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Ismael García. – Los venezolanos sabemos que el terremoto apenas está comenzando.
La arrechera, el descontento, el maltrato están haciendo que tiemble la conciencia de nuestro país. La gente, absolutamente, perdió el miedo.
La gente ya no tiene nada que perder porque siente que le han hecho mucho daño. ¿Qué más le pueden hacer? ¿Qué más le pueden quitar? Si ni siquiera a sus muertos pueden enterrar, si no tuvieron la atención que debieron tener donde la tragedia causó más destrozos.
La gente salió a recoger medicamentos y comida, pero ha llegado a duras penas a algunos, tras sortear las trabas impuestas por el interinato. El régimen bloqueó la generosa labor de miles y miles de ciudadanos que reparten comida y medicinas alrededor del país, como intentó bloquear el viaje de valiosos rescatistas internacionales, varándolos en los aeropuertos; bloqueó la información veraz y oportuna de los periodistas, la cual habría servido para salvar vidas… de esta también nos vamos a levantar.
Estamos a las puertas de una situación impredecible.
No pretendo ser vocero de nadie; la gente misma es vocera del desafío y del reto que tiene por delante: los pueblos siempre buscan sus propias salidas. A quienes, en su oportunidad, fuimos elegidos por el pueblo a través del voto, lo que nos sale es seguir a un pueblo valiente, aguerrido y dispuesto, que quiere un cambio en el país.
Sumarnos donde podamos y ser sus cajas de resonancia.
Miles de venezolanos, identificándose con sus nombres y apellidos, y en la mayoría de los casos, con su número de cédula, han testimoniado en las redes sociales, casos de engaños en las ayudas, de bloqueo y desvío de ayudas, evidencias de mala construcción de viviendas entregadas por “la revolución”, robo de bienes y de dinero y otros delitos que han contribuido a aumentar el número de fallecidos, señalando cargos, organismos de pertenencia y nombres y apellidos de funcionarios represores, corruptos, o simplemente ladrones.
Tan es así, que la tristemente famosa rueda de prensa que dio Delcy Rodríguez a periodistas internacionales, ya el pueblo la había respondido: le respondió cuando vio a los militares y a la Guardia Nacional, no con palas sino armados hasta los dientes, obstaculizando todo; le respondió cuando vieron a unos funcionarios del CICPC que se estaban robando unos reales, cuando otros se estaban robando unos televisores; la gente le respondió cuando con sus manos peladas, sin guantes, sin nada, a veces con una pala y un tobo apartando escombros.
A esa rueda de prensa la gente le dio respuesta cuando denunció que el régimen les entrega los llamados refugios a los colectivos para que abusen de la gente de las formas más horribles. Esa rueda de prensa fue una gran mentira que el pueblo venezolano desmintió. La verdad es que, antes de la tragedia, ya se sabía que el país le había quedado grande, y ahora, después de la tragedia, debe reconocer que no calza ni un punto para seguir gobernando.
Este momento es el acta de defunción de una clase dirigente que prefirió la propaganda a la ingeniería y quiso borrar nuestra memoria histórica de Vargas. Todos tenemos nuestras acciones y el alma empeñada en que en Venezuela se haga lo que el pueblo quiere.
