Venezuela necesita 93 taladros activos para revivir su petróleo

_ Economía Especiales

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Julio A. López, editor jefe.- La recuperación de la industria petrolera venezolana ya no depende principalmente de nuevos descubrimientos, sino de reconstruir la capacidad de servicios petroleros que sostiene a los campos existentes, según un informe de la firma noruega Rystad Energy.

El diagnóstico llega en un momento crucial: tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de 2026 y la posterior flexibilización de las sanciones estadounidenses, la conversación sobre el sector ha pasado de si Venezuela puede reabrir su industria petrolera a si realmente puede ejecutar una recuperación sostenida de la producción.

La meta: 93 taladros para 2028

Según Rystad, el Ministerio de Petróleo venezolano ha identificado la necesidad de contar con 93 taladros de perforación activos para 2028, un salto considerable respecto a los niveles actuales de actividad. Alcanzar esa cifra requerirá una expansión en fases que combine la reactivación de taladros domésticos, la remodelación de equipos inactivos y, eventualmente, la importación de unidades adicionales provenientes de mercados internacionales.

Algunos contratistas locales ya comenzaron a reactivar el equipo existente, mientras que las compañías internacionales de servicios se mantienen cautelosas y evalúan si las recientes reformas de política pública crearán un entorno operativo estable y comercialmente atractivo.

Crecimiento moderado, no explosivo

La firma estima que la producción de crudo venezolano podría aumentar en cerca de 17%, unos 194 000 barriles diarios adicionales, entre el cuarto trimestre de 2025 y el cuarto trimestre de 2028. La mayor parte de ese crecimiento provendría de campos ya en producción y no de nuevos hallazgos.

Las petroleras internacionales aportarían casi dos tercios de ese incremento previsto, encabezadas por Chevron, seguidas de Repsol, Eni, Maha Energy y Maurel & Prom. “Las compañías continúan sopesando la oportunidad que representa la vasta base de recursos de Venezuela frente a la incertidumbre fiscal, la complejidad operativa y el riesgo de inversión a largo plazo”, señaló el informe.

Chevron, según Rystad, mantiene una posición particularmente estratégica gracias a ajustes recientes en su portafolio que han fortalecido su exposición a la Faja Petrolífera del Orinoco, mientras que su crecimiento futuro dependerá de la optimización de campos maduros, la perforación de relleno y el desarrollo gradual del bloque Ayacucho 8. La petrolera californiana ha señalado públicamente su capacidad para incrementar en un 50% la producción venezolana en 24 meses.

El impulso legal: la reforma de la Ley de Hidrocarburos

Gran parte de este renovado interés responde a la reforma parcial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, publicada en enero de 2026, considerada una de las modificaciones estructurales más significativas para el sector upstream venezolano en décadas.

La reforma amplía las oportunidades de participación privada e introduce mayor flexibilidad fiscal, con el fin de reactivar la industria y modernizar su marco legal. Sin embargo, como advierte Rystad, la legislación por sí sola no puede restaurar la producción: la velocidad de implementación, la estabilidad de la política fiscal, el alivio continuo de sanciones y la capacidad de la industria para recuperar su capacidad operativa serán determinantes.

En ese contexto, Repsol ya firmó un acuerdo con el Ministerio de Hidrocarburos y PDVSA para incrementar su producción en el activo Petroquiriquire, aprovechando la Licencia General 50A emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU. (OFAC), que autoriza a la petrolera española a realizar transacciones relacionadas con operaciones de crudo y gas en Venezuela. La compañía ha planteado un objetivo ambicioso: triplicar su producción de crudo hasta cerca de 135.000 barriles diarios en los próximos tres años, con una meta más inmediata de aumentar su producción en un 50% en los próximos 12 meses.

El peso de los crudos pesados

El informe también destaca que los crudos pesados seguirán dominando la producción venezolana, representando cerca de tres cuartas partes del total hasta 2028, con la Faja del Orinoco aportando aproximadamente el 60% del total. Esto convierte la gestión de campos maduros, las actividades de reacondicionamiento, la perforación de relleno y el acceso a diluyentes en factores críticos para el crecimiento futuro, generando oportunidades sustanciales para contratistas de perforación y proveedores de servicios petroleros, aunque también evidencia la magnitud del desafío de ejecución que enfrenta el país para materializar su potencial de recursos, uno de los mayores del mundo, con reservas estimadas en 303.000 millones de barriles.