Irán quedó invicta en el campo, pero fue traicionada por la FIFA

Copa Mundial de Fútbol 2026

Luis Vilchez

En el campo de juego Irán quedó invicto. Vino de atrás dos veces contra Nueva Zelanda para igualar 2-2, en su debut. Luego empató 0-0 ante Bélgica. Cerró con un 1-1 ante Egipto, donde también inició con una derrota y casi lo gana al final, pero el VAR anuló por centímetros el tanto de Shoja Khalilzadeh y Mehdi Taremi malogró un penal. A pesar de no lograr pasar de ronda -por primera vez en la historia-, los asiáticos son los campeones del mundo a nivel moral y en resiliencia. Los oprobios infligidos por los Estados Unidos, con la venia de la FIFA, son una de las grandes manchas de esta Copa del Mundo.

El ente rector del balompié pregona el mensaje de que “el fútbol une al mundo” y que regatea cualquier intento de injerencia política. Sin embargo, en la cita ecuménica se dio un hito vergonzoso: Irán se transformó en el primer país en asistir a la Copa del Mundo donde el anfitrión está en guerra con ellos. Solo las personas más naífs esperarían que en «Tehrangeles», como se le conoce a Los Ángeles por la gran comunidad de emigrantes iraníes, iban a disfrutar con tranquilidad uno de los mayores espectáculos del planeta.

Hay que remontarse al 28 de febrero, cuando se dio inicio a la Operation Epic Fury, con los ataques en conjunto de Estados Unidos e Israel, donde fue asesinado el ayatolá Alí Jameneí, jefe de Estado de Irán. Como también murieron 168 personas en la escuela Minab. Una cifra y el nombre de una unidad educativa que los jugadores de Irán tuvieron muy presentes y que constantemente usaron el número 168 para recordarlos. Antes del conflicto, los persas tenían planteado usar Tucson, Arizona, como la base de su campamento. Sin embargo, por los problemas con las visas tuvieron que alojarse en Tijuana, México, aunque sus tres partidos fueron en suelo estadounidense.

Incluso se prepararon en Turquía para evitar problemas con las visas, pero igual no tuvieron el visto bueno del Tío Sam. En marzo, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, avisó que no la pondría sencilla. Mientras que el mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, tampoco dio su brazo a torcer y mantuvo los partidos pautados en Los Ángeles y Seattle. El calor de los aztecas con el “Irán, hermano, ya eres mexicano”, era castigado con la obligación de viajar y partir el mismo día de los encuentros. Solo contra Egipto se les concedió ingresar con dos días de antelación, pero igual debían abandonar la tierra de Trump al culminar el cotejo. Algo insólito y que afecta el rendimiento deportivo de cualquier atleta.

Tras el debut, el DT Amir Ghalenoei profundizó: «Después del partido de hoy nos dijeron: ‘Tienen que irse inmediatamente’. Cuando para nosotros es muy importante recuperarnos. Nos han pedido que tomemos un avión y regresemos a nuestro campamento en Tijuana, y eso nos preocupa mucho. Nos están obligando a volver antes de tiempo. Están complicando cada vez más la situación, poniéndonos más obstáculos, pero no vamos a dejar que eso nos impida dar lo mejor de nosotros”.

El timonel asiático complementó: “No sabemos por qué nos devuelven. Es muy extraño. Parece que otros están haciendo los planes por nosotros… Se suponía que llegaríamos dos noches antes del partido, pero no lo permitieron. Íbamos a quedarnos aquí esta noche para recuperarnos y regresar mañana al mediodía (…) Nuestro equipo es el más oprimido de todo el Mundial. Nuestra federación no está aquí, nuestros medios de comunicación no están aquí, nuestra directiva no está aquí.”

En el transcurso de la competición se mantuvo la discriminación. “Desde el principio, este Mundial ha sido un desastre. La FIFA tiene que solucionar todos los problemas, pero lamentablemente este no lo ha podido resolver desde el principio. El señor Infantino vino a nuestro vestuario después del primer partido y dijo: ‘Esto es solo el comienzo’. Pero la fase de grupos termina mañana y no tenemos aquí a nuestro personal de logística, no tienen visa. ¿Cómo es posible? (…) Tenemos que luchar contra todo. No sé qué quiere o sabe la gente, pero desde nuestra perspectiva, sí, creo que les gustaría”, indicó Taremi, capitán de Irán.

Incluso el estratega pidió la reacción del mandamás del ente rector del fútbol. “Sé que el señor Infantino ha hecho todo lo posible por minimizar los problemas, pero fue el anfitrión quien no se portó bien con nosotros. Insto a la FIFA a que no permita que los anfitriones traten a los equipos y jugadores de la misma manera en el futuro. Espero que el señor Infantino tome cartas en el asunto ante este tipo de comportamiento”. Pero dichos reclamos se los llevó el viento.

Un juego de espías

“¡Buques del mundo, arranquen sus motores! ¡Que fluya el petróleo!”, escribió en Truth Social, el presidente de los Estados Unidos, para anunciar el levantamiento del bloqueo naval estadounidense y la apertura del estrecho de Ormuz, tras alcanzar un acuerdo de paz. Pero en el fútbol siempre se mantuvo abierta la guerra. Marco Rubio declaró en su momento que no permitirían el ingreso de personas vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica, lo que afectó a varios integrantes de la delegación iraní a su ingreso.

“¿Por qué no dicen que se les negaron visas a una gran parte del personal directivo y ejecutivo, asesores técnicos y demás personas que son parte integral de cualquier selección nacional de fútbol? Ahora han llevado el trato deliberado y discriminatorio contra la selección nacional de fútbol de Irán a su máxima expresión”, publicó en X la embajada iraní en Turquía. Entre los afectados estuvieron: Mehdi Kharati, director ejecutivo; Hedayat Mombini, secretario general; y Mohsen Motamedkia, director de medios. The Athletic recogió las declaraciones de un funcionario de gobierno estadounidense sobre el tema de las visas: «No permitiremos que el grupo iraní abuse de este sistema para introducir terroristas clandestinamente en Estados Unidos con falsos pretextos».

Más problemas para un equipo que el gran grosor de sus convocados no tuvo mucha acción, tras detenerse la liga iraní por la guerra. Aunque por las protestas sociales de enero, la Liga Premier se jugó a puerta cerrada. Y desde antes hubo apatía. El periodista deportivo Ali Moghani le respondió a The Guardian: “Aunque era la temporada previa al Mundial, la liga de este año resultó menos emocionante. Parecía que todos jugaban por inercia. Además, casi no hay debate sobre la selección para el Mundial. La razón principal es que el fútbol ya no es una prioridad en la sociedad iraní”.

A los problemas de un país en combustión interna, se le sumaron las vejaciones de Estados Unidos, que no lo ocultó en su eliminación. El secretario de Seguridad Nacional de los norteamericanos, Markwayne Mullin, dijo sin tapujos en rueda de prensa: “Me alegra que hayan terminado y que no vayan a volver. Me puse muy contento cuando pudimos retirarles los visados ​​y decirles que podían abandonar territorio estadounidense, y puede que haya cantado un par de canciones o incluso haya bailado de alegría”. El funcionario agregó sobre las expulsiones inmediatas tras los cotejos: “Fue simplemente un acuerdo que teníamos: dejarlos ir. El partido había terminado, que volvieran al hotel, a su campamento base. Allí se sienten más cómodos. Fue un acuerdo que negociamos con la FIFA antes de que comenzaran los partidos”.

La federación de fútbol de los persas no tardó en responder y un portavoz declaró: “Los iraníes están acostumbrados al maltrato y las mentiras de los funcionarios estadounidenses, por lo que a nadie en Irán le sorprenden estas declaraciones hostiles. Estas declaraciones demuestran una vez más que los funcionarios estadounidenses no tienen ningún compromiso con el derecho internacional ni con los principios que se esperan de una nación anfitriona capaz de organizar un evento deportivo mundial”.

El representante iraní añadió: “El hecho de que celebre abiertamente la eliminación de Irán dice mucho más de él que de nuestro equipo. Refleja una mezquindad que ni siquiera tolera la presencia de un equipo de fútbol compitiendo en el escenario más importante del mundo. Después de nuestro partido contra Nueva Zelanda, nuestro entrenador dijo que Estados Unidos no quería que Irán permaneciera en este torneo debido al trato inhumano y poco profesional que sufrió nuestro equipo. Estos últimos comentarios solo refuerzan esa creencia”.

Autogol político

Probablemente el rendimiento de Irán hubiese sido mejor con la presencia de Sardar Azmoun, quien cuenta con 57 goles en 91 partidos en la selección. La trayectoria del persa es encomiable: Zenit (Rusia), Roma (Italia), entre otros clubes. Ciertamente Ghalenoei no tenía mejores opciones y el ariete no estaba lesionado. Es difícil pensar que uno de los jugadores más imponentes de Asia quedó fuera por motivos que no fuesen su postura contra el régimen en redes sociales.

En 2022 se expresó sobre la muerte de Mahsa Amini y escribió en Instagram: “En el peor de los casos, me expulsarán de la selección nacional. No hay problema. Lo sacrificaría por un solo cabello en la cabeza de una mujer iraní. Esta historia no se borrará. Pueden hacer lo que quieran. ¡Qué vergüenza que maten con tanta facilidad! ¡Viva la mujer iraní!”. Sin embargo, se mantuvo en la selección persa. La gota que derramó el vaso fue una foto.

Azmoun hace vida en el Shabab Al-Ahli de los Emiratos Árabes Unidos y la fotografía que subió fue con Mohammed bin Rashid al-Maktoum, gobernante de Dubái y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos. ¿Qué tiene que ver? Ese país es considerado un adversario por los gobernantes en Teherán. Según The Wall Street Journal, EAU efectuó ataques en secreto contra Irán. Al inicio de la Operación Furia Épica, los persas lanzaron 2265 drones, 551 misiles balísticos y 29 misiles de crucero, de acuerdo a reportes del New York Times. Por ende, no tardó la Guardia Revolucionaria en divulgar en Telegram que eso era “cooperación con los enemigos de Irán”; aparte se le recriminó su silencio ante los “ataques de los estadounidenses y el régimen sionista”.

El delantero contestó: “Me prometí a mí mismo que cada vez que jugara para Irán, daría todo de mí para brindar alegría a quienes siguen el fútbol con pasión, especialmente a los niños de los pueblos y aldeas más remotos que celebran nuestras victorias», escribió en redes sociales. «No importa dónde juegue, mi identidad, mi corazón y mi orgullo son Irán”. Fue excluido de los partidos amistosos de marzo y el veto se mantuvo. Uno de los vicepresidentes de Irán, Abdolkarim Hosseinzadeh, llegó a pedir su inclusión y puso en X: “La patria necesita preservar los lazos que unen a sus hijos. No pasemos por alto la acción de Sardar Azmoun al demostrar este vínculo y, si es posible, que regrese a la selección nacional”.

Ghalenoei mantuvo su decisión y alegó razones técnicas para excluir a un jugador al que se le apodó el “Messi iraní” en páginas de Internet. “Sardar es un jugador excelente, ha hecho mucho por nosotros. No está con nosotros, nos gustaría que estuviera, pero así es el fútbol. Les daré un ejemplo: Neymar (el delantero brasileño), es posible que no juegue algunos partidos”, soltó el estratega. Ante el hecho inminente, el tercer máximo goleador de los persas escribió: «Les deseo lo mejor, muchachos. Es cierto que no estoy allí con ustedes, pero son mis amigos y no hay razón para no desearles éxito». ¿Las vueltas de la vida? Su último gol con Irán fue en marzo de 2025 ante… Emiratos Árabes Unidos.

Afición dividida afuera, apática adentro

Aunque la visión occidental puede nublar, los iraníes son una nación futbolera. Cuando eliminaron a Australia para ir a Francia 98’ se celebró de forma apoteósica, con una amplia cobertura a nivel de medios televisivos. Normalmente en la antigua Persia ir al Mundial significaba un jolgorio en la calle; incluso la derrota ante Argentina en Brasil 2014 se celebró con euforia. Pero el camino a esta cita ecuménica fue diferente. A los problemas económicos se le sumó la guerra para generar una mayor apatía. Sin embargo, en medio del fuego cruzado están los jugadores.

Con el movimiento «Mujer, Vida, Libertad», que generó una oleada de protestas intensas contra la Revolución Islámica tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial, la selección quedó señalada porque fue en septiembre de 2022, a pocos meses del Mundial de Catar. A pesar de guardar un minuto de silencio durante el himno en el debut contra Inglaterra, eso no evitó llevar la etiqueta del “equipo del régimen”. Lo que antes era un símbolo de unión nacional se transformó en motivo de controversia. Las pantallas gigantes no abundaron en las calles persas.

Los jugadores prefieren evitar cualquier comentario que signifique atentar contra la unidad nacional ante los ojos del régimen. Incluso desde la federación, un video previo a la Copa del Mundo terminó de encender el ambiente.

“El Mundial era una oportunidad para que Teherán se dirigiera a los iraníes como nación. En cambio, optó por dirigirse a ellos desde una ideología islamista”, explicó Alex Vatanka, director del programa sobre Irán del Instituto de Oriente Medio en Washington, para The Guardian. Ghalenoei: “Solo pensamos en nuestro país. No somos políticos, y el lema de la FIFA es precisamente este: el fútbol está al margen de la política. Respetamos a todos y cada uno de los iraníes”.

Eso con los de adentro, pero los emigrantes en su mayoría son contrarios al régimen y tampoco tienen una buena imagen del combinado nacional. Muchos intentaron llevar la bandera nacional previa a la revolución islámica de 1979, con un león y el sol, asociada al Shah y no la versión moderna con la palabra Allah estilizada en el centro. Ahí la FIFA sí intervino; incluso se amparó en un tribunal local para la prohibición de la bandera. La seguridad del estadio confiscó varias de ellas en los partidos, aunque algunas se colaron. En el debut ante Nueva Zelanda, los hinchas abuchearon el himno. Un grupo llevaba una pancarta que rezaba: «42.000 #MasacreEnIrán», en referencia a la presunta cifra de civiles muertos a manos de las autoridades iraníes en las protestas de principio de año, según el Centro Internacional para los Derechos Humanos.

Aunque en primera fila había una pancarta con el mensaje: «MINAB168». Había las dos opiniones de Irán en las gradas. Con el transcurso de los partidos todos celebraron los goles en Los Ángeles y Seattle. La ilusión de pasar a la siguiente ronda se mantuvo hasta la última fecha. “Para nosotros, el fútbol no es solo una competición por resultados, es una prueba de carácter”, escribieron los futbolistas en una pizarra. En un país dividido por la política y la cultura, el fútbol no fue un pegamento social. La FIFA los traicionó y los dejó desguarnecidos ante los designios de los Estados Unidos. Increíblemente, el mejor sitio donde este equipo invicto en el campo fue tratado con cariño y respeto fue el más inesperado: Tijuana.

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