El Consenso de Londres y Venezuela: claves para un nuevo modelo económico

_ Actualidad Especiales Twitter
El Consenso de Londres propone un Estado fuerte, sindicatos con peso y bienestar como eje. Venezuela, en plena transición, encuentra en este marco una hoja de ruta para superar el colapso heredado y evitar repetir los errores del pasado.

The Daily Journal.- Luego de lo acontecido el 03 de enero de 2026, tras la extracción del presidente Nicolás Maduro y el reciente acuerdo petrolero firmado entre Washington y Caracas, se abre una nueva era de relaciones entre Venezuela y EE. UU. Aunque el trato de la Casa Blanca hacia Miraflores se enmarca en una situación de protectorado o tutelaje, Venezuela debe avanzar hacia su autodeterminación.

A este respecto, el Consenso de Londres emerge como una alternativa que rompe con la ortodoxia del Consenso de Washington, formulado en 1989. En un contexto, donde el mundo asiste al agotamiento del ideario neoliberal que dominó las últimas cuatro décadas, este nuevo marco del pensamiento propone al sector público, los sindicatos y el bienestar como ejes cruciales para el desarrollo de la política económica.

La propuesta fue coordinada por especialistas vinculados a la London School of Economics: los economistas Andrés Velasco y Tim Besley. A sus ideas se unieron aportes de premios Nobel como Philippe Aghion y Christopher Pissarides. Su origen viene a contrarrestar al antiguo Consenso de Washington que prescribió privatizaciones, liberalización y reducción del Estado a mínima expresión.

Principios para una verdadera soberanía

Velasco lo resumió de esta manera: “Crecer exige mucho más que sacar al Gobierno de la cancha”. Se puede resumir el Consenso de Londres en cinco principios: el bienestar importa tanto como el crecimiento; el territorio donde ocurre el desarrollo es clave; el Estado actúa como asegurador frente a las crisis; la política es habilitadora de la economía; y un Estado capaz es el complemento esencial de todo lo demás.

Igualmente, pensadores estiman que estos principios están inexorablemente vinculados a la soberanía de una sociedad que busca encausar su desarrollo y alcanzar sus máximos potenciales. Si no hay bienestar y posibilidades de progreso, es insostenible una visión de independencia, sobre todo cuando existen repartos geopolíticos por parte de las grandes potencias.

El Consenso de Londres y su aplicación al contexto venezolano

Venezuela enfrenta una coyuntura y a la vez se vislumbra un gran potencial económico de cara al futuro. Además, el acuerdo petrolero firmado con Estados Unidos que consiste en un contrato de producción por 25 años, en 17 campos petrolíferos en los que reposan 65.000 millones de barriles de crudo, promete ingresos por 209.335 millones de dólares.

Sin embargo, la pobreza afecta al 68,5% de los hogares y la pobreza extrema alcanza el 31,7%, según la última encuesta de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), publicada en mayo de 2026.

El primer principio del Consenso de Londres resume que “no se trata solo de dinero, el bienestar es clave”. Esto choca con una realidad donde el salario mínimo está congelado en 130 bolívares desde 2022, equivalentes a menos de 30 centavos de dólar y los bonos no inciden en prestaciones sociales. El marco londinense defiende la corrección de algunos males económicos o constitucionales en la fase de redistribución posterior a la producción.

El segundo principio relacionado con el crecimiento territorial, interpela directamente a Venezuela, donde más de 900 empresas estatales operan con pérdidas recurrentes y gestión ineficiente, según un informe presentado por la ONG Transparencia Venezuela. La descentralización productiva y el encadenamiento industrial que promete el gobierno encajan con la apuesta del Consenso de Londres por un desarrollo inclusivo y territorial.

El tercer principio que planeta al Estado como asegurador, resulta esencial en un país donde solo el 10% de los hogares reporta que nunca se va la electricidad y apenas el 19% dispone de agua potable diaria. La reconstrucción institucional, con un nuevo CNE y TSJ previstos para finales de 2026, es una condición indispensable para que cualquier modelo funcione.

No repetir los errores del pasado

El Consenso de Londres no desmantela todo lo establecido en 1989: mantiene la prudencia fiscal y el control de la inflación. Pero su apuesta por el Estado fuerte, la cohesión social y los sindicatos con protagonismo de la masa trabajadora, ofrece a Venezuela una vía para evitar tanto el estatismo colapsado que heredó como la tentación de un neoliberalismo que ya mostró sus límites. El cuarto y quinto principio —política habilitadora y capacidad estatal— son recordatorios de que sin instituciones creíbles, ningún acuerdo petrolero, por millonario que sea, garantizará bienestar sostenible.

Se abre así, un gran debate donde todos los sectores están llamados a participar. Obreros, educadores, empresarios, académicos, universidades, intelectuales, interesados en edificar una sociedad armónica, donde las oportunidades y la construcción de una nación robusta, conduzca a una verdadera emancipación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *