La diplomacia de los sismos: El deshielo inesperado entre Caracas y Jerusalén

_ Especiales Política
Los terremotos en Venezuela han provocado un vuelco geopolítico. La llegada de los rescatistas de IsraAID y el recibimiento oficial de Delcy Rodríguez a la comunidad judía sepultan casi dos décadas de dogmatismo ideológico, abriendo un canal de pragmatismo sobre los escombros

Óscar Reyes Matute

La geología ha logrado lo que parecía imposible para la diplomacia: romper el gélido aislamiento entre Caracas y Jerusalén. Tras los devastadores terremotos que sacudieron el territorio nacional, la llegada de delegaciones de ayuda humanitaria e ingenieros estructurales de Israel ha marcado un punto de inflexión.

El pragmático y público recibimiento que la Presidenta de la República ha brindado a estos equipos y a los líderes comunitarios locales no es solo un acto de gratitud ante la tragedia; es el desmantelamiento fáctico de una narrativa ideológica que durante casi dos décadas asfixió la política exterior venezolana.

En 2009, en medio de una estridente retórica antiisraelí, Hugo Chávez expulsó al embajador de Israel y lanzó aquella célebre maldición contra el Estado judío desde el Palacio de Miraflores; una ironía del destino trágica, que ha alimentado muchas teorías conspiración, dado que Chávez falleció al poco tiempo.

Posteriormente, la relación bilateral entró en una era difusa de contradicciones. El propio Nicolás Maduro llegó a reconocer públicamente en televisión sus raíces sefardíes, ligadas a los Maduro de Curazao. Eso no me lo contaron, lo vi en vivo por VTV: Maduro era canciller de Chávez y recibió al Presidente iraní, en medio de un acto de cólera, repudió su origen sefardí, pero no maldijo a Israel.

Durante todo este invierno político, la comunidad judía-venezolana practicó una resiliencia unida a la mayor discreción posible (aprendieron con los nazis), y aunque de 20.000 judíos que había en Venezuela al comenzar el gobierno de Chávez, apenas quedan unos 3.500 porque la mayoría ha emigrado a EE.UU., Europa, o ha hecho Aliyá a Israel, han mantenido viva la identidad y la fe en medio de un entorno adverso.

I. Los puentes de la emergencia

La respuesta de Jerusalén fue inmediata a través del despliegue en el terreno de IsraAID, cuyos especialistas en búsqueda, rescate y gestión de agua comenzaron a operar codo a codo con las autoridades locales. Pero la logística de esta avanzada humanitaria no habría sido posible sin el engranaje institucional de la diplomacia ciudadana. La Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV), flanqueada por las redes de voluntariado de la Asociación Israelita de Venezuela (AIV) y la Unión Israelita de Caracas (UIC), operó como el puente indispensable en el aeropuerto de Maiquetía, facilitando permisos, traducciones y suministros.

En su alocución, la Presidenta Delcy Rodríguez hizo justicia al reconocer la discreta pero crucial mediación del Rabino Isaac Cohen, Rabino Principal de la AIV. Ya la Presidenta había saludado al rabino y a la comunidad judía venezolana durante la coincidencia de la Semana Santa con el Pésaj, haciendo votos por el fortalecimiento de una relación de respecto entre ambos pueblos. La intención ya existía, y entonces llegaron los terremotos…

II. Una foto para la historia

El clímax de este viraje político se escenificó en el palacio de Miraflores: la Presidenta sostuvo una reunión formal con el tren directivo de la CAIV y los representantes técnicos de IsraAID. La fotografía del encuentro simboliza el fin de una era. Mientras el ala gubernamental más pragmática defiende el acercamiento bajo la premisa de la «solidaridad incondicional ante la crisis», amplios sectores de la oposición y observadores internacionales ven con alivio este paso racional hacia la normalización con Occidente. En la acera opuesta, el ala ideológica más radical de la vieja guardia observa con sordo desconcierto cómo los prejuicios de una década fueron sepultados por la eficiencia de un equipo de rescate.

Enseguida Benjamín Netanyahu apareció felicitando al equipo israelí desplegado en Venezuela, tendiendo puentes políticos: «La misión en Venezuela también ayuda a reconstruir las relaciones con Israel. No preguntamos quién ni por qué; simplemente qué hay que hacer para ayudar.”

La maquinaria financiera y diplomática global observa este deshielo con atención. Venezuela no solo recibe asistencia médica y técnica esencial; está redescubriendo el valor de los lazos históricos que la unieron al pueblo de Israel antes del secuestro ideológico del siglo XXI. El dinero y el esfuerzo necesarios para la reconstrucción de la infraestructura nacional podrían encontrar en esta renovada alianza técnica (y financiera) un pilar fundamental.

En el teatro de la geopolítica, el pánico y el dogma suelen construir mercados artificiales de odio, pero la cruda realidad del terreno demuestra que, cuando la tierra tiembla, la solidaridad real es la única moneda con valor definitivo.