The Daily Journal.- Mientras el balance oficial de los terremotos del 24 de junio supera los 1.900 fallecidos y decenas de miles de afectados, una operación de rescate de más de 48 horas concentra la esperanza en Hernán Gil, un vigilante de 44 años que permanece con vida bajo los escombros desde hace siete días.
Gil quedó atrapado en la garita de seguridad donde cumplía su turno de trabajo, en el Centro Comercial Galerías Playa Grande, en Catia La Mar, cuando los dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 provocaron el colapso parcial de la estructura.
Actualmente, un complejo operativo se desarrolla para intentar sacarlo con vida.
Los equipos de rescate lograron establecer contacto con el vigilante y han conseguido mantenerlo con vida mediante el suministro constante de aire, agua y líquidos a través de sondas y mangueras introducidas entre los estrechos espacios que dejaron los escombros.
Sin embargo, acceder hasta él se ha convertido en una de las operaciones más difíciles desde el inicio de la emergencia.
«Lo tenemos a la vista. Está como en una burbuja, en un lugar casi imposible de imaginar«, relató uno de los rescatistas que participa en las labores a medios locales.

Más de 48 horas de trabajo ininterrumpido ha dedicado uno de los equipos especializados únicamente a esta operación, que avanza a un ritmo extremadamente lento debido al riesgo permanente de un nuevo colapso.
Según los especialistas, Hernán sobrevivió gracias a que la garita donde trabajaba actuó como una cápsula de protección cuando el edificio cedió.
Pero esa misma estructura permanece ahora sepultada bajo más de 140 toneladas de concreto, columnas y losas, lo que convierte cualquier movimiento en una maniobra de alto riesgo.
«Las columnas y losas que lo mantienen atrapado son muy gruesas y además está saturado por escombros y polvo. Si no lo movemos lentamente sería muy riesgoso«, explicó un integrante del operativo.
La utilización de maquinaria pesada quedó descartada desde las primeras evaluaciones estructurales.
Los rescatistas trabajan únicamente con cinceles, martillos, herramientas manuales y equipos de precisión para evitar que las vibraciones provoquen el derrumbe definitivo del edificio.
A ello se suma otro obstáculo: los sensores instalados en la estructura obligan a detener inmediatamente las labores cada vez que detectan movimientos, vibraciones o alguna de las réplicas que aún continúan registrándose tras los terremotos.
A pocos metros del operativo permanece Gusbimar González, esposa de Hernán, quien no se ha apartado del lugar desde el jueves, cuando su esposo no regresó a casa al concluir su jornada laboral.
«Lo que sí me dicen es que está un poco difícil el acceso hacia él y que están tratando de quitar los escombros con herramientas manuales porque no pueden meter máquinas, ya que el edificio está muy afectado«, contó a EFE.
La incertidumbre ha dado paso a una rutina marcada por la espera, las actualizaciones periódicas de los equipos de rescate y la esperanza de que el vigilante pueda convertirse en uno de los rescates más extraordinarios desde el inicio de la tragedia.
Durante el balance presentado el martes, las autoridades informaron que más de 6.400 personas habían sido rescatadas con vida desde el comienzo de la emergencia y que las operaciones de búsqueda continúan en distintos puntos de La Guaira.
El último sobreviviente rescatado oficialmente fue un niño de tres años, hallado con vida seis días después del terremoto. A una semana de la tragedia que ha enlutado al país, el rescate de Hernán Gil representa una de las mayores esperanzas para los equipos de salvamento y para una nación que sigue pendiente de los milagros entre los escombros.
