El profesor Dilio Hernández, director del Centro de Investigaciones y Análisis Prospectivo de la UCV, propone la incorporación de las casas de estudio públicas y privadas. El proyecto avanza al amparo de la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales.
Vanessa Davies
La “casa que vence las sombras” quiere vencer, ya no los espectros de todos los colores que acechan a Venezuela, sino la sombra del rezago. El tsunami que ha vivido la nación, y que varía de nombre y apellido según la visión del conflicto, devastó las casas de estudio: sus trabajadoras y trabajadores, su infraestructura, su conexión con el mundo.
Una puerta para entrar a otra situación podría ser la creación de una zona económica especial universitaria. Al menos, así lo concibe el profesor Dilio Hernández, director del Centro de Investigaciones y Análisis Prospectivo (CIAP) de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
El proyecto “lo montamos en la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales, porque allí es donde hay que ubicarlo para poder obtener los beneficios de esas zonas económicas especiales”, detalló Hernández durante el Encuentro Nacional de Cátedras y Centros de Innovación y Emprendimiento que organizó recientemente la Cátedra UCV Emprende.
Varias manos unidas
Datos oficiales aseguran que Venezuela tiene más de 70 universidades, entre no experimentales, experimentales y privadas, y el sistema llega a 175 instituciones si se incluyen colegios e institutos universitarios. La Ley de Universidades las conceptualiza como una comunidad de intereses espirituales que busca la verdad y afianzar los valores del ser humano.
Una Zona Económica Especial (ZEE), según el Ministerio de Planificación, se define como un espacio que busca fortalecer las potencialidades regionales, y que goza de estímulos diversos para exportar bienes y servicios. La Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales, sancionada en 2022, contempla las actividades industriales, tecnológicas, financieras y agropecuarias; también incluye beneficios como una ventanilla única e incentivos fiscales.
Como lo recordó el profesor Hernández, las ZEE ofrecen exoneraciones fiscales. “Se puede negociar con los municipios, se puede negociar con el SAPI”, comentó. Para la zona universitaria, indicó, se solicitaría la exoneración del 100 % del Impuesto Sobre La Renta, además de una tasa fija preferencial posterior (sujeta a la reinversión obligatoria en la universidad).
Esta figura otorgaría a las universidades las herramientas para la adquisición de equipos, la actualización tecnológica y acordar alianzas para reducir costos, detalló la profesora Yudi Chaudary, directora de la Cátedra UCV Emprende y otra de las promotoras de la idea.
El esquema que está trabajando la UCV incluye un nodo occidental en La Universidad del Zulia y la Universidad Rafael Urdaneta; un nodo central en la Universidad de Carabobo; un nodo andino en la Universidad de Los Andes; y un nodo centro-occidental con la Universidad de Yacambú y la Universidad Centro-Occidental Lisandro Alvarado. “Podemos tener un paquete de universidades bien grande”, puntualizó Hernández. El modelo que delinea es el de hub & spoke; en otras palabras, un nodo principal y varios nodos secundarios.
Problemas por resolver
Las universidades que participaron en el encuentro de cátedras y centros de innovación coinciden en que las urgencias existen. “Hay muchas empresas con necesidades. Un pequeño repuesto para una maquinaria que está parada lo puede hacer una universidad”, explicó el profesor Ulises Rojas, vicerrector académico de la Universidad de Carabobo.
“Tenemos un país lleno de problemas por resolver, y si el conocimiento que tienes no lo conectas con la solución de problemas, se convierte en un libro más en una biblioteca”, reiteró la profesora Hirwing González, directora de formación del Centro de Innovación y Emprendimiento de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Ese conocimiento puede ser la respuesta a un problema, pero también, “a una necesidad de mercado en cualquier orden: económico, social o tecnológico”.
El sector farmacéutico puede ser la punta de lanza de esta visión. “Imagino a una empresa de farmacia ubicada en Los Ruices, que puede tener en la UCV un nodo de tecnología con la posibilidad de desarrollar investigaciones para generar productos, pero con exoneración de impuestos”, ilustró Hernández.
Otros sectores que podrían aprovechar una zona universitaria son la banca, con la consecución de pasarelas de pago y otros servicios. El retail, por la creación de herramientas para la logística masiva. El sector público, por la digitalización. Y muchos más.
Pero la zona económica especial universitaria no estará anclada en Júpiter. En una Venezuela en la que la demanda eléctrica supera a la oferta –dicho por las propias autoridades-, este proyecto precisa seguridad energética.
También, como lo resaltó Hernández, es crítico disponer de fibra óptica robusta y garantizar la flexibilidad curricular. El diálogo con las autoridades para recorrer este camino apenas comienza.
