Editorial | El mundo necesita el gas de Venezuela

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Julio A. López, editor jefe.- Durante años se dijo que el gas natural comenzaría a desaparecer a medida que avanzaran las energías renovables. Ocurrió lo contrario. La demanda mundial alcanzó un nuevo máximo y la Agencia Internacional de la Energía prevé que la oferta adicional de GNL impulsará un nuevo récord. China y las economías emergentes de Asia impulsarán buena parte de ese crecimiento.

La inteligencia artificial cambió aún más la ecuación. Los centros de datos pueden construirse en uno o tres años, pero conectarlos a una red eléctrica puede requerir entre cinco y quince años. Ante esa diferencia, las grandes tecnológicas comenzaron a instalar turbinas de gas en sus complejos. La propia Agencia Internacional de Energía calcula que el gas y el carbón cubrirán, en conjunto, más del 40 % del crecimiento de la demanda eléctrica de los centros de datos hasta 2030.

A esta nueva demanda se suman las olas de calor, el uso creciente del aire acondicionado, la necesidad de respaldar la generación solar y eólica y la competencia entre Europa y Asia por cada cargamento de GNL. El mundo pasó años preguntándose si continuaría necesitando gas, pero olvidó formular la pregunta más importante: ¿habrá suficiente gas disponible y podrá entregarse oportunamente a los consumidores?

Estados Unidos sostiene hoy una parte importante del equilibrio mundial, pero también debe satisfacer el creciente consumo eléctrico y el de los centros de datos. No puede cargar indefinidamente con la seguridad energética de Europa, de Asia y de su propio mercado. El conflicto en Ormuz demostró, además, la vulnerabilidad de un sistema que depende de unos pocos productores, de terminales y de rutas marítimas.

En ese escenario aparece Venezuela.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos calcula que el país posee 195 billones de pies cúbicos de reservas probadas, equivalentes al 73 % del total suramericano. Sin embargo, también advierte que Venezuela carece de infraestructura suficiente para procesar, almacenar, transportar y distribuir ese gas. Cerca del 90 % de sus reservas están asociadas a yacimientos petroleros y una enorme cantidad se quema o se pierde porque no puede aprovecharse comercialmente.

Esa contradicción resulta inadmisible: Venezuela necesita gas para generar electricidad, abastecer hogares e industrias, producir fertilizantes y reinyectarlo en sus campos petroleros, pero desperdicia parte del recurso que podría impulsar su recuperación económica. Antes de pensar en exportar, el país debe garantizar el abastecimiento interno. No obstante, atender sus necesidades nacionales y convertirse en proveedor internacional no son objetivos incompatibles; forman parte de una misma estrategia de desarrollo.

El campo Perla demuestra que existe una base real. Descubierto por Repsol y Eni en el golfo de Venezuela, contiene aproximadamente 17 billones de pies cúbicos de gas in situ. Eni informó que su producción venezolana de 2025 provino principalmente de Perla y representó cerca del 35 % del consumo nacional de gas. Repsol y Eni también alcanzaron acuerdos para asegurar la continuidad y la expansión de las operaciones de Cardón IV.

También están Dragón y las enormes posibilidades aún pendientes en el golfo de Paria, el golfo de Venezuela y otras áreas costa afuera. Shell mantiene Dragón en su cartera de grandes proyectos de gas, concebido para alimentar el sistema energético de Trinidad y Tobago.

Pero poseer reservas no basta. El verdadero valor está en la molécula que puede producirse, procesarse y entregarse. Venezuela necesita inversiones en exploración, compresión, gasoductos, plantas de tratamiento, almacenamiento y, eventualmente, licuefacción. También requiere reglas estables, contratos financiables, seguridad jurídica y condiciones capaces de atraer capital y tecnología durante décadas.

El gas no contradice la transición energética. Constituye el puente que permite sostenerla mientras crecen las fuentes renovables y las redes adquieren capacidad para administrarlas. Ese puente será más largo y más transitado de lo que los modelos predijeron.

Venezuela debe aprovechar esta oportunidad primero para resolver sus carencias internas y luego para integrarse al mercado internacional. El mundo necesita nuevas fuentes confiables y geográficamente diversificadas. Venezuela posee el recurso, la ubicación y la escala.

Lo que todavía no tiene es tiempo para seguir desperdiciándolo.

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