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Julio A. López, editor jefe. — El general Francis L. Donovan no es un visitante cualquiera. Es un general de cuatro estrellas del Cuerpo de Marines y comandante del United States Southern Command, uno de los comandos de combate unificados de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Dentro de la arquitectura militar norteamericana, su cargo lo sitúa como la máxima autoridad operacional de ese comando en una extensa región que abarca América Central, América del Sur y el Caribe. Asumió el mando el 5 de febrero de 2026, tras haber ejercido como vicecomandante del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos.
Por eso, su llegada este lunes 6 de julio al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía tiene un significado que trasciende la mera inspección logística.
Donovan llegó a Venezuela para supervisar y avanzar en las operaciones militares estadounidenses que respaldan la respuesta humanitaria tras los devastadores terremotos del 24 de junio.
La publicación de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, suministrada a este diario, afirma que el Departamento de Guerra fortaleció las operaciones logísticas en las zonas más afectadas y que el comandante de SOUTHCOM estuvo en Venezuela, impulsando operaciones militares esenciales que trabajan “día y noche” para brindar asistencia vital. El mensaje atribuye, además, el despliegue al compromiso del presidente Donald Trump y a la coordinación del United States Department of State.
Y aquí comienza la dimensión política de esta visita.
Según la información disponible en The Daily Journal, la llegada de Donovan no fue comunicada previamente a las autoridades civiles o militares venezolanas y, por esa razón, ninguna autoridad venezolana estuvo presente para recibirlo. En las imágenes de su llegada se observa, en cambio, una recepción encabezada por representantes estadounidenses y por oficiales de las fuerzas desplegadas.
Ese detalle no es menor. Si se confirma plenamente que el comandante de SOUTHCOM aterrizó en Maiquetía sin coordinación previa con las autoridades venezolanas, estaríamos ante una evidencia extraordinaria de cuánto cambió, en apenas doce días, la realidad del poder sobre el terreno.
El aeropuerto de Maiquetía ya no aparece simplemente como una terminal civil que recibe ocasionalmente ayuda internacional. Se ha convertido en un nodo logístico fundamental de una operación estadounidense a gran escala. La presencia de unidades especializadas de respuesta de contingencia, aviadores, infantes de Marina y estructuras de mando conjunto revela una capacidad operacional que va mucho más allá de descargar cajas de alimentos. La misión exige controlar los flujos aéreos, recibir aeronaves, movilizar carga, proteger al personal, coordinar las comunicaciones y garantizar que la ayuda alcance rápidamente las zonas críticas. SOUTHCOM confirma oficialmente el despliegue de fuerzas y capacidades en apoyo de la respuesta liderada por el Departamento de Estado.
Pero debemos ser rigurosos: de esos hechos no se desprende automáticamente que Estados Unidos ejerza “control absoluto” del aeropuerto, y las fuentes oficiales consultadas no sostienen públicamente esa conclusión. Lo que sí puede afirmarse es que existe una presencia militar estadounidense de gran magnitud, así como una capacidad logística y operativa instalada en Maiquetía. La diferencia entre ambas afirmaciones importa, especialmente en un editorial que pretende interpretar hechos sin confundir análisis con información confirmada.
Los terremotos del 24 de junio no solo destruyeron infraestructura, sino que también provocaron una emergencia humanitaria. También alteraron rápidamente los equilibrios institucionales, logísticos y políticos del país. La respuesta estadounidense ha crecido a una velocidad extraordinaria: personal militar, capacidades aéreas, estructuras de contingencia y apoyo logístico convergen ahora en territorio venezolano bajo la dirección de SOUTHCOM y en el marco de una operación encabezada por el Departamento de Estado.
Por eso, la pregunta relevante no es únicamente por qué vino Donovan. La pregunta es qué significa que pueda venir ahora, en estas circunstancias, al frente de una estructura militar que ya opera sobre el terreno para sostener una misión de enorme escala.
Las visitas sorpresa suelen revelar más que los comunicados oficiales. Muestran quién tiene capacidad de movimiento, quién dispone de recursos, quién controla sus propias cadenas de mando y quién puede convertir una decisión tomada a miles de kilómetros de distancia en una operación concreta en Venezuela.
Eso es asistencia humanitaria.
Pero también es poder.
Y en política internacional, pocas cosas hablan con tanta claridad como el poder cuando aterriza sin estridencias, baja la escalerilla de un avión y comienza a impartir instrucciones sobre el terreno.
