The Daily Journal.- El pasado domingo 19 de julio, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, declaró explícitamente que su Gobierno no celebrará procesos electorales que pongan en riesgo el control del oficialismo, cerrando cualquier posibilidad de una alternancia democrática en el país.
“Ya quisieran ellos ganar elecciones para hacer reales (ganar dinero) con las escuelas. Pero que se olviden, aquí no volverá a haber elecciones, para que por allí intenten ellos (oposición) atrapar el gobierno, atrapar el poder”, indicó durante un acto en conmemoración del 47 aniversario de la revolución sandinista.
Ortega además anunció nuevas iniciativas legislativas junto a la Asamblea Nacional —actualmente bajo el control del Ejecutivo— para blindar su administración.
«Con las organizaciones correspondientes las leyes para que le pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatrias, y que por mucha plata que le den los yanquis, no podrán» sentenció el mandatario durante el acto del 47.º aniversario de la revolución sandinista en Managua.
Daniel Ortega gobierna Nicaragua de forma ininterrumpida desde 2007 y esde 2017 co-gobernaba junto a su esposa, Rosario Murillo, quien ejercía como vicepresidenta. Sin embargo, mediante una reforma constitucional implementada a inicios de 2025, Murillo fue designada formalmente como «copresidenta».
Debido a la reforma constitucional, las elecciones generales programadas para noviembre de 2026 quedaron pospuestas en teoría para noviembre de 2027.
Las modificaciones al texto constitucional provocaron un fuerte rechazo de la ONU, la OEA, el Parlamento Europeo y Estados Unidos. A comienzos de este año, el Departamento de Estado norteamericano denunció que la figura de «copresidenta» creada para Murillo carece de legitimidad y mandato popular, señalando que la pareja presidencial le niega el voto a los ciudadanos «porque saben que no pueden ganar en un proceso libre» y advirtiendo que un poder basado en la represión no refleja la voluntad del pueblo nicaragüense.
