Dr. Juan Barreto.— La presidenta (E) Delcy Rodríguez reaviva la histórica reclamación de nuestro país, polemizando con el Presidente de Guyana, Irfaan Ali. ¿Cómo entran en esta historia los dinosaurios? Pues, desde el oscuro subsuelo profundo, en donde la presión y el calor de la tierra cocinan el caldo oleoso que mueve la energía del mundo. Y mientras ese proceso ocurre en las entrañas de la tierra, en otros espacios —también oscuros, aunque no geológicos— se cocina a fuego lento el destino de la geopolítica de todo el planeta.
Los más cultos repiten la frase de Woody Allen, en su película Manhattan. Engolando la voz, sentencian: “la vida es algo que ocurre cuando uno está planificando otra cosa”. Y es verdad, lo mismo puede decirse hoy de los giros de la geopolítica. Sobre el mapa aparecen cisnes negros. Sin ser demasiado experto en nada y, como dice un buen amigo, “como cinturón negro en pesimismo”, no creo que lo que viene sea planificado para el bien de los venezolanos. Aunque, paradójicamente y “por efecto perverso”, termine resultando en ganancia.
Seamos capaces de juntar las piezas. Algunos datos: ExxonMobil y Chevron están en conflicto con el gobierno de Guyana. Guyana sabe que los contratos petroleros con Exxon en el bloque Stabroek se vencen y pierden legitimidad, y aprovecha esta oportunidad para exigirle a Chevron y Exxon acuerdos mucho más equitativos y beneficiosos para el país. El presidente Ali ha exigido a las petroleras compensaciones y regalías que éstas se niegan a pagar. Ante ello, Guyana amenaza con una auditoría a fondo de los verdaderos ingresos y ganancias de las empresas transnacionales norteamericanas.
Segundo dato: Fuentes no oficiales e investigaciones realizadas aseguran que buena parte de los senadores de Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos, son financiados por estas empresas petroleras. Algunos incluso se atreven a afirmar que hasta el 70 % de las donaciones y otros ingresos de candidatos a gobernadores, senadores y representantes en los Estados Unidos se canalizan por distintas vías —a veces opacas, a veces transparentes— a través de firmas y grupos de lobby que representan estos intereses. Entonces, al grano: ¿qué tal si las demandas que Venezuela lleva a cabo en torno al diferendo con Guyana, en relación con la reclamación territorial y las aguas estratégicas en su plataforma marítima continental (dos tercios de lo que hoy Guyana considera su territorio), son reconocidas en la Corte Internacional de Justicia (CIJ)?
Este reclamo de Venezuela tiene ya muchos años, pero ha aparecido en la prensa internacional nueva información que apunta a la reactivación y conclusión del caso. Concretamente, a partir del 4 de mayo de este mismo año, la CIJ recabará los reclamos de Venezuela y escuchará a las partes.
Aunque Venezuela no reconoce la jurisdicción de la CIJ, la decisión que adopte este organismo es vinculante. La sentencia se espera para los primeros meses de 2027. Para que se entienda en el bar de la esquina: el fallo de la CIJ cierra el caso y es de obligatorio cumplimiento para las partes en conflicto; no se trata de una opinión, sino de una decisión jurídica que debe ser acatada sí o sí, una sentencia firme e inapelable.
¿Influirá de alguna manera en esta decisión la política de Washington y las transnacionales que podrían beneficiarse de un fallo así? Algunos analistas creen que sí. Sostienen que Estados Unidos mantiene una influencia significativa sobre este organismo.
Los vientos parecen estar cambiando de dirección en el Caribe; la presidenta encargada Rodríguez se pasea por las islas ─en medio de la presencia de la armada de EE.UU.─ y sus gobiernos se realinean. Pareciera que Guyana se esta quedando sola.
¿Serán las elecciones de medio período en los Estados Unidos las que terminen decidiendo la suerte de este territorio reclamado por Venezuela?
¿Podría Trump “perder ganando” y utilizar el reclamo venezolano como ficha de cambio para negociar con los demócratas y con sectores republicanos rebeldes, vinculados a los lobbies petroleros? ¿Podrá la fuerza de las transnacionales engrasar la oxidada reclamación de Venezuela y hacer posible un doble milagro: evitar un eventual impeachment a Trump, al tiempo que inclina la balanza de la justicia ciega a favor de nuestro país?
La pregunta de fondo: ¿qué les conviene más a las petroleras?, ¿operar bajo las leyes y la jurisdicción venezolana o responder a los reclamos soberanos de Guyana? ¿Cuál soberanía resulta, en la práctica, más conveniente para sus intereses?
Lo que se resuelve en la CIJ no es sólo la diferencia territorial entre dos países, es la economía del mundo. Podría ocurrir que un país muy amigo de EE. UU. se haga de incalculables riquezas mineras y petroleras anexándose un nuevo y gran territorio, cambiando el juego.
Sería un impacto tan grande como el meteorito que extinguió a los dinosaurios y que luego la tierra se encargó de convertir en jugo energético. Todo el negocio quedaría asegurado bajo las leyes de Venezuela y la amable y desinteresada protección de EE.UU.
Recordemos que recientemente han sido aprobadas una ley de hidrocarburos y una ley de minas que favorecen abiertamente la inversión de los capitales extranjeros y que tienen muy feliz al presidente Trump, quien ha declarado su apoyo a la administración de Rodríguez en Caracas.
Dice un refrán que ya es un lugar común: “amanecerá y veremos”. Sí, en Venezuela “el sol sale por el Esequibo”.
P.D.: ¿Será que esta audaz jugada de Trump es el comienzo de la campaña para anexar a Venezuela y convertirla en la estrella 51?
