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Cristóbal Fernández Daló .- Einstein no incluyó en su revolucionaria teoría la relatividad de las palabras. Me imagino la confusión de los españoles al tratar de entender lo negativo de un término que en la Madre Patria tiene un sentido cariñoso: mono o mona, entre los habitantes del Reino de España, significa bello o bella, simpático o simpática, atractivo o atractiva.
Pero no nos llamemos a engaño: Una «barra brava» de docenas de excedidos, mancharon la impresionante demostración de María Corina en La Puerta del Sol con una versión negativa del calificativo, arrastrando a un venezolano de formidable trayectoria al desacierto de una complacencia prescindible, inconveniente, dañina y – dado que el si conocía el sentido del calificativo- asociada a una presunción de complicidad por parte de un artista querido, admirado y respetado.
Yo pertenezco a la misma especie que Delcy Rodríguez.
Eso no me impide denunciar la legitimidad precaria de su poder.
Tampoco me impide compartir con ella la pertenencia a la especie de simios más exitosa que haya existido y de la cual, orgullosamente, formo parte.
Pero debo decirlo: una o dos de mis fotos familiares pueden mostrar el contraste étnico entre mi madre, de ascendencia veneciana, y mi padre, de origen menos preciso, pero con seguridad al sur del Sahara.
Y en el país donde nací y crecí, esa Venezuela maravillosa que nadie cree que existió, negro, negra, negrito o negrita era el cariñoso trato cotidiano, mucho antes de que unos colegas de Indiana Jones descubrieran en el África profunda que todos somos monos, simios y negros, especialmente cuando miembros de nuestra propia especie nos obligaron a dejar atrás nuestras querencias.
Unas aclaratorias muy firmes en la línea que ya ha pronunciado María Corina Machado bastan para limpiar la impertinente mácula que no puede disminuir el impacto de su visita a España.
Pero la responsabilidad de Delcy Rodríguez, de su hermano y de toda la jerarquía autocrática que envileció a una nación trabajadora, solidaria e integradora merece un veredicto de responsabilidad política.
También habrá causas penales imposibles de evitar mediante subterfugios pigmentarios, invocaciones a la «obediencia debida» o cambios de sexo.
Tampoco valdrán las «maniobras Therian», porque, hagamos lo que hagamos, seguiremos siendo primates.
