Vanessa Davies
La Guaira
The Daily Journal – En Caraballeda no hay quien no conozca a la enfermera voluntaria África Montilla. Ella recorrió de madrugada los edificios de Misión Vivienda, las Opppe de playa Los Cocos, para limpiar ojos irritados por el polvo, curar heridas provocadas por las caídas en las losas, entregar antiinflamatorios a quienes empuñaron palas y cargaron tobos noche tras noche para encontrar los cuerpos de sus seres queridos. Pero ella también camina las calles para entregar medicamentos y pañales; consigue electrodomésticos para ayudar a quienes lo perdieron todo. Y, por si fuera poco, la buscan a toda hora en el campamento 4:13.
El campamento 4:13, que debe su nombre a un pasaje de la Biblia, es una carpa en la que África guarda insumos para atender a quienes solicitan su ayuda y para repartir a quienes los necesiten. “4:13 es de Filipenses y significa que todo lo podemos en Cristo, que nos fortalece. El campamento se llama así porque esto sigue siendo una tragedia; hay mucho dolor todavía, hay mucha tristeza y, en medio de tanto dolor, dios es el que puede darnos la fortaleza para continuar adelante. Dios es el que me da la fortaleza para ayudar a todas las personas acá en La Guaira”.
Cumplir la promesa
Tres meses después de los sismos, su compromiso solo aumenta cada día. “Cuando llegué acá a La Guaira nunca me imaginé la devastación que había, las consecuencias de los terremotos. Fueron pasando los días y he permanecido por vocación de servicio. Dios me ha dado la fortaleza todos los días de continuar acá, he empatizado con cada uno una de las personas, he tenido una conexión con cada una de ellas y les hice una promesa”.
Rememora el caso de un hombre que tenía la presión arterial elevada y dolor de cabeza. “En medio del proceso de atenderlo, él me empezó a contar su historia, empezó a llorar y yo lo abracé; le dije que tuviera confianza en Dios y le dije que yo lo iba a acompañar hasta que él encontrara a todos sus familiares”. Ese hombre sacó los cuerpos de cinco seres queridos y todavía le faltan dos, que no consigue.
África también consoló a una señora que separó la tierra del concreto para hallar a la pequeña de la familia. “Fue algo muy desgarrador, porque la acompañé hasta el día 24 de septiembre, que se cumplieron tres meses de la tragedia. Ese día, las máquinas llegaron al que era su apartamento, y no encontraron a su nieta. “Creí que iba a estar fuerte, pero lloramos juntas, y en mi caso, pidiéndole a dios que le dé la fortaleza de continuar adelante”.
“Mis profesores me prepararon bien”
África estudió su TSU en el Colegio Universitario de Enfermería, y la licenciatura, en la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos. “Estoy orgullosa, porque mis profesores me prepararon bien”, reivindica.
En esta catástrofe ella se ha desempeñado como enfermera de guerra que, además, graba videos para documentar casos y pedir ayuda. “Así, he podido entregar ropa, comida, hidratación”.
Pero, ¿quién atiende a África? “Ahorita vivo de la gloria de dios. Yo no tengo sueldo, pues estoy aquí de voluntaria y no vine por ninguna institución, nadie me dijo que viniera: yo vine por un llamado de dios en mi corazón y me quedé por vocación de servicio”. Aunque es mamá soltera de un adolescente de 13 años, y ella también requiere colaboración, no ha recibido ningún incentivo. Pero, asevera, “yo confío en dios, que tiene el control de todo”.
