Julio A. López, editor jefe.— Alejandro Sucre plantea que el principal obstáculo para desarrollar el enorme potencial de los recursos de Venezuela no radica en la geología, sino en el acceso al financiamiento. Su propuesta consiste en conectar los activos venezolanos con los mercados de capital de Estados Unidos mediante el denominado Plan de Prosperidad Estados Unidos-Venezuela.
Julio López: Usted habla de una oportunidad de US$20 billones en Venezuela. ¿De dónde sale esa cifra?
Alejandro Sucre: El valor total de los recursos naturales de Venezuela asciende a US$18 billones. En 2026 —un año histórico— se destrabó apenas una sexta parte de ese potencial: compromisos por más de US$100.000 millones con un solo operador, la expansión de una de las mayores petroleras del mundo y más de una docena de acuerdos adicionales en petróleo, gas, energía y servicios. Pero cinco sextas partes siguen bajo tierra o atrapadas en balances sin acceso a capital. Ahí quedan otros US$15 billones por movilizar.
Julio López: Usted plantea que Estados Unidos y Venezuela se complementan casi a la perfección. ¿Cómo es eso?
Alejandro Sucre: Combinadas, las dos economías representan un bloque de recursos de unos US$59 billones, el segundo del mundo después de Rusia. Y no es solo el tamaño: es la complementariedad. Venezuela lidera en reservas probadas de petróleo; Estados Unidos lidera en tecnología de extracción y refinación, en capacidad de GNL y, sobre todo, en la profundidad de los mercados de capitales.
Venezuela tiene lo que a Estados Unidos le falta; Estados Unidos tiene lo que a Venezuela le falta. Esa es la base económica para integrar los mercados de capitales de ambos países.
Julio López: Entonces, ¿cuál es hoy la verdadera restricción? ¿Geología, política?
Alejandro Sucre: Ninguna de las dos. Es plomería financiera. Todo el sistema bancario venezolano, incluyendo la banca pública y privada, tiene una cartera de crédito de apenas US$3.800 millones. Eso es menos que el financiamiento de un solo proyecto offshore en cualquier otro lugar del mundo.
Solo para sostener el ritmo de crecimiento petrolero de este año se necesitan, de forma conservadora, entre US$5.000 millones y US$8.000 millones al año durante los próximos cuatro años, y hasta US$42.000 millones en un escenario más intensivo en capital. Ningún sistema bancario doméstico de ese tamaño puede financiarlo. La solución está en conectar los activos venezolanos con los mercados de capital más profundos del mundo: los de Estados Unidos.
Julio López: ¿Cuál es su propuesta concreta para acelerar el crecimiento de ambas economías y ayudar a bajar la inflación en Estados Unidos?
Alejandro Sucre: Son dos. La primera es acelerar la integración de los mercados de capitales entre ambos países: abrir vías estructuradas de crédito privado, de coinversión y, con el tiempo, de acceso a mercados públicos. Así podrían financiarse no solo los grandes operadores que cerraron acuerdos en 2026, sino también cientos de operadores medianos, contratistas y activos estatales subutilizados que hoy no tienen acceso a capital estadounidense.
La segunda es crear una oficina de seguimiento radicada en Venezuela, dedicada exclusivamente a superar los cuellos de botella regulatorios, fiscales, laborales y logísticos, y a identificar sobre el terreno las oportunidades reales antes de que se enfríen.
Si se levantan las restricciones de financiamiento, la producción venezolana podría crecer entre 1,4 y 1,8 millones de barriles diarios adicionales en un plazo de dos años. Eso se traduciría en un alivio moderado de la inflación, decenas de miles de millones de dólares adicionales de PIB cada año y un beneficio fiscal federal acumulado estimado entre US$40.000 millones y US$120.000 millones, sin que el gobierno federal ponga un solo dólar: es capital privado moviéndose una vez que existen las vías para hacerlo.
La inversión requerida estaría entre US$17.000 millones y US$42.000 millones en cuatro años, solo en petróleo y gas, más lo necesario en minerales críticos como oro, bauxita y coltán, cada vez más ligados a las cadenas de suministro de inteligencia artificial y de energía limpia.
Julio López: ¿Qué le pide a esta audiencia y a la administración?
Alejandro Sucre: Que dejemos de pensar en la próxima transacción individual y pensemos en la infraestructura que permite que ocurran cientos de ellas. Le pido a la administración Trump que impulse el Plan de Prosperidad Estados Unidos-Venezuela, no como ayuda externa ni como rescate, sino como capital privado a precio de mercado, estructurado para que el beneficio llegue también a la gente común en ambos países, no solo a las instituciones.
Integramos los mercados de capital, y las otras cinco sextas partes de esta oportunidad dejarán de ser potenciales: se convertirán en producción, empleo y retorno a ambos lados de esta relación.
