Venezuela 0 – Cisne negro 2

Copa Mundial de Fútbol 2026

Wilmer Rosas. La Vinotinto y Venezuela se fueron del mundial de fútbol. En el país nadie está pendiente del evento deportivo más grande del planeta: la Copa Mundial de la FIFA 2026 . ¿La culpa? De un Cisne Negro (y para colmo, mellizo).

La provocación, ex profeso, del párrafo anterior, por supuesto, suscita varias vertientes de debate que intentaré conectar salvajemente, es decir como diría Savater , como me dé la gana. Porque ya saldrá alguno a decir que hay que despejarse para olvidar la tragedia.

Eran las 6:04 p. m., hora de Caracas, del 24 de junio de este 2026, cuando se le ocurrió a un invitado indeseado, un monstruo inesperado llamado Cisne Negro, emerger de la nada. Estaba alojado en San Felipe, estado Yaracuy. Se apareció con alevosía y maldad. Venía de las entrañas de la Pachamama, con una fuerza de 7,2 en la escala de Richter y, por si fuera poco, se haría acompañar de su hermano, más terrible y feroz, un gemelo horrible, que escaló a 7,5 según la misma escala de medición. Llegaron separados por apenas 39 segundos. Uno de esos nacimientos que nadie bendice, el que preferimos se hubiese quedado en el Hades.

Estaba por comenzar el partido entre Escocia y Brasil —que terminaría con una victoria 3-0 de la canarinha por el Grupo C—. Minutos antes, el exalcalde metropolitano de Caracas, Dr. Juan Barreto, impartía instrucciones sobre la cobertura editorial de The Daily Journal (web y radio) desde las oficinas de la Torre Financiera, en Bello Monte. Fue allí donde, metafóricamente, se apagó Venezuela. No porque la Vinotinto volviera a quedarse fuera del Mundial 2026 —como ha ocurrido en toda su historia—, sino porque la verdadera tragedia apenas comenzaba.

Único país en no recibir goles

El «Mano, tengo fe», no bastó. Y eso que lo dijeron, lo rezaron de buena fe y lo exclamaron de corazón, pero otra vez, como todas las veces, no fuimos al Mundial de fútbol de mayores masculino. ¿Verdad, querido Alí?

Venezuela es el único país perteneciente a la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol) que en toda la historia del Mundial no ha participado en la máxima justa deportiva. ¿Y por qué quedarnos entonces en la Conmebol? Esa instancia del sur de América que integra, nada más y nada menos, que a Brasil, Argentina y Uruguay (todos campeones del mundo). ¡Hay varias razones, veamos!

La Conmebol fue fundada en 1916. Venezuela se integró a ella en 1952. Y la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf por sus siglas en inglés), en 1961.

En Venezuela, dicen los expertos e influencers, entre los que existen quienes se callan por pertenecer a la escala de pimentones del guiso oficial, falta una verdadera planificación cíclica que se convierta en política de Estado para alinear jugadores, entrenadores y directivos en los mismos objetivos y meta final: jugar en un Mundial.

Los venezolanos no hemos cantado un gol nunca en una Copa Mundial de la FIFA; tenemos que ir siempre a Brasil, Alemania, Argentina, etc., o algún país de nuestras raíces e hibridación genética cultural existente. Por eso incluso llegamos a la autoflagelación ─con ese mal humor afrodescendiente de decir que tampoco hemos recibido goles en contra.

Los estatutos de la FIFA dicen que Venezuela juega en Conmebol porque pertenece a Suramérica y aunque los textos digan que también somos caribeños, debemos ser aprobados por ellos y por la
Concacaf. Por eso Haití y Curazao sin desmeritarlos van a los mundiales.


Pero también dicen que es un tema de roce competitivo; de enfrentar a campeones del mundo en la zona más complicada del planeta para clasificar; una apuesta por mejorar el proyecto interno futbolístico antes que tratar de emigrar hacia otra confederación. Y por eso no hay sueño que valga, la realidad estalla en la cara: en 70 años no hemos ido.

A Venezuela le costará muchísimo ir a un Mundial, a pesar de la fe. Frase de Perogrullo para hacer explícito que las razones geográficas, la historia institucional y la conveniencia deportiva así lo precisan.

Por la plata baila el mono

El campeonato mundial de la FIFA es un negocio Business is business!). Entre 2023 y 2026 el máximo organismo del fútbol manejó unos 12.900 millones de dólares. Y en este evento específico se concentran ingresos por 9.000 millones. Las 48 selecciones que participan también ganan platica: unos 12,5 millones como mínimo y un máximo de 53 millones de verdes. Venezuela queda en esta instancia como la guayabera.

Sin embargo, la nación de la Vinotinto recibe fondos por sus planes de desarrollo que, al parecer, han servido a algunos; mientras que a muchos otros entre ellos usted, yo y los jugadores, no. Por eso es negocio pertenecer a la Conmebol y no a la Concacaf, porque ¿para qué vamos a ir para allá si aquí hay más negocio (aunque no vayamos nunca a un Mundial)?

A Venezuela se le acabó el mundial, pero saldremos campeones

El Cisne Negro mellizo, ese que a estas horas ha producido, según reporte oficial, 920 fallecidos, más de 3.000 heridos y la asfixiante cifra de 20.000 desaparecidos, detonó la caída de la audiencia en Venezuela.

No tenemos equipo nacional en la competencia; existe una sombría y lacónica realidad por la tragedia que estamos viviendo. Entonces, ¿a quién se le ocurre estar hablando de resultados en este momento? ¿Cuál alcaldía, gobernación o institución pondrá una pantalla pública para ver los juegos? Bueno, yo creo que los restaurantes pudieran hacerlo, pero bajarán los comensales, si no es que decretan luto nacional por todo este tiempo.

Ya sé que psicólogos, psiquiatras, sociólogos, alquimistas, arribistas y maromeros me dirán otra vez: «Hay
que despejarse, Rosas»
. Y yo les responderé: tiempo de hidratación para fortalecer mi autoestima, pero no me vengan a vender más publicidad en ese tiempo fuera, como diría Ricardo Arjona. Me iré a hacer ejercicios.

Realmente no me interesa quién quede campeón del mundo. Me importa, me duele y anhelo que Venezuela marque el mejor gol, el golazo de su historia: el de la resiliencia.

Dios mío, mete nuevamente tu mano y dinos: «¡Levántense y caminen!». Y, en vez de gritar gol, esta vez digamos: «¡Amén!».




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