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Julio A. López, editor jefe. — Casi cuatro años después de retirarse por completo del país, TotalEnergies dio un paso formal para regresar a Venezuela. Este sábado, Petróleos de Venezuela y TotalEnergies E&P New Ventures —filial de la petrolera francesa— firmaron en Caracas un memorando de entendimiento para una «cooperación estratégica en materia de hidrocarburos», según difundió el canal estatal Venezolana de Televisión.
El acto tuvo lugar en el Palacio de Miraflores, presidido por la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, y contó con la firma del presidente de la empresa estatal petrolera, Héctor Obregón, y del vicepresidente senior para las Américas de TotalEnergies, Javier Rielo.
El documento no incluyó detalles públicos sobre campos específicos, montos de inversión, participación económica ni cronograma. Es, en los hechos, una declaración de intenciones más que un contrato operativo.
TotalEnergies es una de las mayores compañías energéticas integradas del mundo, con operaciones en petróleo, gas natural, GNL, electricidad y energías renovables en numerosos países. Su capacidad financiera, tecnológica y operativa le permite desarrollar proyectos de gran escala y alta complejidad, lo que la convierte en un actor de primer orden en el mercado energético global.
De la salida total al posible regreso
El gesto tiene peso simbólico porque TotalEnergies había cortado por completo sus vínculos con Venezuela años atrás cuando transfirió su participación en el proyecto Petrocedeño, vendió después su participación en Yucal Placer y en 2022 abandonó la plataforma Deltana 4, quedando sin ningún activo en el país. Sin embargo, en abril de 2026, su director financiero, Jean-Pierre Sbraire, adelantó que Total trabajaba en un esquema para traer parte del crudo pesado adquirido a PDVSA a su refinería de Port Arthur, con capacidad para procesar 238.000 barriles diarios.
El terreno cambió radicalmente
El acercamiento se produce en un escenario político totalmente distinto al que forzó la salida de las petroleras occidentales durante los años de Nicolás Maduro. Desde que Estados Unidos depuso y capturó a Maduro en Caracas en enero pasado, Venezuela ha abierto de forma activa sectores estratégicos —petróleo, minería y electricidad— a la inversión extranjera, en estrecha coordinación con Washington. Ese giro ya trajo consigo la ampliación de Chevron en el proyecto Petroindependencia, un acuerdo entre PDVSA y Continental Resources para desarrollar el bloque Ayacucho 2 en la Faja del Orinoco, y las negociaciones avanzadas que ExxonMobil mantiene actualmente para volver a operar en el país tras casi dos décadas afuera.
El contraste con la era de las sanciones
La diferencia con el pasado reciente es notable. Bajo el gobierno de Maduro, las sanciones estadounidenses obligaron a Venezuela a sostener su industria petrolera mediante mecanismos de elusión: pagos anticipados en criptomonedas como el USDT para esquivar el sistema bancario internacional, intermediarios opacos registrados en Dubái o Hong Kong, y comercializadoras dispuestas a asumir el riesgo legal de tocar crudo venezolano a cambio de descuentos agresivos. Ese fue, por ejemplo, el terreno en el que se movió la petrolera polaca Orlen cuando intentó comprar crudo a Venezuela a través de una cadena de intermediarios en los Emiratos Árabes Unidos, lo que terminó por costarle cientos de millones de dólares sin recibir el petróleo pactado.
Hoy, en cambio, TotalEnergies no necesita subterfugios: negocia a la luz pública, con el respaldo implícito de Washington y en el marco de la nueva ley venezolana de hidrocarburos. El propio hecho de que el acuerdo se firmara en una ceremonia oficial, transmitida por televisión estatal y con la presencia de la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, ilustra el contraste: lo que antes exigía discreción y triangulación financiera para sortear sanciones, ahora se celebra como un hito de política exterior.
Con todo, los detalles sustantivos siguen pendientes. No se conocen los campos que operaría TotalEnergies, el capital comprometido ni los plazos de arranque, así que el memorando debe leerse, por ahora, como la reapertura formal de la mesa de negociación entre Caracas y una de las grandes petroleras europeas, no como el regreso operativo de la compañía al territorio venezolano.
