Julio A. López, editor jefe.– Con Keir Starmer a punto de dimitir como primer ministro británico, tras concluir su última gira internacional y prepararse para entregar su carta de renuncia al rey, su antiguo jefe de gabinete, Morgan McSweeney, decidió contar una anécdota que hasta ahora se mantenía en la sombra: los detalles de la primera llamada telefónica entre Starmer y Donald Trump, poco después de que el republicano asumiera la presidencia de Estados Unidos.
Los aerogeneradores están matando a tus pájaros
Según relató McSweeney en la BBC, Trump empezó a explicarle al entonces nuevo primer ministro británico que los aerogeneradores mataban aves. «Caen muertas a los pies de los aerogeneradores, antes de ser devoradas por los zorros», habría dicho el presidente estadounidense, mientras todos los miembros del gabinete presentes en la sala —según el relato— intentaban mantener la seriedad sin conseguirlo del todo.
Pero Trump no se detuvo ahí. Continuó explicando que «de tanto comer pájaros, sin hacer el más mínimo esfuerzo, los zorros escoceses se han vuelto perezosos y gordos», hasta el punto de que «han engordado tanto que la gente ya ni siquiera sabía a qué especie pertenecían». Su conclusión: «Hay unos zorros obesos que deambulaban por Escocia, comiéndose pájaros muertos. Eso es un problema.»
La primera llamada de un presidente a un primer ministro
Se trataba, según confirmó McSweeney, de la primera conversación telefónica entre el presidente de Estados Unidos y el primer ministro británico tras la investidura de Trump, y el mandatario aprovechó para pedirle a Starmer que tomara medidas concretas, como prohibir los aerogeneradores frente a las costas de Aberdeen, «para que los escoceses pudieran seguir reconociendo a sus zorros».
Una obsesión con raíces personales
No es la primera vez que el propietario del campo de golf de Turnberry se queja públicamente de las consecuencias de los parques eólicos en Escocia. Su enemistad con los aerogeneradores se remonta a un parque eólico marino cercano a su otro campo de golf, en Aberdeen, contra el que litigó —y perdió— antes de convertirse en presidente de Estados Unidos. El tema le resulta tan sensible que llegó a mencionarlo en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Un símbolo del fin de una era política
La revelación llega en un momento especialmente simbólico para la política británica: Starmer se prepara para dejar el cargo tras el colapso del apoyo entre los parlamentarios laboristas, agravado por resultados electorales locales desastrosos. Se espera que el Parlamento del Reino Unido nombre próximamente a Andy Burnham, hasta hace poco alcalde del Gran Mánchester, como su séptimo primer ministro en apenas diez años —un reflejo de la turbulencia política que atraviesa el país desde el referéndum del Brexit en 2016—. Trump ya ha calificado a Burnham de «extremadamente liberal», en otra muestra de la tensión que ha marcado su relación con Londres en ámbitos como la energía, la inmigración y la política exterior.
El legado de una anécdota
Como suele ocurrir con las salidas de tono de Trump, la anécdota de los zorros podría parecer, a primera vista, una más en la extraordinaria colección de momentos surrealistas del mandatario. Pero en esta ocasión, la combinación de aerogeneradores, aves muertas y zorros obesos, que protagoniza la primera llamada oficial entre dos aliados históricos, ha captado la atención pública como una metáfora involuntaria: la de una relación transatlántica que, entre lo absurdo y lo real, sigue moviéndose —aunque cada vez con menos gracia— al ritmo que marca la Casa Blanca.
