Hasta el martes 7 de julio se reportaban oficialmente 856 edificaciones afectadas y 190 colapsadas. Continúan las inspecciones para determinar si las viviendas son o no son habitables
Vanessa Davies
Aunque su edificio no es uno de los más golpeados por los terremotos del pasado 24 de junio, Ramón teme que no pueda aguantar una nueva arremetida de la tierra. En el chat que mantienen las vecinas y los vecinos, Ramón ha preguntado cómo están las bases de esta estructura de 10 pisos ubicada en el municipio Libertador, si las grietas de la escalera representan un peligro, si hay que irse a un refugio.
Un día después de los sismos, Jesús Alberto, el responsable del condominio, aseguró que a las columnas del sótano “no les pasó ni un rasguño” y que en el tanque aéreo “no se observa ninguna grieta”. La visita de la arquitecta María Isabel García, que se ha dedicado a hacer inspecciones voluntarias donde soliciten su apoyo, les dio tranquilidad. “Nuestras bases no tuvieron ninguna grieta; en cambio, otros edificios no contaron con la misma suerte que nosotros”, confirmó Jesús Alberto en el grupo de WhatsApp.
Casi 59.000 edificios dañados es el saldo que dejaron los movimientos telúricos, de acuerdo con imágenes satelitales analizadas por la NASA. Hasta el martes 7 de de julio, según datos oficiales del gobierno venezolano, se reportaban 856 edificaciones afectadas y 190 colapsadas. A medida que pasan los días la tragedia va adquiriendo dimensiones aún mayores.
Vecinos convertidos en ingenieros y arquitectos
Vecinas y vecinos de municipios como Libertador (Distrito Capital) y Chacao (estado Miranda) se han organizado para solicitar las inspecciones de rigor a los cuerpos de bomberos; también han buscado apoyo de arquitectas y arquitectos voluntarios para determinar si sus residencias son o no habitables.
Juan Carlos, vicepresidente de la junta de condominio de un edificio enclavado en Chacao, reunió a la comunidad al atardecer del pasado sábado 4 de julio. Se han materializado, al menos, tres inspecciones con expertos privados (que no cobraron sus honorarios) y dos inspecciones de la Alcaldía. Como lo relata una vecina, “el miércoles 1 de julio pusieron una calcomanía verde”, con base en el informe escrito previamente. Pero el temblor del pasado lunes 29 de junio, cuenta, “causó el desprendimiento del friso de una de las columnas a altura del tercer piso, y una cabilla quedó expuesta”.
Como los terremotos han convertido a las comunidades en ingenieros y arquitectos, ver esa cabilla doblada “nos generó alarma, y se buscaron nuevas opiniones”. La Alcaldía de Chacao actualizó su evaluación, y cambió la calcomanía verde por una amarilla; es decir, que la edificación necesita reparaciones inmediatas.

Verde, amarillo y rojo
“Estamos trabajando con el sistema de semáforo”, puntualiza una de las expertas en gestión de riesgos con las que cuenta Venezuela. De manera extraoficial, detalla que el verde implica habitabilidad, el amarillo obliga a resolver los entuertos y el rojo ordena la salida de las y los habitantes.
En el caso del municipio Libertador, la ruta comienza cuando la comunidad o particulares solicitan la inspección mediante la aplicación gubernamental Ven App, o directamente en el centro de coordinación.

Los equipos que realizan las evaluaciones están integrados por ingeniero civil o arquitecto, responsable de protección civil o bomberos, un sistematizador, un representante del sector social y un integrante de la Corporación de Servicios. El foco está puesto en vigas y columnas, y se visitan los apartamentos, las áreas comunes, el sótano y la azotea.
Chacao abrió un registro para que las y los residentes reporten sus viviendas, notifiquen a las personas afectadas y soliciten las inspecciones.
Voluntaria de corazón
Decidida a poner su conocimiento al servicio de quienes demandan algo de tranquilidad en estos momentos de temor, la arquitecta María Isabel García se ha dedicado a visitar viviendas, conversar con vecinas y vecinos y observar las grietas y los daños causados por los terremotos. García, que no tiene vehículo para trasladarse, ha buscado la manera de llegar a los sitios donde necesitan su experiencia. Esto lo hace de manera voluntaria.

Hasta el pasado 28 de junio, según sus propias estimaciones, había visitado unas 25 viviendas. Una de las inspecciones se concretó en Propatria: “Llevamos tranquilidad a unas 300 familias. Hablamos de familias completas, porque cada piso tiene cuatro apartamentos y son 15 pisos”. La advertencia de un posible desalojo se despejó con su consulta: “Les di la tranquilidad de que no debían desalojar nada”.
Ha lidiado con el miedo, la angustia de las personas que todavía sienten que su piso se mueve. “Puedes quedarte tranquila”, le dijo a una vecina de San Bernardino que se comía las uñas por la angustia. Esas palabras hicieron brotar una sonrisa. Y aun cuando hasta los edificios pueden agotarse “porque nada dura para siempre”, García considera que las viviendas que se mantuvieron en pie el 24 de junio ya pasaron su bautizo de fuego.
