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Luis Carlos Mata Espinoza. – La política, en su máxima aspiración, la ética, es un desafío humano muy complejo que debería garantizar la coexistencia armónica y la supervivencia de la humanidad; como reza el preámbulo de la Carta Fundacional de las Naciones Unidas, que habla del compromiso de «preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra».
En ese orden de ideas, Mandela en su discurso de investidura en 1964, consideró a la política como una herramienta para la reconciliación, basado en los principios morales y en la búsqueda del bien común; así mismo, Kennedy durante su investidura presidencial en 1961, fundamentó su discurso en tres pilares fundamentales, como son, la acción ciudadana, la defensa de la libertad global y la adaptación constante al futuro, dos años después, en su famoso discurso Strategy of Peace desde la American University de Washington afirmó: «nuestros problemas los creó el hombre, por lo tanto, puede ser resuelto por el hombre».
Por lo anteriormente planteado, la política es la herramienta indispensable para transformar la violencia en diálogo y el caos en orden; Kennedy, Mandela y Lincoln nos ilustran cómo el liderazgo político puede resolver crisis profundas, guiando a la humanidad hacia la paz: «la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo» (Gettysburg,1865).
Por su parte, la Iglesia Católica, a través de la pluma de diversos Pontífices, ha construido un Magisterio que aborda la dignificación de la acción política en el mundo, basado en el respeto fundamental de la vida y la libertad de las personas.
En tal sentido, el Papa San Pablo VI afirmó: «tomar en serio la política en sus diversos niveles -local, regional, nacional y mundial- es afirmar el deber de cada persona de realizar colectivamente el bien en favor de la ciudad, de la nación y de la humanidad», solo así, se crearán las condiciones ideales para un futuro digno, justo, humano y fraternal. De igual manera, el Papa San Juan Pablo II en sus palabras a los políticos en el Vaticano en el año 2000, resaltó: «la política es el uso del poder legítimo para la consecución del Bien Común». Su sucesor Benedicto XVI, planteó que «todos los políticos de cualquier procedencia cultural o religiosa deben trabajar por el bien de la familia humana, practicando las virtudes que son la base de la buena acción política, la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad y la honestidad».
Igualmente, el Papa Francisco (de feliz memoria) en su mensaje en los 52° aniversario de la Jornada de la Paz, segmentó sus palabras en los siguientes elementos gravitatorios relevantes, tales como el desafío de una Buena Política, la caridad y las virtudes en la política al servicio de la paz, los vicios de la política, la Buena Política que promueva la participación de los jóvenes; el no a la guerra ni a la estrategia del miedo; y la paz basada en el respeto de cada persona; afirmando lo siguiente: «la política si se lleva a cabo en el Respeto Fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad» y haciendo referencia evidentemente a uno de sus antecesores el Papá Pío XI que subrayó: «la política es la forma más alta de la caridad».
Por todo lo planteado, podríamos afirmar que la política es la máxima expresión del servicio humano orientado hacia el bien común y que alcanza su dignidad cuando se fundamenta en la justicia, la verdad, la Fraternidad y la probidad, para edificar de manera colectiva una sociedad verdaderamente justa y humana.
Para terminar, esta reflexión, quisiera hacer referencia a las Bienaventuranzas del Político, escritas por el Cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, (fallecido en 2002):
Bienaventurado el político de alta conciencia y profundo conocimiento de su pueblo.
Bienaventurado el político cuya persona compromete la credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien de la comunidad y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que se mantiene fiel y coherente.
Bienaventurado el político que comprende la unidad.
Bienaventurado el político que es cuestionado al llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo.
