La pseudopolítica versus la política del bien común

Opinión

Audio del artículo de opinión: https://clyp.it/fgehuxmo

Luis Carlos Mata. — Para el filósofo griego Aristóteles: «el ser humano es un animal político por naturaleza»; pero, a diferencia de otros seres gregarios, nosotros, a través de la razón, somos capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto, lo que nos conduce a alcanzar la felicidad al vivir en una sociedad organizada.

En ese sentido, la Doctrina Social de la Iglesia, a través de varios documentos, ha respondido a los desafíos sociales, económicos y políticos de cada época bajo la luz del Evangelio, comenzando con la Remum Novarum (León XIII 1891), donde crítica y rechaza tanto al socialismo radical como al capitalismo desenfrenado; le sigue, la Quadragesimo Anno (Pio XI 1931), donde advierte sobre el poder económico desmedido en manos de unos pocos; asimismo, la Populorum Progressio (San Pablo VI 1967) afirmaba que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, donde surja una economía solidaria; así como laCaritas Verite (Benedicto XVI 2009) habla de la crisis financiera; de la ética y la fraternidad para evitar la exclusión; le sucede, la encíclica Laudato Si (Papa Francisco 2015), que denuncia aquella economía basada solamente en el beneficio financiero, criticando la cultura del descarte, la depredación del planeta, priorizando el bienestar de todos; y le prosigue, Fratelli Tutti (Papa Francisco 2020), que habla de la amistad social y la política orientada al bien común y una economía al servicio de la dignidad humana.

En el mismo orden de ideas, la Gadium et Spes (San Pablo VI 1965), que sirve de constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, subraya cómo la Iglesia se solidariza con las alegrías, tristezas y esperanzas de la humanidad; sosteniendo que la economía y la política deben estar al servicio del ser humano y no al revés; haciendo un llamado a los laicos a participar en la vida política «siendo sal y luz», para promover la justicia, la paz y la solidaridad.

Por todo lo anteriormente planteado, es importante recordar las dos visitas que hizo San Juan Pablo II a Venezuela y la repercusión profunda y profética de sus palabras dirigidas a los líderes políticos, económicos y religiosos de la sociedad venezolana, con su lema: «Despierta y reacciona; es el momento», enfocado en la conversión o cambio personal, pero también en la renovación de las instituciones en medio de una crisis muy aguda; motivando a los venezolanos a luchar por la justicia y el bienestar social, en un país que comenzaba a enfrentar retos económicos.

En su discurso el Papa polaco, dirigido a los representantes de la vida política y económica en el Teresa Carreño, los llamó a una reflexión profunda para enfrentar la crisis ética y social, subrayando que los políticos deberían trabajar por el bienestar de todos y no quedarse solamente en palabras; aclarando que la democracia no se debe quedar solamente en el elegir, sino que la democracia «debe enfocarse en  reconstruir un país a través de la renovación ética y espiritual»; dejándoles claro que «la política y el orden económico es una forma de la caridad y el servicio por el bien común» y exhortándolos a «abandonar todo lenguaje de odio y confrontación, para alcanzar la reconciliación nacional» (palabras proféticas de San Juan Pablo II, 1996).

Retomando las palabras de San Juan Pablo II, pero está vez a los empresarios argentinos en el Luna Park (1987), cuando dijo: «sed artífices de una sociedad más justa, pacífica y fraternal, dirigida al bienestar de las familias y el desarrollo del País, mejorando los salarios y asegurando el progreso de la Patria». En tal sentido, la Doctrina Social de la Iglesia exige que cualquier modelo político o económico debe respetar la dignidad humana, la justicia, la libertad y el bien común, tomando en cuenta el Principio Evangélico: «estuve hambriento, sediento, enfermo, desnudo».

Parafraseando al Papa San Juan Pablo II, la renovación y la reconstrucción de las instituciones comienzan con la transformación interior de las personas; ya que las personas son el reflejo de la Nación. Si tenemos personas felices, tendremos un país feliz y próspero para todos (sin excluir a nadie), con un espíritu social renovado; que busque enfrentar los desafíos con optimismo y un espíritu fraternal, convirtiéndose en artífices del desarrollo integral; que asegure el progreso de Venezuela, abandonando todo lenguaje de odio, de resentimiento y confrontación para alcanzar la reconciliación nacional.

El reto que nos dirigió San Juan Pablo II a los jóvenes que estuvimos con él en Los Próceres y que hoy sigue actualizado para las generaciones presentes y futuras (1996): «¿Los jóvenes venezolanos tendrán el valor de ser cristianos de verdad y de construir una sociedad más justa, más fraterna, más humana y más acogedora para todos?»

En ese momento, todos los presentes dijimos que sí. 

ACG-WIN |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *