Editorial | Unidad sin impunidad

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Juan Barreto, Bureau Chief Venezuela & LATAM.- La tragedia, una vez más, demuestra que la naturaleza no tiene ideología, pero las zonas residenciales y los materiales de construcción sí. Hoy hay miles de compatriotas damnificados en los barrios y urbanizaciones de clase media. Viviendas precarias en zonas ya de riesgo, rasgadas e inservibles. Techos, vigas y otras estructuras en barrios pobres y urbanizaciones se vinieron abajo. Muchos edificios de la Misión Vivienda, mal construidos porque son para pobres, quedaron inhabitables.

Que alguien asuma la responsabilidad, y que la unidad de todos venga acompañada de la humilde autocrítica de los que han sido corruptos, ineficientes e irresponsables. Se trata de salir adelante unidos, pero sin candorosas ingenuidades irresponsables que terminan encubriendo a los que nunca quieren a la gente y jamás asumen el costo de sus actos. Unidad nacional con reconocimiento de las responsabilidades.

Es momento también de hacer balances serenos y sin ánimo de retaliaciones, pero asumiendo y estableciendo responsabilidades. El lugar donde vive la gente, donde vive la mayoría, es el barrio. Y todos estos lugares resultaron dañados; algunos, lamentablemente, severamente dañados. Escaleras de acceso, muros de contención y otros espacios comunes han sido afectados por la tragedia.

No basta con comunicados, con solidaridades automáticas y con buenas intenciones. De lo que se trata, por supuesto, es de actuar. Pero alcaldes, gobernadores, ministros y dirigentes tienen que ponerse en el lugar de la gente con sensibilidad. Y más allá de demagogias y discursos destemplados que protegen intereses individuales y apetencias de poder, por encima de eso tiene que estar el problema de la gente.

Tiene que hacerse un censo de daños. Tiene que irse casa por casa a ver el nivel de deterioro de muchas viviendas que han quedado inservibles. Muchos edificios de la Misión Vivienda que fueron realizados de manera apresurada y con materiales de mala calidad deben ser revisados.

No se trata de un ajuste de cuentas ni de una vendetta. Se trata de actuar con madurez y responsabilidad, con aplomo y con mucho juicio, con sentido del deber. Por eso nuestro llamado, por supuesto, es a la calma, a la colaboración, a que no se partidice la crisis, pero sí a que se asuman y se establezcan responsabilidades. Que sean sustituidos y desplazados los funcionarios ineptos; que esto sirva para abrir una investigación sobre el estado de abandono de nuestros barrios y de nuestras ciudades, para que se ajusten y se tomen las medidas que se tengan que tomar.

La gente tiene que estar en el epicentro de las soluciones. Los discursos no deben girar alrededor de la promoción de nadie. Aquí no se trata de un gobierno que quiere continuar, ni de una oposición que quiere instalarse. Aquí se trata de un pueblo que quiere sobrevivir y rescatar su calidad de vida.

En ese sentido, el llamado es a que todos los venezolanos actuemos respetándonos, colaborando, desarrollando la solidaridad infinita que existe en el pueblo de Venezuela. Y el llamado es a los funcionarios, a que sin demagogia, sin poses, sin estridencia y sin cálculo, asuman la responsabilidad que les toca. Esta es una oportunidad para que Venezuela se reencuentre alrededor de la responsabilidad, la eficiencia y la transparencia.

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