La danza del bien y el mal: los Diablos de Corpus Christi

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The Daily Journal.— Los Diablos Danzantes de Corpus Christi constituyen una de las manifestaciones culturales y religiosas más emblemáticas de Venezuela, cuya tradición combina elementos del cristianismo con influencias indígenas y africanas. Esta festividad fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en diciembre de 2012.

La danza de los diablos tiene más de 400 años de historia, y su origen se remonta a la época colonial, cuando las cofradías católicas incorporaron elementos teatrales y festivos a la celebración del Corpus Christi para honrar la presencia de Cristo en la Eucaristía. A través de vistosas máscaras y vestimentas, los fieles representan la lucha cósmica entre el bien y el mal, donde las fuerzas celestiales siempre vencen a los demonios representados por los danzantes.

Aunque el ritual conserva su estructura esencial, con el paso del tiempo ha evolucionado, incorporando estilos de danza, música y vestuario distintivos en cada región.

Los “promeceros” ─nombre que reciben los bailarines─ danzan hacia atrás, en actitud de penitencia, mientras que un representante eclesiástico camina hacia ellos, llevando el Santo Sacramento.

FOTO: Oswaldo Rivero. Un niño danzando durante la fiesta religiosa de Corpus Christi

Los diablos también llevan durante el ritual maracas, sonajeros, pañuelos y cintas para protegerse contra los malos espíritus.

The Daily Journal visitó dos cofradías locales en el estado Miranda para constatar cómo la devoción, la penitencia y el respeto por las tradiciones siguen uniendo a estas comunidades.

Los Diablos del Hatillo: Tradición e influencia eclesiástica

La Cofradía de los Diablos del Hatillo es una organización relativamente joven, con 70 años de fundada. Mantiene un carácter marcadamente conservador debido a la estrecha influencia de la Iglesia Católica, institución que la dirige activamente. Integrada por unos 120 pobladores —en su mayoría jóvenes y algunos adultos—, el grupo se concentra en el barrio El Calvario, zona donde se fabrican artesanalmente sus atuendos. Sus integrantes rinden penitencia danzando tanto el jueves de Corpus Christi como el domingo siguiente.

FOTO: Oswaldo Rivero. Promeseros del Hatillo el jueves 4 de junio.

En la galería fotográfica se aprecia el contraste y la particularidad de su indumentaria respecto a otras cofradías del país. Los Diablos del Hatillo utilizan grandes e imponentes máscaras elaboradas con técnicas tradicionales de cartón piedra que representan rostros monstruosos o animalescos en tonos predominantemente oscuros, verdes y encendidos rojos, adornados con colmillos afilados, cuernos curvos y lenguas bífidas.

A diferencia del traje completamente rojo usado en San Francisco de Yare, la vestimenta hatillana destaca por el uso de túnicas o conjuntos negros sobre los cuales se resalta la majestuosidad de la máscara. Los «promeseros» portan además un crucifijo colgando sobre sus pechos como elemento de protección religiosa durante el ritual de la danza.

Los Diablos de Baruta: Resiliencia comunitaria

Con una historia intermitente, la Cofradía de los Diablos de Baruta fue creada originalmente durante el gobierno de Cipriano Castro, pero debido a fuertes tensiones y conflictos de interés entre el mandatario y la Iglesia Católica, la manifestación fue suspendida. Su renacimiento formal se concretó a principios de los años 90, impulsado por los movimientos culturales, escuelas y los Consejos Comunales de la zona. Actualmente reúne a cerca de 150 danzantes y sobrevive de forma autogestionada, sin apoyo financiero de la alcaldía ni del gobierno nacional.

Los danzantes de Baruta lucen trajes pintados a mano sobre telas blancas, decorados con coloridos motivos geométricos, cruces, círculos y manchas multicolores de tonos amarillos, azules, rosados y verdes.

FOTO: Oswaldo Rivero. Diablo danzante se doblega ante el poder del Santo Sacramento

El atuendo se complementa con cintas multicolores que caen desde la cabeza, alpargatas tejidas, hileras de campanas y cascabeles atados a la cintura o las piernas para marcar el ritmo, y maracas adornadas con cintas que agitan frenéticamente mientras realizan su reverencia o caen rendidos en señal de sumisión.

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