El Proyecto Ateles y su cruzada por salvar al primate más amenazado de Venezuela

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The Daily Journal.- En los últimos remanentes de selva estacional que aún resisten en los llanos occidentales de Venezuela, una especie única libra una carrera contra el tiempo y la extinción. Se trata del mono araña marrón, conocido científicamente como Ateles hybridus, un primate neotropical de largas extremidades y cola prensil que figura de forma alarmante en la lista de los 25 primates más amenazados del planeta. Ante la vertiginosa pérdida de su hábitat debido a la deforestación y la expansión agropecuaria irresponsable, una iniciativa científica y comunitaria se ha convertido en su último escudo: el Proyecto Mono Araña (Proyecto Ateles).

El último refugio en el corazón de Barinas

El epicentro de esta cruzada ambiental se localiza en la Reserva Forestal de Caparo, en el estado Barinas. Específicamente, los esfuerzos se concentran en las aproximadamente 7.000 hectáreas de bosque continuo y fragmentos aislados protegidos por la Estación Experimental de la Universidad de Los Andes (ULA). Este lugar representa el último bloque funcional de los antiguos Bosques Alisios Colombiano-Venezolanos de la región.

A pesar de su estatus de protección, la zona enfrenta una presión humana incesante debido a incendios forestales y ocupaciones ilegales para cultivos. Fue precisamente este escenario crítico lo que motivó a la bióloga y primatóloga venezolana Diana Liz Duque Sandoval a fundar y dirigir de manera independiente este proyecto. Ante la ausencia histórica de apoyo institucional y de investigaciones previas sobre la especie en el país, Duque asumió el liderazgo de gestionar fondos internacionales y articular redes de conservación global para que el Ateles hybridus no desapareciera en el anonimato.

Una «especie paraguas» vital para el ecosistema

Más allá de su innegable valor carismático, el Ateles hybridus cumple un rol ecológico fundamental como «especie paraguas» o sombrilla. Al ser un animal de gran tamaño que requiere extensos territorios de bosque continuo y saludable para sobrevivir, las medidas diseñadas para proteger su hábitat terminan extendiéndose automáticamente a cientos de otras especies de fauna y flora que comparten su entorno.

Su papel como jardinero del bosque es irremplazable: debido a su dieta mayoritariamente frugívora, consume una inmensa variedad de frutos silvestres y dispersa las semillas a lo largo de grandes distancias a través de sus heces. Este proceso garantiza la regeneración natural y la diversidad genética de los árboles de la reserva. De este modo, al mantener a salvo el dosel donde vive el mono araña, el Proyecto Ateles asegura de forma indirecta la supervivencia de la biodiversidad terrestre de la zona, protegiendo bajo el mismo «paraguas» a grandes depredadores como los jaguares, herbívoros como venados y dantas, e innumerables especies de aves e insectos.

Objetivos: Ciencia, educación y conectividad

La hoja de ruta del Proyecto Ateles aborda la conservación desde una perspectiva integral a través de sus objetivos fundamentales:

  1. Monitoreo y estudio científico: Generar datos ecológicos precisos sobre la densidad poblacional, los hábitos alimenticios y la estructura social de las tropas que sobreviven en paisajes severamente fragmentados.
  2. Mitigación de la pérdida de hábitat: Trabajar junto a las autoridades y productores locales para frenar las invasiones, combatir incendios y proyectar la restauración de corredores biológicos que reconecten los parches de bosque aislados.
  3. Educación y sensibilización ambiental: Transformar la percepción de las comunidades rurales aledañas mediante talleres, eventos culturales y educación basada en el arte, erradicando prácticas destructivas como la caza furtiva y el tráfico ilegal de crías para mascotas.

Los guardabosques de Caparo: Un logro de identidad comunitaria

Uno de los hitos más significativos del proyecto se consolidó con el nacimiento de la red de guardabosques de Caparo. Gracias al respaldo financiero directo de organizaciones zoológicas internacionales europeas (como el Bioparc Conservation de Francia y zoológicos aliados en Alemania y Nueva Zelanda), el proyecto ha logrado contratar y capacitar de forma continua a habitantes de las propias comunidades rurales.

Estos guardabosques locales no solo realizan patrullajes de vigilancia para reducir la presión del avance agrícola, sino que también se encargan del control preventivo de incendios, el mantenimiento de senderos de investigación y fungen como asistentes de campo en la recolección de datos científicos. Este enfoque transforma por completo la dinámica social de la reserva: el habitante rural pasa de ver el bosque como un terreno «sin valor» a percibirlo como un patrimonio vivo que genera empleo, orgullo e identidad regional.

A través de más de una década de registros continuos, el Proyecto Ateles ha demostrado que la ciencia de campo, combinada con el empoderamiento comunitario local, es la única fórmula capaz de mantener a flote la biodiversidad en territorios vulnerables. Mientras el silbido característico del mono araña siga resonando en lo alto de los árboles de Caparo, habrá esperanza para los bosques de Venezuela.

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