El mito del «salario inflacionario»: cuando el verdugo se viste de protector

Opinión

Andrés Giussepe.- En los pasillos del poder, la retórica suele distorsionarse tanto que termina por ignorar la calle. Escuchar al nuevo ministro del Trabajo hablar sobre cómo los aumentos salariales «generan inflación» es, quizás, la forma más cínica de decirle a un venezolano que su pobreza es, en realidad, un acto de responsabilidad estatal. Es el clásico discurso de quien, desde una oficina climatizada, le pide al obrero que no busque más sustento para que el «equilibrio» no se rompa.

​Pero la economía, a diferencia de los discursos oficiales, no entiende de ideologías, sino de hechos. Y los hechos nos gritan que el salario en Venezuela no es la causa de la inflación; es la víctima de un sistema diseñado para mantener a la economía en estado de coma inducido.

El ministro Castillo Ascanio, quien hoy se presenta como el «protector» de la clase trabajadora, carga con una mochila judicial pesada. No olvidemos que su firma, junto a sus colegas de sala, validó la Sentencia 523 del 13 de noviembre de 2025, la cual redujo el salario real al calificar los bonos como mera «ayuda social». El mismo hombre que legalmente despojó al trabajador de sus prestaciones, vacaciones y aguinaldos, es quien hoy nos dice que pagarle un sueldo digno sería peligroso para la estabilidad del país. Es, literalmente, el verdugo pidiéndole a la víctima que no se mueva, para que el hacha no le corte la cabeza.

​La falacia del «salario empuja-precios»

​El argumento de que «más salario es igual a más inflación» es un dogma monetarista que, en la Venezuela actual, no tiene ni pies ni cabeza. Esa teoría asume que las empresas están produciendo al 100% de su capacidad y que, ante más demanda, subirán los precios porque no pueden fabricar más.

​En Venezuela, la realidad es la opuesta. Nuestra industria trabaja a una fracción minúscula de su capacidad instalada. Tenemos hornos apagados, máquinas cubiertas de polvo y talento humano subutilizado. Si el trabajador tuviera un salario real, ese dinero iría directo al consumo, permitiendo que las empresas enciendan esos motores. Al aumentar el volumen de producción, los costos unitarios bajan y la oferta crece. Eso no es inflacionario; es reactivador.

​Entonces, ¿por qué suben los precios? La inflación que nos ahoga desde octubre de 2024 tiene un nombre y apellido: inflación de costos inducida por el tipo de cambio. El sistema de «Mesas de Cambio» genera una brecha artificial entre la tasa oficial del Banco Centra de Venezuela (BCV) y la de la banca comercial. Los comerciantes, ante la incertidumbre, no marcan precios a la tasa del BCV, sino al dólar especulativo. Ese «torniquete monetario» que mantiene la liquidez (M2/PIB) por debajo del 4% es lo que realmente asfixia. Según el Banco Mundial, el promedio del M2/PIB global actual ronda los 140%, y en América Latina el 50%. Estamos en una economía «seca», sin bolívares para transar, pero con precios que vuelan porque la confianza ha muerto.

Hacia un nuevo pacto: El modelo PADI (50-40-10)

​No necesitamos que nos sigan «protegiendo» con hambre. Necesitamos que se entienda que la distribución del PIB es hoy injusta y parasitaria. Nuestra propuesta es técnica y humana a la vez: transitar hacia un Patrón de Distribución Ideal (PADI), donde el 50% de la riqueza generada vaya a la remuneración del trabajo, 40% a la inversión productiva y el 10% para los ingresos del Estado

​El salario no es un gasto, es la «demanda efectiva». Sin gente que pueda comprar, el abasto cierra, la fábrica se detiene y la nación se desmorona.

​Ministro, si de verdad quiere ser el protector que su imagen de campaña intenta proyectar, deje de culpar al trabajador por el fracaso de un modelo cambiario que solo beneficia al arbitraje financiero. La verdadera estabilidad no se logra secando la economía, sino permitiendo que el músculo productivo del país –el trabajador venezolano– vuelva a tener dinero en el bolsillo para hacer girar la rueda de la producción. Todo lo demás es solo discurso. Y de discursos, la clase trabajadora ya está llena.

Correo: agiussepe@poli-data.com

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