Anecdotario de dos dictaduras petroleras

Opinión

Rafael Gallegos.- En 1908, a petición de Juan Vicente Gómez, tres cruceros norteamericanos anclaron en el puerto de La Guaira para custodiar el derrocamiento de Cipriano Castro. Aprovechando la enfermedad de su compadre, Gómez ejerció la no escrita y recurrente ley de la patada histórica.

El Cabito había roto relaciones con Estados Unidos, Colombia, Francia y Holanda. Con EE.UU. tuvo problemas con la norteamericana General Asphalt, que incumplió el contrato de explotación de asfalto del lago Guanoco. Esta circunstancia la aprovechó el banquero Manuel Antonio Matos, humillado por los escupitajos y burlas del pueblo cuando Castro paseó a los banqueros encadenados por las calles de Caracas, en ocasión de que este le hubiera negado un segundo préstamo de un millón de bolívares. El Cabito los había encarcelado “para que recordaran algún entierro”.

Matos, concuñado de Guzmán Blanco, era, tal vez, el hombre más rico de Venezuela. La empresa General Asphalt le dio $140.000 para la intentona de golpe que luego se llamó Revolución Libertadora. A finales de ese mismo año (1902), cuando todavía humeaban los fusiles que utilizó el gobierno para derrotar a la Libertadora, barcos de países europeos atacaron La Guaira, Puerto Cabello y el Zulia, con el objeto de cobrar deudas a Venezuela. Adicionalmente, Castro había roto relaciones con Colombia el año anterior a raíz de mutuas injerencias gubernamentales. En total, el Cabito era un presidente aislado.

Gómez arregló los problemas diplomáticos. Indemnizó a la empresa de asfalto, superó el impasse con Cable Francés, dinamizó las relaciones con Colombia y rompió el aislamiento gubernamental. Y se fue convirtiendo en amigo —muy amigo— de las petroleras.

Parecía democrático…

El Taita inició liberando presos políticos, otorgando libertades a la prensa y ofreciendo elecciones presidenciales para 1914. La luna de miel duró poco. La Rotunda fue convirtiéndose en un emblema del régimen. En 1913, Rafael Arévalo González lanzó la candidatura presidencial del Dr. Félix Montes desde su diario El Pregonero. Pagó su atrevimiento con diez años de prisión en La Rotunda y el Dr. Montes tuvo que huir a Curazao.

Ya se asomaba Venezuela como potencia petrolera (1914, Zumaque) y el Bagre se iba convirtiendo en un dictador del petróleo. Las ganancias de las transnacionales —barril a barril— eran muy inferiores a las de las mexicanas. Las petroleras alababan a Gómez y veían para otro lado ante la dictadura, las torturas y el hambre. Para ellos, el dictador Gómez era una persona fantástica y los venezolanos estábamos más felices que nunca. Historias que se repiten.

El ministro de Fomento, Gumersindo Torres, elaboró la Ley petrolera de 1920. A las transnacionales no les gustó y el “fantástico” Bagre les expresó una de las frases más vergonzosas de la historia de Venezuela: “Hagan ustedes las leyes porque son los que saben de petróleo”. Y navegando en la entrega del petróleo y en una gigantesca corrupción, Juan Vicente Gómez permaneció 27 años en el poder. Solo la próstata y la pelona pudieron iniciar la transición.

Pero no fue el único dictador petrolero.

López, Medina, Betancourt y Gallegos le fueron alargando los pantalones a la relación de Venezuela con su petróleo. El 11 de noviembre de 1948, el Congreso aprobó el fifty-fifty, que regulaba a partes iguales las ganancias petroleras entre el Estado y las empresas.

Trece días después, don Rómulo Gallegos fue derrocado. Cuando llegó a La Habana, el gran novelista expresó que Estados Unidos había metido la mano en el golpe de Estado. El nuevo gobierno se convirtió en un socio estratégico de Estados Unidos (¿otro dictador de petróleo?), ilegalizó los partidos políticos, exilió y encarceló a los opositores y cometió un gigantesco fraude en 1952. Washington se hizo la vista gorda porque el dictador garantizaba el flujo de petróleo y era un aliado muy útil en la Guerra Fría.

En 1954, Eisenhower le otorgó la Legión al Mérito en el grado de comandante en jefe (el máximo rango). Varios meses después, la dictadura contribuiría al derrocamiento del presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz. El imperio existe y es malo.

Asimilada esta historia, no podemos ignorar los hechos ni actuar como inocentes. Cada país actúa en función de sus intereses. Nosotros somos aliados naturales de Estados Unidos, pero desde nuestra soberanía. Gracias por ayudarnos, pero el costo no puede ser el país ni su democracia. Ni somos el Estado 51 ni nuestras reservas de hidrocarburos son extranjeras. Y tenemos derecho a saber cómo se utiliza el producto de la venta de los hidrocarburos venezolanos.

Queremos ayuda; entendemos una tutela, pero temporal, que debe finalizar con la transición. No se puede contemplar un cambio sin enfocarse en la separación de poderes, las libertades plenas y las elecciones vinculantes. Es urgente un cronograma electoral. Las pilas y el guáramo son nuestras primeras necesidades.