Editorial | La recuperación económica de Venezuela comienza con una firma

Destacado Opinión

Llegó la hora de los contratos petroleros

Escuche el audio del Editorial aquí: https://clyp.it/uvuxuoow

Julio A. López, editor en jefe.— Durante años, Venezuela discutió sanciones, licencias, restricciones, litigios internacionales y disputas políticas. Sin embargo, para las grandes petroleras internacionales existe una pregunta mucho más simple y práctica: ¿Cuáles serán las reglas del juego?

La reciente contratación de la firma internacional de abogados Greenberg Traurig para asesorar a PDVSA y al Estado venezolano en la elaboración y negociación de nuevos contratos petroleros representa mucho más que la incorporación de un prestigioso bufete. En realidad, constituye una de las señales más importantes de que Venezuela ha comenzado a transitar de la fase de las conversaciones a la de las inversiones.

Las petroleras no invierten miles de millones de dólares basándose en discursos políticos ni en promesas. Invierten cuando conocen con precisión cuánto deberán pagar, cuáles serán sus obligaciones, cuánto tiempo podrán explotar un proyecto y en qué condiciones podrán recuperar su capital.

Por esa razón, los contratos son hoy el documento más esperado por la industria energética internacional.

Empresas de Europa, Estados Unidos, Asia y Medio Oriente observan atentamente lo que ocurre en Caracas. No esperan discursos. Esperan contratos.

Necesitan conocer las nuevas regalías, los esquemas tributarios, los mecanismos de recuperación de inversiones, los procedimientos de arbitraje internacional y, sobre todo, la duración de las concesiones y asociaciones que regirán los proyectos durante las próximas décadas.

No es casualidad que el gobierno venezolano haya recurrido a Greenberg Traurig. Se trata de una de las firmas legales más importantes de Estados Unidos, con experiencia en energía, financiamiento internacional, regulación y arbitraje. La firma ya ha participado en asuntos vinculados a Venezuela, incluidos litigios relacionados con Citgo y controversias internacionales de gran complejidad.

Pero el verdadero protagonista de esta historia no es el bufete.

El protagonista es el país.

Porque detrás de cada cláusula contractual hay una decisión que impactará directamente la vida de millones de venezolanos.

Cada nuevo proyecto petrolero implica actividad económica.

Cada plataforma que se reactive genera empleo.

Cada pozo que vuelva a producir demanda servicios, transporte, construcción, mantenimiento, alimentación, seguridad, ingeniería y tecnología.

Las inversiones petroleras no se limitan a los yacimientos. Se sienten en las calles, en los comercios, en los hoteles, en los restaurantes y en miles de pequeñas y medianas empresas que forman parte de la cadena de valor energética.

Por eso, la negociación de estos contratos tiene una importancia que trasciende el sector petrolero.

Estamos hablando de las reglas que determinarán buena parte de la recuperación económica de Venezuela en los próximos años.

La nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, promulgada a comienzos de este año, abrió la puerta a una redefinición profunda de la relación entre el Estado venezolano y los inversionistas internacionales. Sin embargo, la ley por sí sola no basta.

Los inversionistas necesitan saber cómo se traducirá esa ley en contratos concretos.

Necesitan números.

Necesitan garantías.

Necesitan seguridad jurídica.

Y necesitan saber que las reglas no cambiarán cada vez que cambie el clima político.
Por ello, la labor de Greenberg Traurig será observada con atención tanto en Caracas como en Houston, Madrid, Londres, Abu Dabi y Pekín.

El resultado de este proceso podría definir el ritmo de las inversiones energéticas en Venezuela durante la próxima década.

Mientras tanto, algunas compañías ya se preparan para acelerar.

Repsol, por ejemplo, continúa avanzando mediante acuerdos preliminares, cartas de intención y memorandos de entendimiento, pero el sector espera la formalización de contratos definitivos que permitan ejecutar inversiones de mayor escala y desplegar plenamente sus capacidades operativas.

Chevron, por su parte, ya opera de manera continua en Venezuela y ha demostrado interés real en ampliar su presencia en el país. Sin embargo, la compañía continúa impulsando condiciones económicas más competitivas y mecanismos contractuales alineados con el nuevo marco legal aprobado este año.

La diferencia entre una recuperación lenta y una recuperación acelerada podría encontrarse precisamente allí: en la calidad de los contratos que hoy se negocian.
Porque los capitales internacionales ya conocen el tamaño de las reservas de hidrocarburos venezolanos.

Lo que todavía intentan determinar es si Venezuela está preparada para ofrecer las condiciones necesarias para convertir esas reservas en inversión, producción y prosperidad.

Y esa respuesta no se incluirá en los discursos.

Se escribirá en los contratos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *