Venezuela alcanzará 2,58 millones barriles de crudo diarios en 2035, según Rystad

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Julio A. López.— Venezuela podría elevar su producción de petróleo hasta aproximadamente 2,58 millones de barriles diarios (b/d) en 2035, bajo un escenario de crecimiento que combina la recuperación de campos existentes con el desarrollo de nuevos proyectos en la Faja del Orinoco, según una nueva proyección de Rystad Energy.

La firma de inteligencia energética estima una trayectoria que llevaría la producción venezolana hasta alrededor de 1,6 millones b/d en 2028 y 1,8 millones b/d en 2030, antes de acelerar en la primera mitad de la próxima década. El escenario, sin embargo, está condicionado por la movilización efectiva de capital, la incorporación de taladros, la recuperación de los servicios petroleros y la ampliación de la infraestructura.

El pronóstico de 2,58 millones b/d representa un cambio importante respecto a evaluaciones anteriores. A comienzos de 2026, Rystad calculaba que Venezuela necesitaría aproximadamente US$183.000 millones de Capex entre 2026 y 2040 para alcanzar 3 millones b/d hacia 2040. La nueva evaluación incorpora una participación mucho más amplia de compañías internacionales y nuevos contratos.

¿Quién es Rystad Energy y por qué su palabra pesa en la industria?

Se trata de una consultora noruega de investigación energética, fundada en 2004 por Jarand Rystad y con sede en Oslo, que hoy es la mayor firma independiente de análisis energético de Noruega y una de las voces más citadas a nivel global en materia de petróleo, gas y transición energética. Con cerca de 900 empleados repartidos en 31 oficinas alrededor del mundo, Rystad trabaja con un enfoque «bottom-up»: construye sus estimaciones activo por activo, campo por campo, en lugar de partir de proyecciones macroeconómicas, lo que le ha valido reconocimiento entre gobiernos, bancos, operadoras petroleras y organismos multilaterales como una fuente de datos verificados y una metodología transparente.

La firma se atribuye aciertos históricos relevantes, como haber anticipado ya en 2014 —con cinco años de antelación— la trayectoria de crecimiento del shale estadounidense, y haber servido de referencia durante episodios de alta volatilidad como la pandemia, la guerra de Rusia contra Ucrania y el reciente conflicto entre EE. UU. e Irán. Justamente por no depender de ningún gobierno, productora ni comercializadora, sus estimaciones sobre activos sensibles —como los de NABEP en Venezuela— se toman como un contraste relevante frente a las cifras que ofrecen las propias partes interesadas.

Durante los próximos años, el crecimiento provendría principalmente de los llamados brownfields: campos que ya producen y en los que es posible aumentar rápidamente los volúmenes mediante la rehabilitación, la reactivación de pozos y la perforación infill.

Rystad identifica entre los principales activos para esta primera etapa el portafolio de NABEP en el Lago de Maracaibo, Petropiar y Petroboscán de Chevron, Corocoro de Eni y el bloque BARE de GeoPark.

A partir de la década de 2030 comenzaría a cambiar el origen del crecimiento. Los proyectos greenfield, que requieren nuevos desarrollos e infraestructura, adquirirían una importancia creciente.

Rystad identifica como pilares de esa etapa Ayacucho 8 de Chevron, Junín 5 de Eni y los nuevos bloques de NABEP en la Faja del Orinoco. En el escenario potencial modelado por la consultora, los nuevos barriles aportados hacia 2035 quedarían divididos casi por partes iguales entre proyectos brownfield y greenfield.

La proyección también incorpora una participación internacional creciente. Chevron agregó Carabobo-1 y Carabobo-2-Sur-A y delineó inversiones superiores a US$7.000 millones durante cinco años; Eni asumió la operación exclusiva de Junín 5 mediante un contrato de participación productiva por 25 años; Repsol recuperó el control operacional de Petroquiriquire y Shell regresó mediante acuerdos para Carito y Pirital. Rystad también menciona a GeoPark, Hunt Oil y Fluxus entre los nuevos participantes.

El escenario de 2,58 millones b/d en 2035, por tanto, no constituye una previsión incondicional. Representa el potencial que Rystad considera alcanzable si las inversiones anunciadas se materializan y Venezuela logra reconstruir simultáneamente su capacidad de perforación, de servicios y de infraestructura.

La magnitud del desafío es considerable, pero también lo es el crecimiento implícito: alcanzar 2,58 millones b/d volvería a colocar a Venezuela en una escala de producción que el país no registra desde hace décadas. 

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