¡Bailad, bailad, malditos!: El maratón del hambre en la Venezuela de Trump

Opinión

Héctor Sánchez, Sociólogo.- Donald Trump tiene días insistiendo en una escena alucinante: una Venezuela donde los ciudadanos bailamos en las calles desbordantes de una  alegría, agradeciendo la «prosperidad» traída por sus misiles y acuerdos petroleros bajo la mirada cooperante del Gobierno “encargado” de la presidenta Delcy Rodríguez.

«Hay mucho dinero entrando», asegura el mandatario gringo, según un guion en el cual el país se habría transformado en una suerte de “Dubái tropical”.

Pero de alguna manera puede que el especulador-presidente tenga razón y los venezolanos, en efecto, estemos bailando en las calles, pero un baile que no es de felicidad sino de algo mucho más siniestro.

En este sentido, con una precisión aterradora, las palabras de Trump nos recuerdan a la película de Sydney Pollack, They Shoot Horses, Don’t They? (titulada en español ¡Bailad, bailad, malditos!). Veamos.

Bailad, bailad, malditos” retrata la crudeza de la Gran Depresión en Estados Unidos. En ella, un grupo de personajes desesperados participa en un agotador maratón de baile con la esperanza de ganar un mísero premio en efectivo. El público, los ricos del pueblo, pagan la entrada para “disfrutar» de la desgracia ajena, mientras un maestro de ceremonias oportunista y cruel los azuza sin piedad: «¡Bailad, bailad, malditos!».

En este caso la analogía, señor Trump, es casi perfecta. “La gente baila», dice usted, pero no por júbilo, sino por una angustia frenética inspirada en la inflación galopante que devora salarios estancados hace años.

Bailamos lidiando con el día a día, con los apagones, los derechos laborales pulverizados y una seguridad social que no es más que una ilusión. Cómo los tristes protagonistas del drama de Pollack somos parte de una competencia agotadora donde el único premio real es, simplemente, no sucumbir.

El Público son los partidos políticos de todos los colores, el empresariado local parasitario y los truhanes empresarios extranjeros, que aplauden reformas que nos hacen retroceder un siglo en derechos adquiridos. Espectadores triviales que disfrutan de la desgracia ajena, normalizando un sadismo donde nos place ver al necesitado bailar por cuatro monedas.

Y el Maestro de Ceremonias es usted, señor Donald Trump, que nos azuza a seguir moviéndonos en una pantomima con cepo donde lo único que importa es el dinero.

Así pues, señor Trump, si usted ve gente bailando lo que realmente está presenciando es un baile de precarios. No es alegría, es el movimiento frenético y agotador de un país habituado al resolver interminable

Pero frente a este escenario de agotamiento, los trabajadores venezolanos han comenzado a romper el guion del «maestro de ceremonias». La respuesta no es el suicidio asistido, como en la película, sino la movilización por la dignidad.

La lucha hoy se centra en transformar esa «angustia frenética» en una fuerza organizada que exija el fin de la política de bonos y el rescate del salario digno anclado a la canasta básica. La mayoría asalariada ha decidido dejar de bailar para empezar a marchar hacia la recuperación de sus derechos secuestrados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *