyen a atraer una inversión, a impulsar una iniciativa empresarial o a generar, aunque sea un solo puesto de trabajo digno en Venezuela, los tres millones habrán valido la pena.

Aquiles finalmente alcanza a la tortuga porque una sucesión infinita de pequeñas distancias puede recorrerse en un tiempo determinado. Nosotros también alcanzamos nuestra cifra mediante miles de publicaciones, conversaciones e interacciones aparentemente pequeñas.

Ahora la tortuga volverá a avanzar. Nosotros seguiremos caminando, sin prisa y sin perder de vista lo esencial: el destino importa, pero también importa —y mucho— lo que construimos durante el recorrido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *